Tras pintar murales, SBASE habló de una estación "nueva y colorida" ornamentada con materiales "lavables y de larga duración". No repararon filtraciones, ni mejoraron los pisos y la cartelería sigue presentando falencias.

Subterráneos de Buenos Aires y hasta el propio Jefe de Gobierno Mauricio Macri publicaron días atrás un comunicado difundiendo la realización de intervenciones artísticas en la estación Pueyrredón de la línea B. Según se informó, la “trama colorida” realizada por la artista Mapi de Aubeyzon se inspira “en los negocios textiles del barrio de Once”, donde se encuentra emplazada la estación, que también ofrece combinación con la línea H.

Se trata de una nueva intervención -que se suma a las realizadas en otras estaciones de la línea en paralelo a las obras de instalación de catenaria rígida- en el marco del Plan de Gestión Cultural y Patrimonial que coordina la esposa del vicepresidente de SBASE, Natalia Orlowski de Gowland.

La empresa estatal aseguró además que los materiales aplicados son “lavables y de larga duración”, afirmación un tanto curiosa para pinturas aplicadas sobre un revestimiento símil granítico colocado por Metrovías en los años 90, bajo el que se oculta el verdadero tesoro patrimonial de la línea B: los azulejos originales instalados por la compañía Lacroze en la década del 30, similares a los de la línea A y que recientemente salieron a la luz en la estación Florida.

Cabe recordar que estos materiales de supuesta durabilidad sufrieron desprendimientos en estaciones como Dorrego o Medrano producto de no haberse dado tratamiento a las filtraciones de la línea.

SBASE ha decidido deliberadamente no recuperar el patrimonio de la línea B, sino ocultarlo bajo diversas instalaciones de dudosa calidad material y artística.

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Los alcances de las tareas realizadas en Pueyrredón son también escasos para permitir hablar de “cambio sustancial” o del “beneficio” para 30.000 pasajeros diarios publicitado por SBASE. De hecho, ni siquiera han sido intervenidos los pisos de la estación, que no respeta la normativa vigente para personas con discapacidad y que se hallan deteriorados producto del tránsito diario.

Capítulo aparte merece la instalación de la nueva señalética, varias veces modificada en esta estación en una suerte de ensayo y error repetido. La cartelería instalada, si bien es más moderna y “limpia” que su predecesora, no soluciona ninguno de sus problemas.

La instalación de carteles a mediana altura, que buscaba subsanar este error, ha fracasado en su objetivo al colocarse en las paredes detrás de los asientos de espera. Cuando hay pasajeros sentados el cartel es imposible de visualizar.

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