SBASE y la Agencia de Protección Ambiental iniciaron una mesa de diálogo con vecinos de la línea H afectados por las vibraciones. El movimiento, que provoca daños en las casas, es particularmente grave en el tramo entre las estaciones Caseros y Parque Patricios, donde hay una pronunciada curva. Alegan que las vibraciones aumentaron con el nuevo material rodante, que sufrió desgaste prematuro de ruedas en las curvas cerradas.

El reclamo de los vecinos de Parque Patricios afectados por las vibraciones de la línea H parece haber comenzado a despejarse, aunque sin encontrar aún una solución definitiva.

Luego de varios meses de reclamos -que incluyeron hasta una manifestación pública en Caseros y Monteagudo en agosto pasado bajo la consigna «La H no es muda»-, autoridades de Subterráneos de Buenos Aires (SBASE) se reunieron con las familias afectadas y acordaron conformar «una mesa de diálogo» con participación de la Agencia de Protección Ambiental (APrA).

Las vibraciones afectan particularmente al tramo ubicado entre las estaciones Caseros y Parque Patricios, donde el túnel de la línea H describe una cerrada curva para abandonar la traza de la avenida Jujuy y colocarse debajo de la calle Patagones.

Los movimientos, que de acuerdo con los vecinos se dan entre las 5 y las 2 de la mañana, se habrían intensificado a partir de mediados del año 2016, cuando los antiguos trenes Siemens Schuckert O&K fueron sustituidos por los modernos Alstom 300 de conducción automática.

Estos trenes, cabe recordar, sufrieron severos y prematuros desgastes de sus ruedas precisamente en esas cerradas curvas a poco de cumplirse dos años de su puesta en servicio, tal como informó oportunamente enelSubte. Esto había obligado a retirar de servicio preventivamente algunas formaciones y a apurar un programa de retorneado de ruedas y modificaciones en las pasarelas de comunicación entre coches.

Desde la empresa estatal aseguran que, en respuesta al reclamo de los vecinos, se ha «diseñado un nuevo protocolo de medición». Las evaluaciones están a cargo de la APrA en el interior de los hogares y de la operadora Metrovías en los túneles y a nivel de calle.

Según los habitantes de la zona, la circulación de los trenes produce «un pequeño sismo cada tres minutos». Entre los daños citados a sus propiedades se cuentan rajaduras en pisos y paredes, desprendimiento de azulejos y hasta rotura de vidrios y vajilla. Los vecinos, si bien aclaran que no están «en contra del Subte», alegan que el problema no es el ruido, sino el movimiento, que empieza a «afectar la calidad de vida». Desde SBASE responden que seguirán «trabajando para atender las preocupaciones de cada vecino».

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