Ante las suspensiones y demoras de siempre, nuevas reacciones de los pasajeros. La okupación de coches, una práctica que parece extenderse. Y en el medio, el silencio de los grandes medios.

Que el servicio público de subterráneos se presta de manera deficiente no es ninguna novedad, como no lo son las periódicas interrupciones y cancelaciones que sufre. Lo que sí constituye una novedad es una nueva respuesta de los pasajeros que contrasta con la indiferencia tradicional: en los últimos dos días, en dos líneas distintas, grupos de pasajeros se amotinaron en las formaciones reclamando tanto la continuidad del servicio como la atención de las autoridades. ¿Será efectiva la rebelión de los clientes para que Metrovías mantenga el material rodante y la invisible CNRT controle a la concesionaria?

El pasado lunes en plena hora pico, alrededor de las 17:45, se anunció por el sistema de audio que un tren estacionado en la estación Bolívar de la línea E no prestaría servicio. Los pasajeros, que ya estaban arriba de la formación esperando su partida, debieron volver al andén. A los pocos minutos y sin mediar aviso las puertas se reabrieron y los usuarios volvieron a poblar los coches para que el tren finalmente arrancara. Arrancó, pero a muy lenta velocidad. Según testimonios de Patricio Rosales y otros pasajeros, tardó unos 10 minutos en arribar a la estación Belgrano.

Una vez en Belgrano el conductor y el guarda, sin contar con el audio institucional, empezaron a avisar a los pasajeros que la formación de veteranos coches General Eléctrica Española “se quedó”. Alrededor de 30 minutos tardó en dejar la estación para dirigirse al tranco lento hacia Independencia, importante nodo combinatorio con la línea C de subterráneos. Nuevamente se detuvo y nuevamente salieron el guarda y el conductor, con la ayuda de un oficial de la Policía Federal, a anunciar que el tren no continuaría su recorrido.

Fuentes de enelSubte.com confirmaron que el origen del problema estuvo en la avería de dos motores de tracción, lo que prácticamente impedía continuar el recorrido. La formación debía ser vaciada de pasajeros y llevada, con el menor peso posible, hacia la cercana cochera-taller de la vieja estación San José. Una vez retirada del circuito podría retomarse el servicio en forma normal. Mientras tanto la línea E se encontraba interrumpida en su totalidad, lo que sólo se solucionó parcialmente al implementarse minutos más tarde un servicio corto entre Plaza de los Virreyes y Entre Ríos.

Ahora bien, el segundo problema fue que los pasajeros no estaban dispuestos a bajar. Una considerable cantidad de ellos, entre quejas e improperios –el enfrentamiento no pasó de lo verbal–, se amotinó literalmente en los coches de la formación. Entre reclamos a Metrovías y las autoridades públicas, lo cierto es que segurían allí hasta alcanzar su destino de un modo u otro. Algunos, señalan testigos, incluso llegaron a aferrarse de los pasamanos ante la pasiva insistencia del personal policial para que desalojaran el tren. La situación quedó congelada, lo mismo que la línea en todo su tramo este.

Más de dos horas después, alrededor de las 8:30, los pasajeros okupantes de la formación de Independencia se enteraron de que estaban saliendo formaciones vacías desde la contigua San José. Jugados a todo o nada, varios de ellos decidieron abandonar el tren y caminar por el túnel hasta la próxima estación. La consecuencia fue, esta vez, la interrupción total de la línea. Casi cuatro horas después de que la formación de la discordia saliera de Bolívar se la pudo llevar finalmente al taller y reactivar el servicio en toda la línea hasta el horario de cierre.

Eso pasó el lunes en la olvidada línea E, pero no es exclusivo a ella. Como comenta Marcelo de Wilde, en el día de ayer la concurrida línea D fue escenario de sucesos similares. Alrededor de las 19, también hora de gran afluencia de pasajeros, se quedó varada en la estación Pueyrredón una formación de coches FIAT Materfer que circulaba con destino Congreso de Tucumán. Mientras que la mayoría de los pasajeros siguió las indicaciones del personal y abandonó el tren, una minoría se negó y permaneció sobre los coches.

Un hombre con anteojos negros, en particular, se negaba rotundamente a bajar del tren –momento reflejado en la fotografía, también aportada por el lector Marcelo a través de participar@enelsubte.com–. Tras un intento infructuoso de convencerlo por parte del conductor se trenzaron en una discusión sobre las paupérrimas condiciones en que se presta el servicio. Su enojo tuvo algún efecto: los pasajeros pudieron enterarse de que el problema estaba esta vez en los frenos, que habrían sido arreglados y vuelto a estropearse. La demora, en tanto, afectó a todas las formaciones que venían de Catedral.

Recientemente ocurrió un problema similar, también en la estación Pueyrredón de la línea D. Un tren se quedó detenido por un desperfecto en una de las puertas, llamándose a los pasajeros a abandonarlo. La negativa de un grupo de ellos llevó, disputa con otros usuarios mediante, a que se terminara prestando un servicio especial a Congreso de Tucumán. La medida fue esa vez más efectiva.

Ninguno de estos hechos fue reflejado por los medios masivos. Apenas sí se dijo anteayer que la línea E presentaba inconvenientes. Es curioso, porque cuando meses atrás ocurrió una situación idéntica en el Metro de Madrid el matutino Clarín no tardó en reseñarlo. La movilización de los pasajeros sólo puede tener efecto con el acompañamiento mediático respectivo, que parece ir y venir como modas. Por lo pronto, a Metrovías no parece incordiarle demasiado. Qué le hace una mancha más al tigre.

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