El uso del Subte continúa en sus mínimos históricos: viaja alrededor de 1,3 millón de pasajeros al mes, lo que representa menos del 5% que en tiempos normales y una cantidad similar a la que viajaba en un solo día hábil anterior a la pandemia. Una recuperación que será lenta y trabajosa.

El uso del Subte cayó en picada desde el inicio de la pandemia y, pese al transcurso de los meses y a cierto relajamiento de la cuarentena, la cantidad de pasajeros transportados continúa estando en sus mínimos históricos.

Desde marzo, con el inicio del Aislamiento Social Preventivo Obligatorio (ASPO), las cifras vienen en caída: ese mes la cantidad de pasajeros se redujo a 13.760.312 (la mitad que en igual mes del año anterior) y se profundizó para tocar fondo en abril, con apenas 794.658 pasajeros pagos transportados.

A partir de allí, con las nuevas etapas del ASPO y la reactivación de ciertas actividades económicas, los números se recuperaron ligeramente: en mayo se registraron 1.255.237 pasajeros pagos transportados, aumentando a 1.338.892 en junio y a 1.380.375 en julio.

Estas cifras representan apenas una fracción mínima de los pasajeros que movilizaba el Subte con anterioridad a la pandemia. La cantidad de pasajeros pagos en julio pasado, por ejemplo, fue apenas un 4,8% de lo transportado en julio de 2019. Cualquier comparación con meses anteriores arroja cifras similares, en torno al 4 o 5% de las cantidades habituales. Cabe recordar, además, que numerosas estaciones de la red están cerradas desde marzo.

Para poner las cifras en perspectiva, hay que señalar que se trata de volúmenes similares a los que transportaba el Subte en un solo día hábil normal anterior a la pandemia, cuando se registraba un promedio de entre 1,2 y 1,3 millón de pasajeros diarios, aunque se han llegado a registrar picos de hasta 1,5 millón diarios en años récord como el 2018.

La recuperación de la cantidad de usuarios del Subte y otros modos de transporte colectivo se presume ardua, especialmente si se consideran factores tales como el temor de los pasajeros al posible contagio en el transporte público, que es muy alto de acuerdo con las encuestas, y el constante machaque de las autoridades -ya convertido en un lugar común en el discurso público- de que el transporte es un foco de contagio.

Los especialistas, en cambio, advierten que no existe evidencia de esto siempre y cuando se respeten ciertas medidas como el uso del tapabocas y el mantenimiento de cierto distanciamiento social, medidas que han aplicado con cierto éxito algunas redes subterráneas asiáticas tales como el Metro de Seúl o el de Taipéi, amén del incremento en las labores de desinfección y limpieza.

De continuarse en la senda actual, asociando el transporte público a un riesgo sanitario, la recuperación pospandemia será aún más larga y trabajosa e incluso puede tener consecuencias de cambios modales que impliquen un avance del transporte automotor particular por sobre la movilidad sustentable, con sus consabidas consecuencias ambientales.

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