El espontáneo relajamiento de la cuarentena en algunos distritos obliga a repensar la manera en la que esperamos que el transporte público funcione. ¿Cómo salir de las restricciones más estrictas sin poner en riesgo la salud de las personas? ¿Cómo hacer para que el transporte público no sea caldo de cultivo para un nuevo brote de coronavirus? Un repaso por las medidas que se adoptan a nivel mundial y las que se estudian para Argentina.

El Gobierno nacional evalúa implementar, a partir del 12 de mayo, un cronograma para relajar paulatinamente la cuarentena. Si bien aún no se han hecho públicas las maneras en las que esto sucedería, el transporte público es uno de los aspectos en los que más cuidado hay que poner a la hora de diseñar una estrategia de salida paulatina de la cuarentena que no exponga a la población a un pico de contagios.

Antes de la cuarentena, se movilizaban 4.242.000 pasajeros al día en el sistema de transporte público metropolitano. Esa cifra bajó a 450.000 cuando comenzó el aislamiento obligatorio, pero las sucesivas flexibilizaciones llevaron el total transportado a 908.000 pasajeros al día el pasado lunes 4 de mayo. Según estimaciones oficiales, se necesita que el número de pasajeros no supere los dos millones diarios para poder garantizar un funcionamiento seguro del sistema y evitar que la tasa de contagios se dispare.

Medidas de prevención tomadas por el Metro de Medellín.

Desde Trenes Argentinos explicaron a enelSubte.com que continuarán con las tareas de desinfección de formaciones cada vez que estas lleguen a las cabeceras tal como se hace desde que comenzó la cuarentena el pasado 20 de marzo. Además, se reforzarán las tareas de limpieza en molinetes y zonas de tránsito en las estaciones.

En cuanto a las frecuencias, desde la operadora estatal manifestaron que se trabaja junto a los sindicatos para mantener la circulación de trenes con cronograma de día hábil y evitar disrupciones en el servicio para que no se saturen las formaciones. No obstante, reconocieron que la cantidad total de formaciones disponibles para poder incrementar aún más la frecuencia es limitada, por lo que se espera trabajar en algún mecanismo que permita administrar la demanda para garantizar el cumplimento de los protocolos sanitarios.

Otro punto importante que manifestaron los voceros de Trenes Argentinos a este medio es la ventilación. En ese sentido, explicaron que los empleados mantendrán abiertas las ventanillas de los trenes aún en aquellas formaciones que posean sistemas de climatización. A estos últimos, además, se estudia colocarles filtros especiales para disminuir las oportunidades de dispersión del virus aunque, hasta el momento, no se ha terminado de definir cómo hacerlo.

[Así funcionan los trenes durante la cuarentena]

No obstante, desde la empresa temen que estas medidas puedan no ser suficientes. En ese sentido se solicitará a los pasajeros que, en la medida de lo posible, utilicen medios alternativos de transporte. “Hoy circulan en el AMBA alrededor de 9000 colectivos, pero la oferta puede ampliarse hasta las 15000 o 16000 unidades”, manifestaron. Además, se trabaja para reforzar las líneas de trenes con micros de larga distancia en caso de que la cantidad de pasajeros exceda lo prudente.

¿Qué alternativas hay al transporte público?

Este interrogante es actualmente motivo de debate en países europeos como Francia y Gran Bretaña. En el caso británico, Transport for London -operadora del Underground londinense- considera que hacer respetar medidas mínimas de distanciamiento social entre pasajeros implicaría reducir la capacidad de transporte del Tube a apenas un 15 por ciento de su potencial. En Francia, tanto la RATP -operadora del metro de París- como la SNCF -operadora de la red ferroviaria francesa- enviaron una carta al primer ministro Édouard Philippe, reproducida por el matutino Le Monde, para comunicarle que no poseen los medios ni materiales ni humanos para hacer cumplir el distanciamiento obligatorio que se aplicará en el país galo a partir del 11 de mayo. Ambas empresas manifestaron además que es imprescindible tomar medidas para “limitar drásticamente el flujo” en las estaciones y sugirieron “la movilización de las fuerzas del orden” para garantizar no sólo las medidas de sanidad básicas sino también evitar posibles conflictos con los pasajeros a la hora de regular los flujos de acceso a los servicios.

Miembros de los servicios de limpieza de desinfectando un vagón del Metro de Madrid.

En ese sentido, la imposición de medidas restrictivas sobre la oferta y la demanda del transporte público puede generar problemas adicionales. En cuanto a la demanda, hasta el momento se han mencionado públicamente varias posibilidades que van desde acordar con las empresas la implementación de horarios de entrada y de salida diferenciados hasta distribuir a los empleados por días alternados de trabajo para evitar la creación de horas pico. Por supuesto que una estrategia de esta naturaleza debería quedar limitada estrictamente a todo personal cuya presencia física sea indispensable o irreemplazable por modalidades de trabajo a distancia, las que seguramente continuarán siendo parte del paisaje por los meses venideros al menos.
Una medida bajo análisis entre el Gobierno nacional, de la Provincia y de la Ciudad es fomentar el uso de modalidades de transporte privado individual como motos y bicicletas. Así, se espera ampliar la red de bicisendas -al menos de manera provisoria- para facilitar el desplazamiento por estas modalidades.

[Inédita declaración conjunta de organismos mundiales del transporte ante el coronavirus]

Otro mecanismo en discusión es la implementación de servicios de combis, sobre todo entre las grandes empresas que requieren el desplazamiento de grandes cantidades de personas, para no saturar el transporte público ni exponer a su personal a un mayor riesgo de contagio. Al respecto, se dispuso un protocolo sanitario para combis con medidas tales como el aislamiento del conductor tras una cortina plástica transparente, dejar libre la primera fila de butacas, distribuir alcohol en gel tanto al subir como al bajar y evitar que los pasajeros se paren hasta que la unidad se haya detenido completamente.

En las estaciones Buenavista y Cuautitlán del tren Suburbano de México, las unidades serán desinfectadas antes de ser abordadas nuevamente por los usuarios

Una política que ha sido sugerida para contener la demanda es elevar las tarifas para, así, disuadir a los pasajeros del uso del transporte público. Sin embargo, una solución de esta naturaleza no contempla que en un contexto de depresión económica difícilmente se pueda forzar a la población a emplear otros medios de transporte -que podrían ser aún más caros- y menos aún cuanto más lejos vivan los pasajeros de sus lugares de trabajo. Además, todavía no está claro cómo se implementarán los protocolos de testeos masivos que parte de los especialistas recomienda y que se han instrumentado de manera exitosa en otros países para contener la epidemia.

El caso del Subte

En un contexto de pandemia, sería por tanto preferible que el transporte público tuviese la capacidad para hacer frente a una mayor demanda. Cierto es que no todas las personas tienen la capacidad económica de desplazarse a sus trabajos usando transporte privado, pero también lo es que la capacidad de los servicios públicos difícilmente pueda verse incrementada en el cortísimo plazo. En el caso de trenes y subtes, esto requeriría la incorporación de mayor cantidad de material rodante: el Subte porteño, sin ir más lejos, no lo tiene y tampoco tiene posibilidad financiera de adquirirlo prontamente; a eso hay que sumarle que, aún si se pudiese comprar más trenes, estos demorarían cómo mínimo un año hasta ser fabricados y puestos en marcha siempre y cuando la infraestructura lo tolere. Los casos recientes de las líneas B y E muestran que esto no es siempre.

[Así funciona el Subte durante la cuarentena]

La operadora Metrovías informó que actualmente circula el 45 por ciento de las formaciones que habitualmente lo hace en circunstancias normales. Si bien afirman que es imposible restablecer el servicio en su totalidad dado que hay trabajadores que forman parte de los grupos de riesgo, desde la empresa aspiran a incrementar la oferta del servicio de Subtes hasta el 60 por ciento de la capacidad previa a la cuarentena y apuestan a que se implementen segmentaciones en horarios de entrada y salida de los trabajos para distribuir la demanda de manera más uniforme a lo largo de la jornada.

Labores de limpieza del personal de Metrovías en el Subte de Buenos Aires

En cuanto a las estaciones del Subte, una de las deudas históricas más notorias en cuanto a infraestructura es la falta de ventilación forzada, cuya en una situación como esta se vuelve crítica. En algunas estaciones hasta se carece de adecuada ventilación natural: el caso más peligroso es el de Carlos Pellegrini de la línea B -y el nodo Obelisco en general-, cuya única entrada de aire da a los túneles de la línea D que pasan por encima de sus bóvedas. En estaciones nuevas como las de las prolongaciones de las líneas A, B, E y en la línea H, los equipos de ventilación forzada rara vez están encendidos.

La situación de emergencia nos obliga a hacernos preguntas incómodas: ¿cómo encontrar un equilibro entre aglomeración y distanciamiento que no ponga en peligro los resultados ni eche por la borda los costos que tuvo implementar la cuarentena? ¿Cómo planificar sistemas de transporte capaces de responder a situaciones de aglomeración de personas que probablemente ya no sean tolerables como lo fueron hasta ahora? De la imaginación que tengamos para encontrar soluciones dependerá parte de nuestro éxito contra al coronavirus.

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