Trabajadores de los talleres de la línea B están realizando una "retención de tareas": se niegan a reparar los coches Mitsubishi, que tienen componentes con asbesto. Denuncian que las autoridades no han realizado pruebas ni les han provisto de elementos de seguridad. Desde Metrovías alegan que han encarado acciones preventivas y adqurido equipamiento específico. "Si la línea tiene que andar sólo con los CAF 6000, andará sólo con los CAF 6000" advierte un delegado.

Los trabajadores de los talleres de la línea B se están negando a realizar tareas de reparación en las formaciones Mitsubishi, por lo que hay menos trenes en circulación que habitualmente.

La “retención de tareas” en el Taller Rancagua comenzó días atrás, tras una denuncia por parte de la Asociación Gremial de Trabajadores de Subte y Premetro (AGTSyP) de que “los trabajadores de los talleres Rancagua y Urquiza no cuentan con las medidas de seguridad que exige la normativa vigente nacional e internacional para la manipulación de asbesto”.

Desde Metrovías confirmaron que “algunos” operarios “se negaron a intervenir determinados elementos de algunas formaciones”, pero negaron la falta de elementos de seguridad laboral y aseguraron que se han tomado una serie de medidas de prevención.

La toma de muestras de asbesto en los CAF 5000 se realizó en el Taller Rancagua bajo estrictos protocolos. Pero los Mitsubishi no han sido inspeccionados aún.

En comunicación con enelSubte, voceros de Metrovías explicaron que ha comenzado el proceso de “señalización preventiva de aquellos elementos sospechados de contener asbesto”, a la vez que se ha determinado “un procedimiento de almacenamiento seguro” de esos elementos. Desde la operadora destacaron también que “se adquirieron ocho aspiradoras especiales y elementos de protección personal específico” (mamelucos descartables, antiparras, máscaras, filtros para asbestos, guantes de nitrilo descartables).

Otras acciones realizadas por la empresa contemplaron la capacitación a los trabajadores sobre los riesgos del asbesto, en especial a la totalidad de los electricistas de Rancagua y Villa Urquiza “cuyas tareas incluyen el eventual acceso a elementos sospechados de contener asbesto”. Adicionalmente, se realizaron estudios de calidad del aire en ambos talleres, cuyo resultado fue “normal” y, tras la recomendación de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo de la Nación, “se ha puesto en práctica un programa de vigilancia de la salud del personal de los talleres”.

Desde la Secretaría de Salud Laboral de la AGTSyP, en tanto, cuestionaron que no se haya tomado “la decisión política” de analizar las piezas sospechadas de contener asbesto en los Mitsubishi, a diferencia de lo que ocurrió con los CAF 5000, retirados de servicio el año pasado y ya dados de baja.

El sindicato explicó que si bien un estudio encargado el año pasado por el sindicato ha determinado la presencia de asbesto en los apagachispas y aisladores de resistencia, no se descarta la posibilidad de que el material esté presente en otros componentes: “no se tiene seguridad de la cantidad de piezas que contienen asbesto en la flota Mitsubishi”, explican desde el sindicato.

En este sentido, apuntan que pese a que en diciembre pasado se anunció que todas las flotas de la red serían inspeccionadas, no hubo avances con respecto a los Mitsubishi. Es que estos trenes, que actualmente constituyen la flota mayoritaria de la línea B, son los que permiten mantener el servicio con una frecuencia aceptable. Su eventual salida de servicio -así como la de los CAF-GEE de la línea E- dejaría a la línea en una situación insostenible.

Y aunque la evolución de los acontecimientos dependerá de los avances que se logren en una audiencia al respecto convocada para hoy miércoles -de la que participarán los gremios, SBASE y Metrovías-, no se descarta que la frágil situación de la B pueda empeorar. “Si la línea tiene que andar sólo con los CAF 6000, andará sólo con los CAF 6000”, advirtió un delegado de la línea B en diálogo con este medio.

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