El Subte de los homenajes

En sentido contrario a las tendencias mundiales y a las recomendaciones de especialistas en transporte, la red de Subte sigue su marcha en el proceso de cambio de nombres de estaciones, trocando los nombres de calles y avenidas aledañas, para colocar en su lugar nombres de escritores, músicos o personajes históricos, entre otros.

El reciente cambio de nombre de la estación Once de la línea H aprobado por la Legislatura Porteña reavivó la polémica acerca de los homenajes en el Subte. Es que el legislativo local cometió, por causa de la corrección política, un despropósito de proporciones, comparable al renombramiento de la estación Avellaneda del Ferrocarril Roca como “Darío Santillán y Maximiliano Kosteki”.

Un informe publicado esta semana por el diario Tiempo Argentino reveló que el 47% de las iniciativas aprobadas este año por la Legislatura corresponden a designaciones de personalidades destacadas, cambios de denominación de calles, escuelas o plazas y homenajes en general. El Subte no escapa a la lógica de trabajo homenajeatoria que se ha impuesto el cuerpo y los proyectos que buscan cambiar la designación de estaciones se acumulan.

El 47% de las iniciativas aprobadas por la Legislatura corresponden a designaciones de personalidades destacadas, cambios de denominación de calles, escuelas o plazas y homenajes en general

Algunos, como el de agregar a la estación San José la denominación “Facultad de Ciencias Sociales” parecen tener más razón de ser que otros cuyo único fin es el homenaje o la conmemoración, como es el caso de las estaciones “Malabia – Osvaldo Pugliese” y “Entre Ríos – Rodolfo Walsh”.

El caso de “30 de diciembre” es quizás el mejor (o peor) ejemplo de la situación. La nueva denominación reemplaza un nombre que designa una referencia urbana concreta y conocida por todos: la estación terminal ferroviaria Once de Septiembre del Ferrocarril Sarmiento, a la vez que la importante zona comercial que circunda a la estación.

Para empeorar las cosas, la estación ni siquiera estaba inaugurada cuando ocurrió la lamentable tragedia de República de Cromañón, a fines de 2004 y el luctuoso hecho ocurrió en un recinto ubicado a más de 300 metros de la estación en cuestión.

Otros proyectos se inscriben en la misma línea de conmemoración y homenaje sin tener en cuenta las necesidades del usuario del Subte. Tal es el caso del reemplazo de San José de Flores por Papa Francisco, San Pedrito por Hugo del Carril, Ministro Carranza por Miguel Abuelo, Florida por Tita Merello, Callao por Alfredo Bravo, Facultad de Medicina por René Favaloro, Plaza de los Virreyes por Presidente CámporaEva Perón o Juan Chalimin (hay más de un proyecto para la misma estación), Correo Central por Orquesta Sinfónica Nacional y otros sinsentidos.

Buenos Aires parece haberse enfrascado en la tarea de convertir a la red en un conjunto de estaciones para la memoria

A diferencia de lo implementado en las principales capitales del mundo, donde los especialistas en movilidad, transporte e incluso turismo sugieren llamar las estaciones por los nombres de los hitos urbanos en superficie o por los nombres de calles o avenidas cercanas, Buenos Aires parece haberse enfrascado en la tarea de convertir a la red en un conjunto de estaciones para la memoria.

La doble denominación de estaciones, impuesta como una solución de compromiso ha resultado poco práctica para su aplicación gráfica y de nula o escasísima utilidad para los pasajeros. Los murales, esculturas y ornamentación de las estaciones parecen ser un terreno más apropiado para el homenaje que el cambio de denominación. Máxime cuando este cambio puede comprometer la ubicación de los pasajeros.

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