enelSubte visitó los trabajos para la descontaminación de las formaciones Mitsubishi de la línea B. La remoción de las piezas se realiza en un sector especialmente acondicionado del Taller Rancagua, bajo atmósfera negativa y con estrictos protocolos de seguridad. Ya se ha terminado con dos triplas (un tren) y acaba de ingresar la tercera. Galería de fotos.

Los trenes Mitsubishi de la línea B, los más antiguos que posee actualmente en operación el Subte, son una de las seis flotas afectadas por la presencia de piezas con asbesto.

Días atrás, enelSubte pudo visitar los trabajos de remoción de esos componentes, que se llevan a cabo en un área especialmente acondicionada del Taller Rancagua y que están a cargo de la firma especializada Borg Argentina.

Los coches son intervenidos en una estructura construida en durlock y polietileno de 200 micrones. Al tener 65 metros de largo, las formaciones sólo pueden ser ingresadas por mitades, por lo que se trabaja de a una tripla por vez. El túnel, además, está sellado y cuenta con atmósfera negativa (5 pascales de presión negativa), para asegurarse de que cualquier partícula de asbesto libre quede alojada en los filtros instalados por la empresa especializada.

La obra comenzó en noviembre pasado y hasta el momento, explicaron los responsables de los trabajos a este medio, se ha terminado con una formación completa (dos triplas) y se está comenzando a intervenir la tercera. A buen ritmo, estiman, debería terminarse una tripla por semana, aunque reconocen que ese ritmo todavía no se ha alcanzado: “Con la primera tripla hubo algunas complicaciones [además de] aprendizaje”, explicaron. El total de trenes a intervenir asciende a 16.

“Todo lo que está aquí y se puede retirar, se retira”, aseguran, aunque aclaran que existen piezas que no se pueden retirar, por ejemplo algunas ubicadas en la cabina del conductor. En estos casos, según consta en documentos proporcionados por Subterráneos de Buenos Aires (SBASE), se lleva adelante un proceso de oclusión: “se utiliza un revestimiento denominado Rust Grip, se señala debidamente y su supervisión se incluye en los procedimientos de mantenimiento”.

Los trabajadores de Borg son sometidos a estrictos protocolos: no sólo intervienen las formaciones dotados de filtros y trajes descartables, sino que al terminar su jornada laboral pasan por duchas para eliminar cualquier partícula de asbesto que les haya quedado adherida. El agua de esas duchas es tratada también como residuo peligroso.

Luego de terminado el proceso de descontaminación, se realizan exámenes de laboratorio y se da intervención a la Agencia de Protección Ambiental (APrA) y a la Subsecretaría de Trabajo. Con la aprobación de todos, la formación queda lista para volver a servicio.

Las piezas retiradas de los trenes son selladas herméticamente en bolsas y se las envía a un relleno sanitario especialmente habilitado para residuos peligrosos en la ciudad de San Lorenzo, provincia de Santa Fe. El predio, explican, cuenta con cinco hectáreas con un foso de hasta 2,4 m que se encuentra revestido con cinco capas de membranas especiales.

En tanto, se continúa supervisando el estado de salud de los trabajadores: al momento un total de 1200 empleados del Subte han sido incluidos en el Registro de Agentes de Riesgo (RAR), de los cuales 626 ya han sido examinados en el Hospital Británico bajo supervisión de la ART y la Superintendencia de Riesgos del Trabajo. 14 de ellos presentan síntomas respiratorios compatibles con la exposición al asbesto.

Comentarios