Tras un masivo cacerolazo y serios desmanes en la noche del viernes, la capital chilena amaneció este sábado militarizada y con el servicio del Metro cancelado hasta nuevo aviso. Informe especial de enelSubte Chile para comprender el contexto de origen de las protestas en el Metro de Santiago, la reacción del gobierno de Piñera, los motivos económicos del conflicto y su posible devenir.

El Metro de Santiago de Chile enfrenta uno de sus momentos más críticos en sus 45 años de existencia, producto de una serie de manifestaciones que han generado la suspensión temporal de sus servicios, daños en la infraestructura y enfrentamientos de usuarios con la policía militarizada chilena. En la noche del viernes, lo que era un enfrentamiento acotado a ciertas estaciones se convirtió en una batalla en diferentes puntos de Santiago. Mientras el gobierno anunciaba la aplicación de la Ley de Seguridad Interior del Estado, sonaban cacerolazos en toda la ciudad y algunos microbuses, e incluso estaciones del Metro eran prendidos fuego por manifestantes.

Horas más tarde el presidente Piñera, que había pasado la noche en una cena con familiares, compareció para anunciar el estado de excepción en la capital, un virtual estado de sitio que implica delegar la seguridad en las Fuerzas Armadas, la prohibición de reuniones públicas y la celebración de espectáculos. Mientras algunos sectores sociales y grupos de comunicación celebraron la vuelta al orden, amplias capas de la población recurrieron a las redes sociales para expresar su bronca y preocupación ante una medida inusitada que refresca la memoria de la dictadura y una tradición de violencia estatal.

¿Cómo nacieron las protestas?

Las manifestaciones se explican principalmente por el último aumento de la tarifa del transporte público en Santiago, realizado el pasado 4 de octubre. La tarifa en hora pico para aquellos que utilicen el Metro (y hasta 2 combinaciones con servicios de buses) alcanzó los 830 pesos chilenos, cerca de 68 pesos argentinos. Si bien el aumento respecto al precio anterior, vigente desde mayo pasado, no superó el 4% del precio del boleto, este colmó la paciencia de los usuarios santiaguinos, que han visto cómo las tarifas han ido creciendo constantemente en los últimos años. Las palabras del ministro de Economía, Juan Andrés Fontaine, recomendando a los pasajeros usar el servicio antes de las 7 de la mañana para tener una tarifa más baja, encendieron más los ánimos.

Las promesas de mejoras económicas con las que Sebastián Piñera alcanzó su segundo período de gobierno no se han concretado y las frases poco afortunadas de autoridades responsabilizando a la ciudadanía sobre los problemas que viven se han vuelto una constante. El conflicto con los estudiantes secundarios, algo recurrente en los últimos años y que dio inicio a las históricas protestas de 2011, había estado circunscrito al Instituto Nacional, el más emblemático de los liceos públicos. En los últimos meses, el colegio fundado en 1811 ha sido escena de enfrentamientos entre estudiantes y carabineros, e incluso el alcalde de Santiago ha propuesto su cierre.

El aumento en la tarifa fue el detonante para que los estudiantes secundarios redirigieran sus protestas a un nuevo actor. El lunes 7 de octubre, una centena de estudiantes del Instituto Nacional invadieron la estación Universidad de Chile, saltando los molinetes de acceso. En los días posteriores, la situación se repitió en otras estaciones y convocando a más estudiantes de colegios cercanos. Ya para la segunda semana, la acción se popularizó por redes sociales y comenzó a generar aceptación por parte de otros grupos. Ya para el martes 15 de octubre, la “evasión masiva” era transversal, no sólo de estudiantes.

¿Cuál ha sido la reacción ante las protestas?

Metro de Santiago reaccionó controlando y reduciendo los accesos a las estaciones más afectadas, aumentando el número de guardias. Al verse desbordado, se incorporaron carabineros –fuerzas policiales, que en Chile están militarizadas–, actuando de manera más violenta para evitar las evasiones. Las escenas de estaciones cerradas y detención de estudiantes provocaron más crispación entre los 2,8 millones de usuarios diarios del subterráneo santiaguino. El miércoles 16, las protestas se extendieron a más de una docena de estaciones de relevancia de la red, mientras Fuerzas Especiales de Carabineros comenzaron a utilizar carros hidrantes y gases lacrimógenos contra los manifestantes e incluso contra algunos usuarios retenidos dentro de las estaciones.

La situación se agravó en los días siguientes y ya para el viernes 18, el caos era completo en la red e incluso en las calles de la ciudad. Muchos trabajadores de Metro fueron atacados por los manifestantes y se identificaron varias estaciones con daños, los que tendrían un valor de 700 mil dólares según la empresa estatal. Los sindicatos de personal exigieron la suspensión del servicio para evitar más ataques a trabajadores de Metro, lo que la empresa implementó en plena hora pico vespertina. Millones de personas debieron caminar de vuelta hasta sus casas en las calles colapsadas por las protestas y los enfrentamientos con carabineros, quienes utilizaron perdigones en lugares como la Estación Central de Ferrocarriles. En tanto, el ministro del Interior anunció la aplicación de la Ley de Seguridad Interior del Estado, que aumenta las penas, y el cierre del Metro por los próximos días.

¿Cómo se calcula la tarifa?

Uno de los principales argumentos del Metro de Santiago ante las protestas es que ellos no son los responsables del aumento de tarifas. Desde la caótica creación de Transantiago en 2007, Metro ha participado de un sistema de transporte unificado junto a los microbuses que recorren la ciudad y el servicio Tren Central que conecta con la comuna de San Bernardo, al sur de la ciudad.

La tarifa integrada entre todos estos servicios es fijada por el llamado Panel de Expertos, creado en 2009, y que define los precios en base a un polinomio que incluye diferentes factores, como el precio de la electricidad, el diésel, la tasa de cambio con el dólar, etc. El panel, conformado hoy por tres ingenieros de la Pontificia Universidad Católica de Chile definidos por el Consejo de Alta Dirección Pública, intenta ser una solución exclusivamente técnica, independiente de consideraciones políticas. Juan Enrique Coeymans, presidente del Panel de Expertos, se manifestó en contra de las protestas, indicando que “cuando sube el pan no hacen ninguna protesta” y que no podía descartar nuevas alzas a futuro.

Según declaraciones del Sindicato de Trabajadores de Metro –que ha apoyado las demandas, pero no necesariamente la forma de protesta–, la tarifa técnica asociada al servicio de Metro ronda los 490 pesos, mientras el resto de la tarifa financia el sistema privado de buses, el que además cuenta con un fuerte subsidio que supera los 800 millones de dólares para 2019. La exministra Paola Tapia indica que diversas medidas del gobierno de Piñera explicarían el último aumento de la tarifa. Entre estas estaría el intento de rebranding de Transantiago a RED, la compra directa de buses eléctricos chinos y la suspensión de la nueva licitación de los recorridos de buses, que hubiera permitido hacer más eficientes los costos y reducir la alta evasión en el sistema de buses (que ronda el 20% o 30% del total de pasajes).

¿Qué tan caro es el pasaje?

El precio del pasaje varía hoy entre los 710 y los 830 pesos chilenos (57 a 68 pesos argentinos) según el número de combinaciones y el horario. Esta cifra representa un aumento de hasta un 18% en los últimos años, algo en línea con la inflación que ha tenido el país en el mismo período (15%).

Si bien los estudiantes fueron los que iniciaron las protestas, estos poseen una tarifa rebajada que alcanza los 230 pesos (19 pesos argentinos) y que no ha aumentado desde enero de 2019.

Sin embargo, el problema parece ser más por el valor del precio que por el aumento en particular de este mes. Según algunos cálculos, el costo mensual del transporte equivale a un 13,78% del sueldo mínimo, cifra que está entre las más altas de América Latina; sólo San Pablo tendría cifras más altas, superando el 20%, mientras Buenos Aires tendría un valor equivalente al 5,71%.

Santiago hoy es una de las ciudades más caras de América Latina y, aunque en cifras oficiales la inflación está controlada, muchas personas argumentan que el precio de alimentos y servicios básicos habría escalado en los últimos años, afectando a las personas de menos recursos. El aumento del boleto del Metro, desde ese punto de vista, no habría sido sino el detonante de un malestar sedimentado mucho más amplio.

¿Qué pasará con el Metro de Santiago a futuro?

Durante décadas, Metro fue considerado el principal orgullo de Santiago: un servicio moderno y eficiente, en contraposición de un sistema de buses anticuado, peligroso y contaminante. La implementación de Transantiago en 2007, que desbordó la capacidad del Metro, afectó seriamente la opinión que los usuarios tenían del servicio. El impoluto sistema existente antes estaba colapsado, con fallas técnicas y una experiencia de viaje paupérrima.

La inauguración de dos modernas líneas en los últimos años, que permitieron aumentar en un 40% la extensión de la red, ayudó a recuperar parte del prestigio del ferrocarril subterráneo. Aunque las líneas 3 y 6 permitieron descongestionar algunos tramos de la red, hasta el día de hoy el servicio en hora pico no da abasto. Hace algunos meses, el presidente Piñera anunció una expansión de la red hacia 2027 de más de 60 kilómetros que permitiría solucionar estos problemas, pero dichos planes han enfrentado algunos problemas debido a la oposición de vecinos y autoridades locales a la construcción y el diseño de las nuevas estaciones.

En este contexto, la reacción de Metro ante las protestas ha sido seriamente cuestionada y su prestigio puede estar incluso más bajo que en los peores días del lanzamiento de Transantiago. Metro ha anunciado que toda su red se mantendrá cerrada desde la noche del viernes y por todo el fin de semana, en tanto varias estaciones han sido saqueadas y quemadas. Es poco probable que, dadas las circunstancias, el servicio retome sus operaciones el próximo lunes 21 y es difícil pensar en qué fecha pueda volver a la normalidad.

El gobierno se ha negado tajantemente a reestudiar las fórmulas de cálculo de tarifas. El Ministro del Interior sólo ha anunciado que apoyan el actuar de Carabineros y ha caracterizado a los manifestantes como “violentistas”, por lo que es difícil estimar qué pasará durante los próximos días. La decisión del presidente Piñera de anunciar el estado de emergencia y la militarización de la ciudad, aunque busque en lo inmediato restablecer el orden, corre el riesgo de seguir alimentando el descontento social.

Especial de enelSubte Chile desde Santiago. Después de publicado este informe, en la tarde del sábado el presidente Piñera anunció la suspensión de la suba tarifaria. No obstante, las protestas continúan y el reclamo aparece mucho más amplio.

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