En 2018, el tren Retiro - Rosario transportó a 134.383 pasajeros, un 47% más que en 2017, que había marcado el récord histórico de usuarios. El servicio atraviesa su mejor momento en 21 años, pero para mejorar necesita más frecuencias, mejores tiempos de viaje y más paradas. La incorporación de los trenes Talgo y la disputa de Trenes Argentinos con NCA por el control de la vía.

El tren Retiro – Rosario se consolida como alternativa de transporte y volvió a batir el récord histórico de pasajeros transportados por segundo año consecutivo, alcanzando su mejor registro en 21 años.

En 2018, además, superó por primera vez la marca de los cien mil pasajeros anuales, con 134.383 usuarios transportados, lo que representa un 47% más que en 2017, que había sido el mejor año para el servicio hasta ahora.

Los datos se desprenden de un relevamiento realizado por enelSubte en base a datos de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT), que lleva registros desde 1997.

Las cifras confirman el éxito del renovado servicio a Rosario habilitado en 2015, cuyo incremento en cantidad de pasajeros transportados es sostenido y se supera año a año, y ubican al «Rosarino» como el segundo servicio de larga distancia más utilizado del país, por debajo del tren a Mar del Plata.

Uno de los factores que ha influido positivamente en el aumento de pasajeros es la incorporación de más paradas intermedias. Actualmente el tren se detiene, además de las terminales, en Campana, Zárate, San Pedro, Ramallo, San Nicolás, Empalme Villa Constitución (se sumó en diciembre pasado) y Rosario Sur. Otras paradas a incorporar en el futuro próximo serían Lima y Baradero. De manera similar a lo hecho en el ramal a Mar del Plata, no debería descartarse la incorporación de un segundo servicio directo, sin paradas intermedias. Cabe recordar que desde enero pasado, los trenes de larga distancia del Mitre, entre ellos el servicio a Rosario, parten desde la estación Retiro San Martín debido a la obra de renovación de la parrilla de vías de Retiro Mitre.

La buena performance del servicio se alcanza, sin embargo, con altos tiempos de viaje (unas seis horas y media para unir ambas ciudades), que se deben principalmente a problemas administrativos en la gestión de la infraestructura, lo que ha generado una disputa entre Trenes Argentinos Operaciones, prestataria del servicio de pasajeros, y la concesionaria de cargas del ramal, Nuevo Central Argentino (NCA).

Es que si bien la infraestructura de vías ha sido renovada por el Estado, el control sobre la misma sigue estando en manos de NCA. Según reveló hace poco Marcelo Orfila, titular de Trenes Argentinos, la concesionaria impone restricciones de velocidad a los trenes de pasajeros y no ha puesto en funcionamiento las barreras automáticas instaladas a lo largo de la traza, lo que impacta de lleno en los tiempos de viaje, sin duda el talón de aquiles del servicio y el factor a mejorar si se busca hacerlo más competitivo.

Esta misma semana, en una entrevista con La Voz del Interior, Orfila volvió a la carga contra NCA «porque prioriza su operación y no la de los trenes de pasajeros»: «en NCA son especiales, muy duros para mejorar el servicio de pasajeros, sólo les importa su negocio», fustigó el titular de la empresa estatal, quien estima que el tiempo de viaje entre ciudades podría disminuir en «una hora y media» de levantarse las restricciones y ponerse en operación las barreras.

Cabe recordar que el material rodante asignado al servicio a Rosario es el más veloz del país. Tanto locomotoras como coches están aptos para circular a una velocidad máxima de 160 kilómetros por hora. La incorporación de los coches Talgo, apartados de servicio desde 2012, que está bajo consideración, también representa una alternativa interesante en ese sentido.

Otro de las cuestiones a atender es el hecho de que el servicio se sigue prestando con una única frecuencia diaria por sentido, la misma oferta que cuando se inauguró en marzo de 2015. El plan original, cabe recordar, contemplaba hasta siete servicios diarios y tiempos de viaje alrededor de 4 horas y 12 minutos. Tiempos de viaje en ese orden volverían competitivo al tren frente al transporte automotor e incluso frente al aéreo: a pesar de que el vuelo tarda sólo una hora entre ambas ciudades, el traslado hacia los aeropuertos, el despacho de equipaje y los controles de seguridad pueden llevar a que se triplique o cuadruplique ese tiempo con facilidad.

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