Las mujeres constituyen apenas el 9% de la fuerza laboral vinculada al transporte y son minoría en todas las empresas ferroviarias y del Subte, tanto en el ámbito gerencial como en los puestos más llanos. Hay áreas, como la conducción de trenes, donde todavía no hay ni una sola mujer.

La Federación Internacional de los Trabajadores del Transporte, que nuclea a sindicatos ferroviarios de todo el mundo, define en su página web al transporte ferroviario como “una industria dominada por los hombres”. Al igual que en tantos otros campos, en el ferrocarril las mujeres experimentan los efectos de una brutal brecha de género, viéndose forzadas a ocupar puestos con bajos salarios y siendo marginadas de las posiciones con mejores remuneraciones.

La Argentina no es la excepción. De acuerdo con un estudio publicado en 2014 por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el país cuenta con una representación femenina de apenas 9% en el ámbito laboral vinculado al transporte.

Un relevamiento realizado por enelSubte constató que las mujeres son minoría en todas las empresas dedicadas a la gestión del ferrocarril, aún en aquellas que no tienen responsabilidad sobre la operación.

En Metrovías, empresa que administra el Subte desde 1994 y candidata a renovar la concesión, las mujeres son apenas el 19% del total: 987 frente a 4579 hombres. El porcentaje sube levemente si se considera el área de tráfico, donde las mujeres representan el 23% de la fuerza laboral. En Servicios Integrales de Atención al Usuario (SIAU), las mujeres son un 34,5% del total.

La Asociación Gremial de Trabajadores de Subte y Premetro (AGTSyP), el sindicato con más fuerza en la red, mantiene una activa secretaría de Género. Recientemente, por caso, las conductoras mujeres se sumaron a las acciones que acompañaron el debate del proyecto de interrupción voluntaria del embarazo. Pudo vérselas vestidas con el pañuelo verde que identifica la campaña y hasta una formación lució un gran lienzo en su frente que reclamaba por la legalización del aborto.

En Subterráneos de Buenos Aires (SBASE), las mujeres representan el 35% de los empleados. En los puestos gerenciales, sin embargo, son apenas una minoría. De las 13 gerencias con las que cuenta la empresa estatal en su actual conformación, sólo una, Planeamiento, es ocupada por una mujer: la ing. Diana Ramírez Bedoya, que asumió poco tiempo atrás en reemplazo de Mariano Cermesoni, promovido recientemente como director operativo de desarrollo.

En Trenes Argentinos Infraestructura (ex ADIF), las mujeres son un 30%. Al igual que en SBASE, la estructura orgánica consta de 13 gerencias, de las cuales sólo una es ocupada por una mujer, Valeria Kijanczuk, quien está a cargo de Administración y Finanzas.

En Trenes Argentinos Operaciones ocurre una situación similar. Los puestos jerárquicos están ocupados mayoritariamente por hombres, a excepción de la jefatura de gabinete (Ana Indart, empresaria del G25) y de la secretaría general, a cargo de María de las Mercedes Archimbal. Todas las gerencias, en cambio, están a cargo de hombres.

En las áreas operativas propiamente dichas la presencia del género femenino es marginal, cuando no inexistente. Y aunque en los últimos años se produjeron pequeños y tímidos avances, se está muy lejos de una situación ideal.

Aunque pocas, hay mujeres boleteras, guardas, banderilleras, mecánicas (la mayoría de ellas de ingreso reciente) y operadoras de control. La historia de muchas de ellas cobró notoriedad en 2015, cuando la periodista Luciana Peker publicó “Mujeres ferroviarias, experiencias de vidas sobre rieles”, un libro editado por Ferrocarriles Argentinos y el entonces Ministerio del Interior y Transporte.

Entre las afiliadas a la Unión Ferroviaria destaca Karina Benemérito, una de las líderes sindicales más importantes de la lista verde (oficialista) en la línea Roca, quien llegó a ser designada como miembro suplente del primer directorio de Ferrocarriles Argentinos y también fue candidata a diputada nacional en las últimas elecciones por el Frente Justicialista Cumplir.

Pero hay un ámbito que sigue siendo reinado absoluto de los hombres: la conducción de trenes. No hay en la Argentina maquinistas mujeres. En la última manifestación del 8 de marzo, un grupo de trabajadoras ferroviarias de la línea Sarmiento armó una suerte de pequeño tren de cartón pintado con el esquema de las formaciones CSR con una leyenda simple pero contundente: Mujeres a la conducción de trenes.

Recién en 2015 fue modificado el convenio laboral del sindicato La Fraternidad (integrado a la fecha únicamente por hombres) para permitir que las mujeres rindan el examen para acceder al puesto de conductoras. Según un informe publicado el año pasado por Infobae, dos mujeres se presentaron a la evaluación y una de ellas logró aprobar. Sin embargo, no obtuvo ningún puesto. Poco tiempo atrás, otra mujer intentó acceder al puesto de maquinista en la Administración General de Puertos, también sin éxito.

En el ámbito de la formación universitaria ocurre algo similar. Si bien las mujeres son mayoría entre la población estudiantil (más del 57% del total de estudiantes y casi el 62% de los egresados), en las carreras orientadas al transporte las proporciones se invierten. De acuerdo con cifras del Instituto de Transporte de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), hacia mediados de esta década las mujeres constituían un 30% de los ingresantes. El número es magro, pero puesto en perspectiva (en 2009, las ingresantes a las carreras ferroviarias eran poco más del 7%), resulta alentador. Indudablemente, los tiempos están cambiando.

Comentarios