Gracias a la inauguración de las estaciones Correo Central, Catalinas y Retiro, la cantidad de pasajeros transportados por la línea E creció un 12,2% en junio con respecto a mayo. Los números sorprenden por un contexto de caída general de los usuarios de la red y porque la línea E acumulaba cinco meses de pérdida de usuarios. La cuestión del servicio y el margen para mejorar.

Durante el mes de junio, el uso de la línea E creció en un 12,2% con respecto al mes de mayo.

Computando los pasajeros pagos transportados, la línea E movilizó a 1.909.047 usuarios, en contraste con los 1.701.342 que la utilizaron el mes anterior. Contando los pasajeros transportados (pagos y franquiciados), se verifica un crecimiento similar: 11,7% con respecto a mayo.

El fuerte crecimiento de la línea E se debe a una razón obvia: la habilitación de las estaciones Correo Central, Catalinas y Retiro, que tuvo lugar a principios del mes pasado. Estas tres estaciones largamente esperadas le dieron penetración a la línea E en un área central de la que carecía hasta ahora, incluso cubriendo un área donde no había oferta de Subte (Catalinas).

Los números resultan más sorprendentes puestos en perspectiva. En los primeros cinco meses del año, la línea E había sufrido la pérdida de un 10,3% de usuarios respecto de igual período del año anterior, liderando el ranking de caída de usuarios.

De hecho, en contraste con esto, la línea E fue la única que creció en cantidad de usuarios entre mayo y junio de este año. En el mes pasado, todas las líneas restantes acumularon caídas de entre 9,3% (línea H) y 14% (línea D) con respecto a mayo, lo que refuerza la interpretación de que el crecimiento de la E se debe a factores propios de esa línea.

La línea E tiene margen para crecer aún más. Como bien explicaron voceros de Metrovías a este medio, «la cultura de uso de estaciones nuevas indica que la incorporación de pasajeros no es automática«, sino que tarda algún tiempo en consolidarse. Sin embargo, desde la operadora destacaron que el crecimiento es especialmente «significativo», sobre todo teniendo en cuenta que el 4 de junio fue la primera jornada completa con las estaciones operativas.

La capacidad de la línea de absorber una mayor demanda y captar nuevos pasajeros dependerá, en todo caso, de mejoras en el servicio, un aspecto en el que la E está aún al debe: mayor disponibilidad del material rodante, más trenes de cinco coches y mejor frecuencia (se promete que para fin de año será de 3:30 minutos en hora pico) son tres cuestiones de aplicación relativamente sencilla e impacto positivo inmediato.

Las altamente positivas cifras que exhibe la línea E con menos de un mes de operación de sus nuevas estaciones no hacen sino confirmar que la construcción de nuevas estaciones y líneas de Subte, actualmente paralizadas, lejos de ser un capricho, son la mejor respuesta que se puede dar para solucionar los problemas de movilidad de millones de personas en una urbe compleja y colapsada como Buenos Aires.

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