La falta de expansión de la red de Subte generó un insólito pase de facturas entre miembros anteriores y actuales del PRO.
La actual senadora nacional por La Libertad Avanza, Patricia Bullrich, compartió un video en la red social X (ex Twitter) donde contrasta el mal estado de funcionamiento actual de la red y la inexistencia de obras con el crecimiento del Metro de Santiago: “Mientras otras capitales avanzaron, Buenos Aires perdió el ritmo”, destacó.
La publicación de Bullrich generó repercusiones inmediatas por parte de los usuarios, que le reprocharon que durante sus años como presidenta del PRO (2020-2024) el tema no fue puesto en agenda y el Gobierno de la Ciudad –también en manos del PRO– no licitó un solo metro de obra. El sorpresivo interés de Bullrich por el Subte no tardó en ser leído en clave estratégica: desde un posicionamiento para competir por la Ciudad en 2027 hasta –algo más enrevesado– un estratagema para distraer a los hermanos Milei de sus verdaderas intenciones.
La primera respuesta política provino del actual jefe de Gobierno Jorge Macri (también del PRO), quien –pese a ser el evidente destinatario del ataque de Bullrich– fingió coincidir con la actual senadora libertaria para cuestionar la herencia recibida de su antecesor en la Ciudad, también del PRO: “Durante muchos años el Subte quedó relegado mientras otras capitales de la región avanzaban”.
Macri aprovechó para destacar aspectos de su gestión, con el anuncio de la línea F a la cabeza. Hasta el momento, los únicos que se han concretado fueron la incorporación de molinetes multipago y la cuestionada renovación de estaciones (ver abajo). Los otros puntos detallados, como la línea F, la compra de trenes para las líneas B, A y C, o la renovación de escaleras mecánicas, a pesar de distintos grados de avance administrativo, aún no se materializaron.
Pero el panorama se terminó de completar cuando, llamativamente, se sumó al reclamo por el Subte el propio ex jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta, actual legislador porteño –y desvinculado del PRO–: cuestionó que una senadora del oficialismo pueda reclamar obras “cuando este Gobierno ha hecho cero obras de infraestructura, y hasta se jacta de eso”.
Larreta también aprovechó la ocasión para criticar a Jorge Macri: “[E]l Jefe de Gobierno defendiendo supuestas obraas de Subte, pero también vamos, miramos y hay cero. Es una discusión de cero contra cero […] las obras que importan son las que se hacen”, cerró.
Más allá del vodevil: veinte años sin Subte
Al margen del debate generado en redes sociales y de las chicanas cruzadas, los tres involucrados en la seguidilla de acusaciones –Bullrich, Jorge Macri y Rodríguez Larreta– fueron o son piezas clave de la fuerza política que gobierna la Ciudad de Buenos Aires desde 2007, cuando por primera vez en 50 años se abandonó la extensión del Subte como política de Estado.
Bien al contrario, los gobiernos de Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta ensayaron una retahíla de excusas y argumentos para justificar el abandono del Subte, tanto circunstanciales –inconvenientes para la toma de deuda para financiar las obras– como, sobre todo, de fondo: desde que los carriles exclusivos para Metrobús eran una “idea superadora” hasta que la movilidad en el mundo había cambiado por la pandemia y construir subtes era una “cosa del pasado”. Estas ideas incluso fueron plasmadas en la revista teórica del PRO, Seúl.
En ese período no sólo apenas avanzó, abandonando los tramos norte y sur, la construcción de la línea H, mientras se abandonaban las proyectadas líneas F, G e I: la región vivió un boom histórico de construcción de líneas de metro, tanto por la extensión de las existentes (con Santiago de Chile a la cabeza) como por la inauguración de redes de subte en ciudades que hasta entonces no contaban con transporte guiado masivo: Lima, Quito, Panamá o Santo Domingo, entre otras.
Por caso, desde la extensión de la línea E a Retiro en el año 2019, que fue iniciada e impulsada por el Gobierno nacional, no quedó ninguna estación en obra en toda la red, una situación inédita en el último medio siglo. Desde la fecha, tampoco se iniciaron obras de construcción de nuevas estaciones.
En las dos gestiones de Rodríguez Larreta (2019-2023) las inversiones en la red fueron más que modestas: el único proyecto de importancia fue el lanzamiento de las obras del Nodo Obelisco durante su segundo mandato, que sin embargo finalizaron recién en 2025 tras numerosos contratiempos.
Por su parte, tras la llegada de Jorge Macri en 2023 se avanzó con la compra de coches para la renovación de flota de la línea B, y la ampliación de flota para las líneas A y C, todavía pendientes de fabricación.
La gran novedad fue el anuncio del inicio de construcción de la línea F, realizado varias veces y con un despliegue publicitario insólito en cercanía de las elecciones locales de 2025: la licitación fue postergada varias veces; la última, hasta julio próximo. Se trata, no obstante, de un desarrollo promisorio: por primera vez en largos años el GCBA reconoce que la ampliación del Subte era un horizonte deseable.
Amén de los anuncios de la gestión actual, lo cierto es que Jorge Macri, más allá de la línea F, apuesta a proyectos a nivel como colectivos eléctricos (con la denominación comercial “Trambús”) con los que aspira a relegar a las líneas G e I, cuya prioridad fue descartada en varias oportunidades por el oficialismo. Tampoco se vieron avances con obras proyectadas como la expansión de la línea H hasta la estación Sáenz, que lleva años relegada a pesar de su importancia para la combinación con la línea Belgrano Sur. A su vez, el Jefe de Gobierno fue crítico con el Premetro, al calificarlo como “trencito” e impulsar propuestas para su reemplazo por colectivos, que por el momento no prosperaron.
Al mismo tiempo, el Subte sigue perdiendo pasajeros merced a un esquema tarifario que, desde su entrada en vigencia hace dos años, incentiva el uso del colectivo: por primera vez en la historia, tomarse el Subte cuesta el doble.
La comparación de Bullrich con Santiago de Chile omite que el país vecino, a pesar de sus vaivenes políticos, sostiene a la obra pública y la extensión del Metro como políticas de Estado. Pese a los recientes cambios de gobierno entre la izquierda y la derecha, Santiago continua con las obras en las líneas de metro 7, 6, 9 y numerosos proyectos que se sostendrán en los próximos años. En la Argentina, mientras tanto, se discute la misma existencia del transporte público.
Con todo, es saludable que tres de las figuras más prominentes de un sector de la política porteña que durante años hizo de la oposición al Subte una cuestión identitaria estén ahora reprochándose mutuamente la falta de obras. El primer consenso que la Ciudad de Buenos Aires y el AMBA deben recuperar es que la inversión en transporte público, y en particular la extensión del Subte, sean políticas de Estado.


