A partir del 29 de julio, el Día de la Deuda Ecológica (Ecologic Debt Day en inglés), el mundo vivirá a crédito de las futuras generaciones. Este día marca el momento de cada año en el que la humanidad empieza a consumir más recursos naturales de los que nuestro planeta es capaz de regenerar hasta el final de ese mismo año. El sector del transporte lleva una responsabilidad importante, sobre todo con el consumo de energía de origen fósil. Sin embargo, bajo la impulsión de empresas como Alstom o Renault, las soluciones de movilidad limpia ya existen en varias partes del mundo. La cuestión hoy no es saber cómo desarrollarlas, sino cuándo y cómo implementarlas.

Calculado por el Global Footprint Network, el Día de la Deuda Ecológica, también llamado Día del Exceso Terrestre, se adelanta cada año. Hace 10 años, en 2009, era el 19 de agosto, y en 1970, primer año del cálculo, era el 29 de diciembre. Si toda la población del planeta viviera como los argentinos, el Día de la Deuda Ecológica sería el 26 de junio. Si fuésemos todos europeos, el 10 de mayo. Consumimos muchos recursos, demasiados recursos. Por su uso de combustibles fósiles, el sector del transporte de pasajeros y de cargas tiene su parte de responsabilidad. Representa hoy un 15% de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial, al igual que en Argentina.

La Unión Europea y sus países miembros son conscientes de la emergencia. Es la razón por la cual se comprometieron a “seguir encabezando los esfuerzos” en el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático. En el sector del transporte, varios países, ciudades y empresas se agruparon en alianzas, como la Alianza para la decarbonización de los transportes, para desarrollar juntos soluciones de la movilidad del futuro. Trenes de hidrógeno, colectivos parecidos a un tranvía, autos que permiten modular la producción de energías renovables, optimización de los flujos logísticos son algunas soluciones ya implementadas en el mundo.

Ciertos países podrían dejar de operar trenes diésel en 2035

El tren es uno de los modos de transporte menos contaminantes, después de la bicicleta y la caminata. Las líneas más transitadas, como lo es la red porteña, suelen ser electrificadas, pero en el caso de líneas con menores frecuencias el costo de electrificación puede ser prohibitivo. Frente a la necesidad de bajar sus emisiones, la región de Hamburgo en Alemania puso en servicio en septiembre 2018 los dos primeros trenes de hidrógeno del mundo para reemplazar sus antiguos trenes diésel. Fabricado por Alstom, los Coradia iLint son propulsados por pilas a hidrógeno y emiten solamente vapor de agua y agua condensada. Con une recarga de algunos minutos, tienen una autonomía de 1000 km, similar a los trenes diésel. A partir de 2021, otros 41 Coradia iLint circularán sobre las redes alemanas. Francia también contempla el uso de esta tecnología. El tren de Alstom está especialmente adaptado a la red gala, ya que la mitad de sus vías ferroviarias no está electrificada, una situación similar a la de Argentina. Según el Presidente de SNCF (la empresa nacional de trenes), los ferrocarriles franceses deberían contar con su primer tren de hidrógeno en 2022 y podrían quitar definitivamente de circulación los trenes a diésel en 2035.

Trenes hidrógeno Coradia iLint en servicio en la región de Hamburgo, Alemania
© Alstom

Santiago se posiciona como una ciudad laboratorio de buses eléctricos

Si bien el uso de trenes limpios permitirá mejorar la huella de carbono, habrá también que mirar hacia los colectivos. Por ejemplo, este modo de transporte representa el 38% de los viajes en Argentina. En este ámbito, la revolución está en marcha. Mendoza ya tiene 18 buses eléctricos, y Buenos Aires incorporó 8 vehículos en prueba piloto en mayo. Al otro lado de los Andes, en Chile, llegaron en enero 100 buses eléctricos financiados por la empresa Engie para completar 203 unidades en la Red Metropolitana de Movilidad de Santiago. La ministra de Transportes, Gloria Hutt, anunció la integración de otros 183 nuevos colectivos eléctricos en agosto. La capital chilena opera así la flota eléctrica más amplia de las Américas y quiere acelerar el rumbo. Más de 3.000 colectivos deben ser licitados este año, parte con la norma Euro VI y parte con motorización eléctrica. Según la ministra Hutt, “Santiago se posiciona como una ciudad laboratorio de buses eléctricos”.

En este contexto, Aptis, el bus eléctrico de Alstom ya vendido en varias ciudades francesas, está en prueba desde mayo en Santiago, siendo la primera ciudad fuera de Europa en tenerlo circulando en sus calles. Más que un simple colectivo eléctrico, Aptis fue concebido como una nueva experiencia de movilidad eléctrica inspirada en los tranvías, con mayor luminosidad (tiene un 20% más de superficie acristalada). Aptis está equipado con puertas dobles -como los tranvías-, que aseguran la accesibilidad de personas con movilidad reducida; cuatro ruedas direccionales, que reducen la superficie necesaria para maniobrar en curva y se alinean con las veredas en las paradas, además de un piso bajo integral para una mejor movilidad y fluidez a bordo.

Los autos eléctricos pueden transformarse en baterías para modular la producción eléctrica

Con 41% de los desplazamientos, los vehículos particulares siguen siendo el medio de transporte más utilizado por los argentinos y la situación es similar en la mayoría de los países desarrollados. Obviamente, la movilidad eléctrica forma parte de la solución del mañana. Sin embargo, el auto eléctrico puede tener un papel aún más interesante. En los Países Bajos, la ciudad de Utrecht y la empresa Renault experimentan desde 2017 la integración de un sistema de autos eléctricos compartidos llamado We Drive Solar a la red eléctrica. Los vehículos, de modelo ZOE, son cargados por medio de paneles solares ubicados en el barrio y cuando es necesario, re-inyectan energía en la red eléctrica. Así, además de ser un sistema de transporte, el Renault ZOE se transforma en batería y concurre en la transición energética por su rol de modulación de la producción de electricidad.

Varios países europeos quieren prohibir la venta de vehículos térmicos a mediano plazo -los Países Bajos tienen prevista esta prohibición en 2030, Francia en 2040- y multiplican este tipo de experimentos para construir los sistemas del futuro. En Argentina, las ventas de vehículos de cero emisiones están todavía en su comienzo. Por ahora, los clientes del Renault Kangoo ZE, único modelo eléctrico comercializado en el país por la firma, son mayoritariamente empresas que desean reducir su impacto ambiental.

ZOE eléctricos del sistema We Drive Solar en Utrecht, Países Bajos

Integrar las nuevas tecnologías para mejorar y promover el transporte público

La paleta de soluciones es muy amplia. Llegaron a Argentina las bicicletas en libre servicio y los monopatines eléctricos. En Europa se desarrollan los vehículos que solemos ver en las películas de ciencia ficción y que cambiarán nuestra visión de las ciudades. Los vehículos autónomos de las startups EasyMile y Navya ya funcionan sin chóferes en Estados Unidos y Europa. Airbus, más conocido por sus aviones, está trabajando sobre nuevos sistemas de movilidad aérea eléctrica. Sin embargo, el desafió consistirá también en la integración de todos estos sistemas de transporte para ofrecer una solución de movilidad más eficiente y más adaptada a los pasajeros. Más usuarios en los transportes públicos son menos contaminación y congestión en las calles.

Si bien el papel de las autoridades públicas es clave para establecer un marco reglamentario propicio al desarrollo de un transporte descarbonizado, las empresas también tienen una responsabilidad esencial en el diseño de soluciones. Afortunadamente, muchas de ellas están comprometidas en la lucha contra el cambio climático, alineando su estrategia de desarrollo para que nuestra movilidad sea más sustentable. Exploran las nuevas tecnologías para desarrollar nuevos sistemas y facilitar el transporte cotidiano de cada uno. Más limpia y más adaptada a nuestras necesidades, tal será nuestra movilidad del mañana.

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