Se cumplieron cinco años de la compra de los trenes usados al Metro de Madrid para la línea B. De 14 formaciones, funcionan sólo diez y se está por sumar la número 11. El ritmo de incorporación es de apenas un tren por año. Las obras eléctricas finalizarán en el primer semestre del año que viene. La crisis de material rodante, más profunda, afecta también al resto de las flotas de la B.

Días atrás se cumplieron cinco años de que fue anunciada formalmente la compra de los trenes CAF 6000 usados al Metro de Madrid para la línea B.

A media década de aquella polémica operación, aún no han sido puestas en servicio la totalidad de las formaciones compradas, en lo que constituye la incorporación de material rodante más traumática de la historia del Subte.

De los 14 trenes adquiridos, actualmente funcionan sólo diez. La undécima formación, que recibirá la denominación “M1” está en alistamiento para ser incorporada en los próximos meses. Las tres formaciones restantes se encuentran almacenadas en el Taller Magaldi, un depósito que la Ciudad le alquila al Grupo Clarín.

El ritmo de puesta en marcha es bajísimo: sólo se incorpora un tren por año. En agosto del año pasado, por caso, sólo corrían nueve formaciones y estaba en preparación la décima.

La inusual demora en la incorporación de estas formaciones, próximas a cumplir 20 años de fabricadas, se debe a que aún no han terminado las obras de adaptación eléctrica (tercera etapa) que se encuentran a cargo de la empresa Alstom. La fecha estimada de finalización, según Subterráneos de Buenos Aires (SBASE), es en abril del año próximo.

Estas adaptaciones de potencia, que no se habían previsto en un primer momento, se revelaron necesarias a poco de comenzar las pruebas de circulación debido al alto consumo de energía de las formaciones.

Al margen de esto, los CAF 6000 suman otros inconvenientes: a las frecuentes quejas de los pasajeros por su interior incómodo, la distribución de asientos y hasta las manijas manuales para abrir las puertas, se suman otros aspectos más de fondo, como la falta de algunos repuestos clave.

Cabe recordar que la operación de los CAF 6000 fue objeto de serios cuestionamientos por parte de un informe de la Auditoría Porteña, especialmente debido a los altos costos finales por unidad pagados.

La crisis de material rodante en la línea B

La demora en la incorporación de los CAF 6000 es uno de los factores que agudiza la crisis de material rodante de la línea B, que se viene arrastrando desde hace ya tiempo.

Esta se vio agravada por la precipitada retirada de los CAF 5000 en febrero pasado debido al escándalo del asbesto que estalló en España y que preocupa a los tres consorcios interesados en la concesión del Subte por los próximos 15 años. Si bien se suponía que la medida era provisoria y SBASE está encarando recién ahora los exámenes correspondientes,la empresa estatal ya tomó la decisión de darlos de baja del servicio comercial. Los 36 coches no volverán a la línea.

A esto se suma la complicada situación de la flota Mitsubishi, que a pesar de ser la más antigua del Subte actualmente en servicio, es la más numerosa y la que permite sostener el servicio diario.

El plan original era ir retirándolos de servicio conforme ingresaran los CAF 6000. Esto se cumplió apenas en parte: unas pocas formaciones fueron radiadas antes de que SBASE decidiera frenar el proceso atendiendo a las dificultades para poner en marcha los trenes españoles.

Pero no sólo el desgaste propio del paso del tiempo trae complicaciones para los veteranos trenes japoneses: recientemente un estudio confirmó que tienen componentes con asbesto.

Los CAF 5000, Nagoya 300 o CAF-GEE, en los que también se encontró el material, ya han sido retirados de servicio o están en vías de serlo en el corto plazo. Pero de los Mitsubishi nada se ha dicho y no hay planes para reemplazarlos, siquiera en el mediano plazo. Su eventual retiro abrupto de servicio, como se hizo con los CAF 5000, es imposible: implicaría un descalabro de proporciones para la línea B.

El cuadro de situación general, acaso, es una muestra de la falta de planificación con la que se encaró la compra del material rodante de segunda mano a España.

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