Ubicado en pleno corazón de Caballito, fue el histórico hogar de los Brugeoise de la línea A, pero también sitio de reparaciones de trenes de todas las líneas. La flota actual convive allí con los coches de la Asociación de Amigos del Tranvía (AAT) y los belgas destinados a la restauración.

El Taller Polvorín, ubicado en Emilio Mitre y Avenida Directorio, es el más antigüo del Subte porteño. Construido en 1914 por la Compañía de Tranvías Anglo-Argentina (CTAA) para reparar y alojar a los coches de su “tranvía subterráneo” (actual línea A), es uno de los mejor equipados de la red.  Por sus instalaciones pasaron todos los coches del subte con alimentación de energía por contacto superior. Históricamente eran remolcados hasta allí por los legendarios trenes de madera La Brugeoise, et Nicaise et Delcuve, únicos capaces de operar tanto con tensión tranviaria (550 VCC) como con tensión del túnel, que hasta enero pasado era de 1100V en la línea A.

En sus primeros tiempos, sirvió también de estación de tranvías: al estar emplazado en el corazón geográfico de la ciudad, la Anglo lo usaba como punto de partida y llegada de numerosas líneas que surcaban la ciudad a principios de siglo.  Vale recordar que la CTAA era dueña del 80 % de la red tranviaria capitalina, por lo que su utilización era intensa. Sin embargo, sus huéspedes principales eran los coches del subterráneo. Fabricados en la ciudad belga de Brujas entre 1911 y 1921, los trenes que por 99 años, un mes y diez días pulieron los rieles de la línea A eran allí reparados, lavados y modificados por el excelente personal técnico que lo caracterizó a lo largo de su historia. Hasta hace muy poco fabricaban artesanalmente muchos de los repuestos necesarios para mantener a la flota en buen estado de conservación.

Coche La Brugeoise 16, con su formato original, en Polvorín en 1915.  Obsérvense las plataformas tranviarias en sus puntas para servicio en superficie. (Foto: Colección Adalberto Nogués en Scartaccini, Alejandro, “Historia viva“, www.busarg.com.ar, diciembre de 2007)

Refugio de la historia

En junio de 2008, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires aprobó la ley 2796 disponiendo la Protección Patrimonial para el Taller Polvorín. La iniciativa, presentada por el fallecido legislador socialista Norberto La Porta, protege también a las vías e instalaciones tranviarias que unen el taller con la estación Primera Junta de la línea A, al igual que aquellas que forman el circuito del Tramway Histórico de la Asociación de Amigos del Tranvía (AAT).

El arquitecto Aquilino González Podestá, presidente de la AAT, contó a este medio el proceso de fabricación de las zapatas de freno de madera que equipan los Brugeoise: “primero se cortan las zapatas a partir de bloques de lapacho. Luego, se las hierve en creosota en una gran olla durante una noche para darles mayor resistencia. Después, se las deja orear durante 24 horas para que la madera se impregne correctamente y ya están listas para usar“. La fricción entre las ruedas y esas zapatas de lapacho daban origen al característico olor a “madera quemada” de la línea A, perceptible con mayor intensidad en los tramos en que los Brugeoise alcanzaban mejores velocidades.

Quizás por la desidia que caracteriza a las autoridades responsables del transporte, el taller albergó numerosas piezas históricas que, milagrosamente, se salvaron de ser descartadas. En sus instalaciones se hallaron varias lámparas originales de los coches La Brugeoise: de bronce macizo, talladas con formas de hojas de acanto y con tulipas acampanadas de vidrio blanco.  El último coche que las llevó las perdió hace apenas dos años, cuando se le pusieron los actuales artefactos lumínicos hechos de acero inoxidable y plástico. Los miembros de la AAT también encontraron un antigüo trolley, varilla flexible que utilizaban los tranvías para capturar la electricidad de la catenaria, arriba del techo de una oficina. También allí descubrieron una puerta original de las plataformas tranviarias de los coches de la línea A, usada entre el 3 de junio de 1915 y el 31 de diciembre de 1926. En ese tiempo, a algunas de las formaciones que llegaban a Primera Junta se les desenganchaban sus dos primeros coches, que salían a superficie por la rampa, prestando un servicio de tranvía hasta la intersección de Rivadavia y Lacarra.

Coches de la línea A estacionados en Polvorín, 1915 (Foto: Colección Aquilino González Podestá en op.cit.)

En diciembre de 1962, los servicios tranviarios cesaron en la República Argentina.  Polvorín pasó a ser entonces un taller exclusivamente para los subterráneos de Buenos Aires, hasta que en 1980 la AAT puso en marcha su “Tramway Histórico”. Aprovechando las vías usadas para comunicar sus instalaciones con la estación Primera Junta, los Amigos del Tranvía ofrecen los fines de semana y los feriados un recorrido gratuito en los coches que han restaurado con esmero, esfuerzo y dedicación.

Entre ellos, se encuentran los United Electric Car (UEC) “2” y “3”, conocidos también como “Preston”, en referencia a la ciudad británica en donde fueron fabricados en 1913. Unidos en una formación especial circularon por la línea A desde su inauguración hasta que fueron radiados en 1977. Subterráneos de Buenos Aires, que entonces operaba la red, decidió conservar el coche 3 en condiciones operativas a modo de “coche histórico”. En diciembre de 1983, el 70° aniversario del Subte fue expuesto en la Avenida Nueve de Julio junto a una dupla de coches Fiat Matefer de fabricación nacional y de reciente construcción en aquel momento. A fines de la década del 90 el Preston fue cedido a la AAT, quienes lo restauraron a su condición original.

Coche 3 en la 9 de Julio, diciembre de 1983 (Foto: Gerardo H. Vega, op. cit.)

Coche 3 en Polvorín, restaurado por la AAT a su aspecto original (Foto: Aníbal F. Trasmonte, op.cit)

El coche 2 no corrió la misma suerte. Tras permanecer varios años abandonado en el fondo de una de las vías de Polvorín, sirvió como proveedor de repuestos para el coche 3 hasta que los Amigos del Tranvía lograron restaurarlo, por lo menos en lo que hace a carrocería.  Hoy, circula unido al coche 3 por los rieles de Caballito. El coche 4, luego de ser radiado, fue vendido a particulares que lo usaron para varios fines: vivienda, kiosko, mueblería. En 2000, fue publicado a la venta en el sitio MercadoLibre: la AAT rápidamente juntó los fondos y lo adquirió. Hoy, aguarda su restauración. Lamentablemente, el coche 1 no llegó a nuestros dias. A pocos años de su entrada en servicio, sufrió un incendio que destruyó completamente su carrocería de madera. Sobre el chasis, la Anglo montó una nueva carrocería metálica que contaba con un lujoso diseño de interior. A fines de los ’70, fue retirado de servicio activo y desguazado tras permanecer durante años en los terrenos de Polvorín.

En la noche del 30 de junio de 2009, la AAT realizó exitosas pruebas técnicas con los dos coches UEC en la línea A. Con la colaboración de Metrovías, recorrieron la línea celeste desde Primera Junta hasta Plaza de Mayo, con miras a implementar un servicio turístico en el Subte durante los fines de semana. Sin embargo, con la conversión de la línea a 1500V en el verano de 2013 dichas perspectivas se esfumaron con rapidez.

En los últimos meses de 2009, llegó a Polvorín el coche La Brugeoise número 10. Tras largos años fuera de servicio, estuvo alojado en el taller que Metrovías tiene en Villa Lynch, sobre la traza del Ferrocarril Urquiza. Metrovías inició entonces un proceso de restauración de la unidad. Fue pintado de color marfil con banda marrón central, luciendo la decoración de los tranvías de la Anglo en tiempos de la Corporación de Transportes de la Ciudad de Buenos Aires.  En 1939, la Corporación -ente formado por el Estado y las compañías tranviarias, de ómnibus y subterráneos- decidió aplicar este esquema a los coches de la línea A. No obstante, pocos lo recibieron ya que rápidamente llegó la contraorden: debía aplicárseles un esquema inspirado en el de la CHADOPyF, compañía española que construyó las líneas C, D y E, que es el que lucen en la actualidad (azul y gris con franja amarilla).

 

En servicio, aun pintado con el esquema de la Anglo (celeste grisáceo, que puede verse hoy en los English Electric) pero con el logotipo de la Corporación. (Colección Sergio Ruiz Diaz en Scartaccini, diciembre de 2007)

 

En el taller Polvorín, pintado con los colores de la CHADOPyF. (Fuente: sitio web de Metrovías)

Futuro de Polvorín

El contrato de concesión, que otorgó a Metrovías la explotación del Subte a partir de enero de 1994, estipulaba que la empresa debía construir el Taller Central “Mariano Acosta” en el predio ubicado en Autopista Dellepiane y Lacarra.  Este taller estaría al aire libre, pero conectado a la red por un túnel hasta la estación Plaza de los Virreyes de la línea E.  Metrovías comenzó su construcción a fines de los ’90, pero un derrumbe y problemas en los edificios de las zonas que atravesaba obligaron a suspender los trabajos por diez años.  En el marco de la Emergencia Ferroviaria dictada en enero de 2002, el Estado nacional se hizo cargo de esta obra, que fue finalizada hace algunos años pero aún no cuenta con vias, señales ni equipamiento eléctrico.  Mientras tanto, los terrenos de Lacarra sirven de depósito para los coches del subterráneo retirados de servicio.

Si bien en algún momento se especulaba con que el Nuevo Taller Central pudiera reemplazar a Polvorín, desafectando a este de sus tareas habituales y permitiéndole convertirse en un museo del Subte o sitio de resguardo para unidades históricas y preservadas, la reducción en el espacio disponible en el terreno de Lacarra y Dellepiane parece indicar que allí sólo se construirá una cochera-taller para la línea E. Su capacidad de atender a la flota de otras líneas sería, entonces, más que limitada.

Todo parece indicar que por el momento, Polvorín seguiría siendo el único taller capaz de atender las necesidades de mantenimiento de la flota de toda la red, exceptuando a la línea B y al Premetro.

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