El nombre de la futura estación terminal de la línea B provocó reclamos de los vecinos de Villa Urquiza.

Aunque el subte todavía no llegó a Villa Urquiza y no hay precisiones acerca de la fecha de llegada, la futura estación cabecera de la línea B, que estará en la intersección de Triunvirato y Monroe, ya tiene nombre. El proyecto del ex legislador kirchnerista Miguel Talento de denominarla Juan Manuel de Rosas-Villa Urquiza recibió un apoyo mayoritario de la Legislatura porteña el 10 de julio último.

Contra todos los pronósticos, y ante el rechazo casi unánime de los vecinos del barrio, la iniciativa superó todos los obstáculos parlamentarios: fue aprobada en doble lectura tras debatirse en audiencia pública y, se convertió oficialmente en ley con su publicación, el 6 de agosto último, en el Boletín Oficial, con el Nº 2785.

Durante la última sesión en el recinto, el proyecto obtuvo 40 adhesiones, cinco abstenciones de los diputados Avelino Tamargo, Raúl Puy, Aníbal Ibarra, Liliana Parada y Martín Hourest, y un voto en contra: el de Martín Borrelli, legislador de Pro.

“Quedé sorprendido no tanto porque el proyecto prosperara, sino porque nunca imaginé que el mío iba a ser el único voto negativo. Estimaba que doce o quince diputados podían coincidir con mi postura. Sin embargo, no fue así”, sostiene el solitario legislador disidente, que no obstante reconoce la legalidad de designar con el nombre de Rosas a la futura estación de subte. “No existen impedimentos normativos, pero no lo veo legítimo en términos históricos, culturales y políticos. No se consultó a sectores que podrían haber manifestado oposición a este proyecto, como las asociaciones vecinales. Si viviera, Rosas no hubiera resistido un juicio de la verdad. A la hora de argumentar este homenaje, una diputada dijo que Rosas no tenía una mísera calle en la ciudad, aunque olvidó decir que su imagen está presente en el billete de 20 pesos, que sus restos fueron repatriados de Inglaterra y que tiene un monumento en Palermo”, enumera Borrelli, que reside en este último barrio.

Principio vulnerado

Uno de los aspectos que más molestó a los vecinos de Villa Urquiza es que no se haya respetado la tradición popular de preservar los nombres de las arterias o lugares públicos que constituyen el entorno de las estaciones de subte.

“La nomenclatura urbana sólo tangencialmente conlleva el propósito de honrar los nombres de las personas o la memoria de los hechos. Su finalidad esencial es facilitarle al vecino y al paseante una mejor orientación ?aclara Ricardo Ostuni, miembro de número de la Academia de Historia de Buenos Aires?. Tanto es así que la nueva ley dispone que al nombre Juan Manuel de Rosas se agregue el de Villa Urquiza para evitar trastornos. Lo prudente es que la estación terminal de la línea B lleve sólo el nombre con que se designa al barrio desde 1901.” Al margen de lo expresado, Ostuni cree que la figura de Rosas merece, en otro ámbito, su definitiva reivindicación histórica “porque ha sido también artífice de nuestra nacionalidad”.

Eso es lo que defendió oportunamente el ex legislador Talento, al recordar que Juan Manuel de Rosas fue designado con poderes extraordinarios gobernador de Buenos Aires el 6 de diciembre de 1829 y desde aquel entonces, hasta el 3 de febrero de 1852, se constituyó en el hombre fuerte de la provincia. El impulsor del proyecto también citó que la ordenanza 29.905, de 1974, le había cambiado el nombre a la calle Monroe, que recuerda a quien fue presidente de Estados Unidos entre 1817 y 1925, por el de Brigadier General Juan Manuel de Rosas, aunque en 1976 el gobierno militar le restituyó el nombre de Monroe.

Los vecinos consideran débiles los argumentos y rechazan la decisión legislativa. Mediante una nota firmada por Miguel Hadad y Victoria Hernández, presidente y secretaria, respectivamente, la Comisión Centenario Permanente de Villa Urquiza solicitó a Mauricio Macri una audiencia para hacerle conocer su disgusto por esta ley y pedirle que la vete. “Los legisladores no tuvieron la delicadeza de mantener reuniones con vecinos o instituciones del barrio para conocer su parecer”, protesta Hadad.

Posiblemente los vecinos de Villa Urquiza hayan dejado pasar una histórica oportunidad de oponerse a este proyecto en abril último, cuando se realizó la audiencia pública para discutirlo. Allí los rosistas fueron mayoría e impusieron sus razones, ante la ausencia de referentes barriales.

“Lamentablemente, el análisis en la audiencia pública o en la Legislatura se basó en consideraciones políticas o históricas más que en la decisión de identificar un lugar determinado de un sistema de transportes. Por eso, esta ley debería derogarse de inmediato”, afirma Ricardo Bazzi, vicepresidente de la Junta de Estudios Históricos de Villa Urquiza.

Según Martín Borrelli, es imposible que el jefe de gobierno porteño resuelva dejar sin efecto la ley que tanto enfureció a los vecinos de Villa Urquiza. “Algunos colegas tomaron este proyecto como uno más de los que a diario votamos para denominar calles, monumentos y canteros, sin reparar en la connotación política ni en el interés de los vecinos de Villa Urquiza. Muchos diputados carecen de ideología y se prestaron a esta provocación”, razona Borrelli con pesar.

Más allá del nombre que finalmente se le asigne a la estación, que no es un tema menor, lo que también debería preocupar a los vecinos de Villa Urquiza es la demora que trae la llegada del subte al barrio. Pero ésa es otra historia.

Por Marcelo Benini.

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