Urquiza versus Rosas, recta final

En la audiencia pública de ayer los rosistas fueron mayoría. Un orador criticó el proyecto y fue tildado de "cipayo". Vía libre para la aprobación de la modificación.

Los cultores del revisionismo histórico fueron locales ayer en la Legislatura. Una audiencia pública convocada para discutir un proyecto que propone llamar Juan Manuel de Rosas a la futura cabecera Villa Urquiza de la línea B de subtes actualmente en construcción, mezcló a veteranos profesores de historia nacionalistas y al exitoso escritor Pacho O’Donnell con el hijo del propagandista nazi Alejandro Biondini y algún ex miembro de Tacuara, la agrupación juvenil que en los años 60 se dedicó a la violencia callejera contra izquierdistas y judíos.

Entre más de 20 oradores, que se aplaudieron recíprocamente, hubo uno sólo que se animó a manifestarse en contra. Juan Pablo Martínez aclaró que no se opone a darle un reconocimiento a Rosas en algún lugar de la Ciudad, pero pidió que no se haga justamente en Villa Urquiza, porque podría interpretarse como “un acto de revancha” contra quien venció al Restaurador en la Batalla de Caseros. Su intervención fue coronada con un hondo silencio de la platea rosista, interrumpido enseguida por un grito tan folclórico como pasado de moda: “¡Cipayo!”.

Rosas ya fue el nombre que adoptó la avenida Monroe en 1973, durante el gobierno peronista, pero la dictadura, en 1976, dio marcha atrás. Ahora, la propuesta es darle el nombre de Rosas –demonizado eternamente por la Argentina liberal– a lo que será la última estación de la línea B de subtes, la cual se encuentra en plena obra bajo la intersección de las avenidas Triunvirato y Monroe donde combinará con la estación Villa Urquiza del ferrocarril Mitre ramal J. L. Suárez, en el corazón del barrio de Villa Urquiza. Los legisladores ya la aprobaron en primera lectura y, para que se convierta en ley, deberá ser convalidada en una nueva votación. No pareció casual que la primera fuerza legislativa, el macrismo, poco amigo del revisionismo, no estuviera representada en la audiencia.

“Que Rosas esté desaparecido de la nomenclatura urbana es una omisión injusta, que sólo tiene sustento en el revanchismo y en el odio”, dijo al abrir la reunión el ex diputado y futuro cónsul en Miami, el peronista Miguel Talento, autor del proyecto.

Pacho O’Donnell dijo que el homenaje a Rosas ni siquiera debería estar discutiéndose a esta altura, y aprovechó para pedir por otros “ausentes de la nomenclatura porteña como Estanislao López, Francisco Ramírez, Chacho Peñaloza, Felipe Varela y Juan Bautista Bustos”.

A diferencia del escritor, otros oradores no se privaron de atacar directamente a los rivales del federalismo. “No hay una mísera calle o un pasaje al menos para los que hicieron grande esta patria, pero sí, en cambio, para los traidores que la vendieron al oro extranjero, como Rivadavia, Lavalle y Urquiza”, arengó Roberto Petrocelli, quien se metió al público en el bolsillo con una apelación al lugar de los líderes en el corazón del pueblo: “Muchos les ponen a sus hijos Eva o Juan Manuel, pero no conozco ningún Domingo Faustino”.

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