El Gobierno porteño posterga la definición sobre el nuevo concesionario del Subte para después de las elecciones y no descartan una nueva prórroga a Metrovías, cuyo contrato vence el último día de este año. Las empresas internacionales que compiten en la licitación están molestas por las dilaciones y sospechan de una maniobra para favorecer a la actual operadora. Un proceso opaco sin norte claro.

El Gobierno de la Ciudad continúa dilatando la resolución de la licitación para la concesión del Subte por los próximos 15 años. Fuentes consultadas por este medio coincidieron en que si bien no hay nada firme, se espera que la licitación se destrabe “después de las elecciones”.

En principio, habría plazo hasta diciembre: el último día del año vence la prórroga otorgada por la Legislatura a Metrovías, que se había aprobado con vistas a resolver la licitación en el transcurso del presente año, algo que no ocurrió.

Sin embargo, no se descarta la posibilidad de una nueva prórroga (que requeriría necesariamente de tratamiento legislativo) en el caso de que los plazos sean demasiado ajustados y no se pueda garantizar una transición ordenada entre el actual y el nuevo operador que resulte de la compulsa, de no ser Metrovías.

Oficialmente, y como informan desde hace varios meses desde Subterráneos de Buenos Aires (SBASE), una comisión evaluadora ad hoc se encuentra analizando las ofertas técnicas de los tres consorcios que se presentaron a la licitación (Metrovías/Roggio, con el asesoramiento de DB y Siemens, RATP Dev, con el asesoramiento de Alstom, y Keolis/Helport, con el asesoramiento de Transport for London). En teoría, una vez que esa evaluación haya terminado la comisión emitirá una recomendación y se analizará la oferta económica, un paso que todavía aparece muy lejano.

Según pudo saber este medio, las empresas internacionales (los consorcios encabezados por las francesas RATP y Keolis) están “muy molestas” por el inusualmente largo período de evaluación y las dilaciones en los plazos. Es que al presentarse en la licitación, en agosto de 2018, se había prometido que la adjudicación sería antes de fines de ese año, una fecha que desde SBASE sostuvieron hasta último momento. Luego, con la prórroga, se les prometió una resolución en el transcurso de este 2019, que tampoco llegó.

Desde las empresas, además, empiezan a sospechar que la licitación está organizada para beneficiar a Metrovías, la actual operadora, que maneja el Subte desde hace un cuarto de siglo, y que corre con la ventaja de conocer la red como ninguna de sus oponentes (su oferta, cabe recordar, fue la más voluminosa en documentación). En esta línea, creen que la decisión política de postergar la adjudicación para después de las elecciones tiene que ver con evitar pagar el costo político que implicaría darle a la actual operadora otros 15 años de contrato.

En medio de este proceso y de recelos entre las compañías propios de tamaña compulsa, comenzaron a circular rumores acerca de una posible venta de Metrovías. La información fue categóricamente desmentida por voceros de la empresa a este medio, que ratificaron el compromiso de la firma de participar tanto en la licitación del Subte como en la de la línea Urquiza.

Al margen de estos vaivenes, las propuestas de los concesionarios para la red también han quedado diluidas de cara al público general, que no termina de entender la necesidad de un operador privado -que muy poco puede ofrecer- cuando es el Estado quien se hace cargo de las obras de extensión e infraestructura, la adquisición de material rodante y hasta la sustitución de escaleras mecánicas dañadas.

Si es poco lo que se conoce de la propuesta de Metrovías (el “centro vivencial” de Lacroze fue el laboratorio donde los usuarios pudieron conocer algunos avances), menos aún se sabe de las propuestas de las dos empresas internacionales que se sienten marginadas por el Gobierno porteño, que no hicieron más que apelar a sus nombres de prestigio (su asociación al Metro de París o de Londres), dando a conocer poco y nada de sus iniciativas.

Antes que nada, el opaco proceso de selección de un nuevo concesionario, que ya nace viciado de sospechas y acusaciones cruzadas, no es sino un síntoma de lo poco que cambiarán las cosas para el usuario, opere quien opere, y del estancamiento de una red que pierde pasajeros y cuya expansión está frenada por primera vez en casi medio siglo.

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