El Subte fue el gran ausente del discurso del jefe de Gobierno ante la Legislatura. Con la obra de la línea F cancelada, no se esperan grandes trabajos para mejorar el servicio ni la incorporación de más coches. Mientras tanto, la falta de definición en torno al nuevo operador y la crisis del asbesto continúan sin novedades.

El jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodriguez Larreta, evitó mencionar la realización de nuevas obras en la red de Subtes en el discurso de apertura de sesiones ordinarias de la Legislatura, que pronunció este domingo 1 de marzo ante el pleno del cuerpo.

En el pasaje de su alocución referido al transporte público, Larreta enumeró la adquisición de coches cero kilómetro y con aire acondicionado para la red junto a la inauguración de “siete nuevas estaciones”, que permitieron sumar alrededor de 400.000 usuarios diarios a la red. No se refería a anuncios de obras a realizar sino a las inauguradas en el mandato anterior –incluyendo las tres de la línea E construidas por el gobierno de Cristina Kirchner–.

Durante la semana pasada se conoció que la obra de construcción de la línea F, prometida en campaña, no se iniciará en lo que resta del gobierno de Rodríguez Larreta con el argumento del inminente recorte de la coparticipación extra que el gobierno de Mauricio Macri destinó a la Capital, asunto que se encuentra en plena negociación con el Gobierno nacional. Como recordó este medio días atrás, no es la primera justificación que encuentran los gobiernos de Macri y Larreta para frenar la expansión de la red.

A falta de obras de Subte, Larreta recuperó anuncios de nuevos corredores de Metrobus ya realizados en la campaña electoral de 2015, como el Transversal, que reemplaza a la proyectada línea I.

En la campaña de 2007 Macri acusaba a la mala administración de gobiernos anteriores por no poder acelerar las obras con recursos propios; una vez en el gobierno, contrajo deuda (bonos Tango) que finalmente se destinó a autopistas; más adelante se acusó al gobierno de Cristina Kirchner por no avalar otros préstamos; y finalmente, cuando el PRO controló también el gobierno nacional, tampoco se comprometió dinero para llegar a aquella promesa de “10 kilómetros de Subte por año”. El argumento político, cuando se esgrimió, fue la presunta superioridad o suficiencia del Metrobus como solución de transporte.

En su discurso ante la Legislatura, el Jefe de Gobierno tampoco anunció la realización de obras significativas para la mejora del servicio del Subte ni se refirió a la inminente definición de la licitación por un nuevo operador para la red que, tras la salida del consorcio Helport-Keolis –que dejó a Metrovías como la única en carrera–, quedó bajo sospecha.

Además, Rodríguez Larreta tampoco dedicó palabras a la crisis del asbesto que atraviesa el sistema. Mientras prosiguen las tareas de remoción del material en los coches Mitsubishi de la línea B, se desconoce qué se hará con otras flotas en donde fue detectado y que seguirán en servicio, como los Materfer (línea E) y Nagoya 5000 (línea C).

En ese sentido, debe recordarse que pesa una decisión judicial que protege a los trabajadores que se nieguen a realizar tareas en las flotas e instalaciones fijas en las que se haya probado la presencia de amianto. Esta medida, tal como aclaró la operadora Metrovías, podría complicar la reparación y la asignación de flotas y ocasionar demoras en las líneas B, C y E.

El Subte ni aparece en las principales medidas de transporte difundidas por Rodríguez Larreta.

Tampoco apareció la red de subterráneos en el sumario de medidas de transporte anunciadas por el propio Larreta en redes sociales: eliminar las barreras del Ferrocarril Sarmiento, tres nuevos corredores de Metrobus –que se superponen con trazas de líneas de Subte proyectadas desde hace 20 años– y más “colectivos sustentables”. Se da la paradoja de que el Subte aparece entre las principales preocupaciones ciudadanas, pero a la cola de las prioridades oficiales.

Sin obras por primera vez en casi medio siglo, el futuro de la red de subterráneos aparece cada vez más sombrío y a contramano de las grandes ciudades de la región y del mundo.

 

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