El número de alerta es difícil de recordar y nadie atiende cuando se llama. Tampoco se terminaron de instalar las cámaras de seguridad prometidas, y el personal policial hace tiempo es invisible en los andenes.

El programa Subte Alerta, a casi cinco años de su implementación, deja mucho que desear.  Mientras la Selección argentina jugaba los partidos correspondientes al Mundial Alemania 2006, se produjo una serie de violaciones en las escaleras de la estación Callao de la línea B que incentivó el reclamo por mayor seguridad en los andenes del Subte. 

En pleno gobierno de Néstor Kirchner, el hoy procesado ex secretario de Transporte Ricardo Jaime diseñó el programa Subte Alerta para menguar el delito en los medios de transporte.  La promesa fue que dicho sistema, además, se haría extensivo a los ferrocarriles con el paso del tiempo.  El programa consistía de tres elementos fundamentales: la puesta en marcha de una línea telefónica de alerta (*31416), la instalación de cámaras de seguridad en andenes y pasillos cuyas imagenes podrían verse en tiempo real a través de Internet, y presencia policial permanente en las estaciones del Subte.

Este medio pudo comprobar que el sistema dista mucho de cumplir sus objetivos originales.  Respecto a la línea telefónica, el número no sólo es largo y por lo tanto difícil de memorizar (salvo para quienes recuerden el número Pi) y más aún de recordar en una situación de emergencia, sino que rara vez alguien responde al llamado del damnificado.  Luego de varias llamadas de prueba realizadas por enelSubte.com a lo largo de media hora, no se pudo obtener contestación alguna.

En lo que hace a las cámaras de seguridad, sólo fueron instaladas en la estación Callao (B) en los lugares en donde ocurrieron las violaciones, pero todavía se aguarda su instalación en el resto de la red.  Las cámaras de CCTV que se advierte en la mayoría de los andenes no pertenecen a este programa sino a Metrovías, que las colocó para custodiar accesos a estaciones y las boleterías.  De esta manera, líneas muy transitadas como la A y la B no disponen de cámaras de seguridad en la mayoría de sus andenes a pesar de que sus bóvedas están superpobladas de antiestéticas bandejas portacables que podrían aprovecharse para la instalación de los circuitos necesarios.

Finalmente, la presencia policial aun es aguardada con impaciencia por los usuarios.  Durante los primeros días de implementación de Subte Alerta, se podía observar a los agentes de la Policía Federal recorrer los andenes, pero fueron retirados sin explicación alguna a medida que los hechos de la estación Callao fueron paulatinamente olvidados.  En la actualidad, se pueden ver agentes custodiando algunas boleterías y líneas de molinetes sobre todo en las cabeceras, pero no los andenes.  El delito, en cambio, lejos está de disminuir: estaciones como Pastauer y Pueyrredón (B), Tribunales y Facultad de Medicina (D), Congreso y Plaza Miserere (A), Avenida de Mayo y Diagonal Norte (C), entre otras, son un paraíso para los punguistas a tal punto que el motorman debe advertir a los pasajeros que cuiden sus pertenencias cuando reconocen a uno de estos malvivientes accediendo a la formación.

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