A diferencia de la primer inauguración -de las obras- de la línea H, en esta oportunidad los vecinos quedaron afuera del evento oficial.

Hoy, después de 63 años, la Ciudad de Buenos Aires pudo por fin inaugurar una nueva línea de subterráneos. Las idas y vueltas a las que tras siete años de espera nos acostumbraron los funcionarios públicos, hoy también se hicieron presentes.

Si bien, un acto público, de un bien público, como es un subterráneo, un transporte publico, debería ser para todas las personas se hizo limitado a gente con “invitaciones” y credenciales.
Personal de seguridad (¿de seguridad?) requerían a los vecinos que quisieran entrar a presenciar el acto donde inauguraban el bien que pagamos todos los ciudadanos, credenciales de prensa o invitaciones oficiales, a las cuales ningún vecino podría tener acceso facilmente.

Si bien ese era el argumento de estas personas de seguridad, muchos vecinos, otros curiosos y miembros de nuestro staff pudieron acceder de todas formas al evento que puso en marcha a la sexta línea de subterráneos en la ciudad. No así, por ejemplo, la gente que lucha hace tiempo por “un subte público” quienes estuvieron fuera del acto, junto con otros vecinos.

El hermetismo que se mantuvo en cuanto a la inauguración de esta línea fue tal, que terminó ocurriendo lo que ocurrió. Gente que se quedó sin escuchar lo que decían los funcionarios a cargo. Las reiteradas postergaciones e inexactitudes de información, sumado al poco compromiso de las autoridades por dar a conocer algo tan importante, termino produciendo que el acto fuera un fracaso, a diferencia de las cinco inauguraciones de las otras 5 líneas de Subte, donde la gente fue la protagonista y colmó los andenes junto a los funcionarios de aquel entonces, en eventos patrióticos y masivos, propios de la celebración de la puesta en marcha de un servicio de tal magnitud, infraestructura y calidad para los porteños.

Muchos vecinos que pasaban por la zona no entendían lo que ocurría. Las preguntas comunes eran “¿por qué no podemos pasar?” “¿A qué hora la abren?”, entre otras similares, las cuales se repetían cada vez que alguien pasaba por la zona.

De todas formas, después de postergar una y otra vez la puesta en marcha del servicio (primero dijeron que a las 11.00 empezaba a funcionar, luego a las 11.30 luego a las 12.00, y así sucesivamente) el servicio funcionó durante aproximadamente unos 40 minutos, hasta que “un desperfecto” obligó a parar la línea por aproximadamente dos horas. Luego el servicio fue reestablecido.

 

 

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