La pandemia de coronavirus que afecta al país y al mundo pone en tela de juicio muchas prácticas y hasta la manera de organizar aspectos clave de la vida moderna. Desde la higiene hasta el futuro de las ciudades, una recorrida por los posibles cambios que nos depara el mediano plazo.

La irrupción de la pandemia de coronavirus a lo largo del presente año obligó a implementar una serie de drásticas modificaciones a la manera en la que las personas se movilizan, fundamentalmente en entornos urbanos donde predominan las altas concentraciones humanas. Desde turnos para viajar en tren, pasando por controles para que no viajen personas paradas en los colectivos y hasta que se haya considerado bloquear la tarjeta SUBE para todo trabajador no esencial, las medidas para reducir la tasa de contagio del virus reconocieron en el transporte a uno de sus principales vectores.

La Organización Mundial de la Salud recomienda guardar silencio al viajar en el transporte público.

Si bien la aparición de una vacuna o de un tratamiento eficaz puedan ayudar a retomar cierta sensación de normalidad, es probable también que algunos hábitos adquiridos en este contexto se incorporen a nuestras costumbres urbanas en el largo plazo. En ese sentido, el Metro de Medellín lanzó una campaña para que los pasajeros guarden silencio durante el viaje y aprovechen su tiempo para leer para evitar, así, la propagación del Covid por las gotículas de la respiración por las que el virus puede dispersarse.

La educación forma, así, parte importante del conjunto de acciones emprendidas y las autoridades sanitarias insisten en remarcar el importante papel que tiene la responsabilidad personal para detener la pandemia. De esta manera las campañas de comunicación, tanto en las instalaciones como a través de los medios, insisten en la necesidad de utilizar barbijos y máscaras, mantener una distancia mínima de 1,5 metros entre personas, lavarse frecuentemente las manos y emplear agentes sanitizantes personales.

Implementación de medidas sanitarias

La fumigación habitual y masiva de instalaciones fijas y material rodante es otro de los recursos con los que se busca hacer frente a la enfermedad. Tanto la citada operadora colombiana como el Metro de Santiago (Chile) utilizan una solución de Timsem, un amonio cuaternario de quinta generación inocuo para seres humanos que permanece adherido a las superficies durante quince días proporcionando una acción desinfectante prolongada en ámbitos de alta circulación. Además de la dispersión de este producto mediante termomochilas, en Colombia se emplea también un método de aplicación por humo para llegar a aquellos rincones a los que no es posible acceder con agua en suspensión.

Otra tecnología empleada tanto a nivel mundial como en el Subte porteño es la desinfección con luz ultravioleta. Equipos dirigidos a control remoto fueron equipados con artefactos que emiten este tipo de radiación y puestos a circular por el interior de trenes de la línea E en una prueba realizada durante los primeros meses de la cuarentena, con resultados satisfactorios.

Un aspecto particularmente sensible en el combate contra el coronavirus son los equipos de ventilación forzaday de aire acondicionado si lo hubiere-. Esta tecnología no sólo permite mejorar los niveles de confort en el viaje sino que resulta indispensable para poder prestar el servicio tal como sucede en algunas redes muy profundas o con escasa ventilación natural como, por ejemplo, el Tube de Londres. Este es, además, uno de los históricos déficits que arrastra el Subte porteño y que ha encontrado una solución parcial en los últimos años gracias a la incorporación masiva de coches nuevos y usados equipados con aire acondicionado; en ese sentido, las líneas A, C, D y H tienen la totalidad de sus flotas con aire, mientras que la linea B lo hace parcialmente en función de las demoras para incorporar los coches CAF 6000 de segunda mano y de las dificultades para comprar trenes nuevos que reemplacen a los Mitsubishi. Sin embargo, esta mejora no se ha visto proporcionalmente acompañada por las necesarias inversiones en ventilación forzada para renovar el aire viciado que estos equipos vuelcan en los túneles y estaciones.

Los filtros HEPA evitan la propagación de bacterias y virus a través del aire y, por tanto, son muy importantes para prevenir infecciones. Fuente: Wikipedia

Al respecto, tanto Trenes Argentinos como distintos operadores ferroviarios a nivel internacional evalúan la colocación de filtros especiales, conocidos como HEPA, en los equipos para evitar la entrada y salida del coronavirus, entre otros microorganismos. Estos ya se utilizaban ampliamente no sólo en quirófanos y laboratorios sino también en aviones, donde el aire que circula es una mezcla entre aire exterior e interior previamente pasado por estos filtros. De acuerdo a la Asociación de Líneas Aéreas (ALA), dado que la ventilación se realiza de arriba hacia abajo, la probabilidad de dispersión horizontal del virus es muy baja por lo que el transporte aéreo es considerado seguro tanto para los pasajeros y la tripulación.

El futuro de la movilidad y de las ciudades

La evolución y extensión de la pandemia han llevado a no pocos especialistas, además de al público en general, a considerar que provocará cambios a largo plazo no sólo sobre nuestros hábitos de higiene y de contacto físico sino también en la manera en la que nuestras vidas están estructuradas en el mundo moderno. La ciudad, su escenario por excelencia, y la manera de trasladarse por ellas se encuentra de momento bajo una intensa polémica acerca de su futuro.

De acuerdo a una encuesta realizada por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en la que se evaluó el uso del transporte público y privado durante la cuarentena en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), “las medidas de restricción generan una sensación de seguridad pero el temor al contagio en el transporte público es muy alto”, aseguró Dhan Zunino, investigador del CONICET y uno de los autores del trabajo que entre el 2 y el 9 de mayo interrogó a una muestra de 1252 habitantes, repartidos en un 56 por ciento en la ciudad de Buenos Aires y un 44 por ciento en el conurbano.

Dicho trabajo detectó que si bien la opción preferida para desplazarse por el AMBA seguirá siendo el transporte público masivo, también se midió un creciente interés por utilizar otros medios como caminar o la bicicleta. Así, un 27 por ciento de los que debieron trasladarse dentro de la Ciudad eligió evitar el transporte público y prefirió pasarse al auto particular, la bicicleta o la caminata para llegar a su lugar de trabajo. En cambio, entre los habitantes de Conurbano la preferencia por el auto fue del 75 por ciento. Otra de las conclusiones, esta vez en cuanto a prácticas de higiene, fue que procedimientos como la desinfección de la tarjeta SUBE aún no se encuentran generalizadas. Si bien un 83 por ciento de los encuestados manifestó desinfectar su ropa al llegar a sus hogares, dicho porcentaje se reduce cuando llegan a sus lugares de trabajo.

Estos datos, semejantes a los detectados por autoridades sanitarias y por planificadores urbanos a nivel mundial, sugieren posibles cambios en la manera de trabajar. Para Eduardo Levi-Yeyati, decano de la escuela de gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella, “la pospandemia traerá mucho desempleo y poca demanda de trabajo”.  Para el especialista, la situación actual forzó a miles de puestos de trabajo a realizarse remotamente; si bien considera que la emergencia laboral se prolongará en el mediano plazo, “el living no sustituye la oficina para hogares con chicos y de que el paquete home office no incluía estar encerrados las 24 horas, no hay razones para no remotizar puestos de trabajo de manera permanente, o al menos converger en un sistema mixto”.

Sin embargo, un número creciente de empleadores y de empleados están descubriendo que ya no necesitan estar encerrados durante ocho horas en una oficina cumpliendo horarios sino que pueden realizar la misma tarea en menos tiempo desde sus hogares. Si este fenómeno se profundiza y desemboca en un cambio estructural en la manera de organizar el trabajo, es probable que la movilidad se vea afectada y que el transporte -tanto público como privado- deba reorganizarse para hacer frente a nuevos patrones de desplazamiento de las personas. La necesidad de mantener un distanciamiento social pondrá necesariamente que se espere una baja de entre un 30 y 35 por ciento en la cantidad de gente que asistía a las oficinas respecto de la situación anterior a la pandemia.

Encuesta realizada por la red social LinkedIn a sus usuarios de la región Latinoamérica, realizada entre el 1/7 y el 15/7.

Ana Renedo, socia de MR Partners, señaló en una entrevista para el diario La Nación que “habrá un porcentaje importante que preferirá continuar con esta modalidad. Son aquellos, por ejemplo, que hoy invierten mucho tiempo en viajar, en promedio dos horas por día para ir y volver. Esos se dieron cuenta de que tienen el mismo rendimiento y de que pueden aprovechar el tiempo extra para actividad física, un hobby o cualquier cosa que los gratifique más que el viaje a la oficina”. Esta percepción parece verse ratificada por los resultados obtenidos por una encuesta hecha por la red social LinkedIn durante la primera quincena de julio: un 43 por ciento de los encuestados manifestaron que les gustaría realizar teletrabajo hasta dos días por semana, mientras que un 17 por ciento optó por hacer home office de manera permanente.

No obstante, Renedo advirtió que no todas las personas pueden verse inclinadas favorablemente a mantenerse en una situación de teletrabajo. “Dentro del grupo que buscará regresar a la oficina estarán aquellos para quienes socializar es uno de los temas claves en su vida cotidiana y que satisfacen ese aspecto de su vida principalmente en la oficina. Podemos encontrar en este grupo gente joven o adultos que viven solos. También aquellos que no tengan comodidades suficientes en su casa para montar un lugar de trabajo apropiado y cómodo pueden preferir volver al orden que les proporciona una oficina”.

Los procesos de industrialización que experimentó la Argentina a lo largo del siglo XX generaron, al igual que en otras latitudes que vivieron experiencias similares, una progresiva movilización de personas desde el campo hacia las ciudades. De acuerdo a datos publicados en 2018 por el Ministerio del Interior de la Nación, el 92 por ciento de la población argentina y dos tercios de las empresas se ubican en los grandes conglomerados urbanos. Sólo en el Área Metropolitana de Buenos Aires se concentra el 39 por ciento de la población total del país.

Distribución de población argentina. Fuente: Plan Estratégico Territorial.

No obstante, la pandemia podría impulsar que este panorama se modifique. La fundación Es Vicis, que se especializa en ayudar a las personas que desean mudarse fuera de las ciudades, informó que durante la cuarentena en Argentina se triplicaron las consultas que reciben habitualmente. Desde dicha organización destacan que las consultas son motivadas no sólo por el coronavirus sino también por la búsqueda de mayor tranquilidad y seguridad. “La gente empezó a cuestionar por qué tiene que meterse en horario pico para ir a la oficina si pueden hacerlo desde la casa”, explicó Cintia Jaime, directora de la ONG, al diario La Nación.

De consolidarse una migración sostenida hacia pequeños pueblos o ciudades medianas, será necesario no sólo fomentar la expansión de los servicios de banda ancha sino también habrá que contemplar la recuperación de servicios ferroviarios interurbanos de pasajeros y de carga que fueron suprimidos durante las últimas décadas. Si bien el avance del teletrabajo podría motorizar una mejor distribución de la población, las personas aún tendrán necesidad de desplazarse por el territorio y el ferrocarril será una pieza clave para evitar el colapso de las rutas y autopistas. Los trenes generales y regionales, a diferencia de lo que sucede con los locales, implican la necesidad de que todos los pasajeros cuenten con sus asientos y que viajen sentados; si se suman medidas de salubridad como desinfección, barbijos, máscaras y ventilación con filtros especiales, pueden ofrecer una alternativa sanitariamente segura además de amigable con el ambiente.

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