Por qué no queremos un coche La Brugeoise en una plaza

Los Brugeoise podrían convertirse en cafés literarios concesionados en áreas públicas de la Ciudad. Más allá de la opinión que se tenga sobre esto, la estructura de madera de los coches los hace poco aptos para la intemperie. En el mediano plazo el deterioro podría tornarse irreversible.
Observatorio de Patrimonio y Políticas Urbanas

En estos días recibimos por parte de varias entidades y vecinos de Parque Avellaneda, la confirmación de que la Dirección General del Libro y Bibliotecas de la Ciudad de Buenos Aires ha propuesto instalar en el parque homónimo una unidad de los históricos coches La Brugeoise de la Línea A, convertido en Biblioteca.

Lo que no se plantea de cara a la ciudadanía, pero se baraja por lo bajo, es que estas bibliotecas no serán tales, sino cafés concesionados donde uno podrá, como han deslizado en varias oportunidades funcionarios del Gobierno de la Ciudad, sentarse a leer un libro propio o de los que estén en alguna estantería. Es decir, espacio público para fines privados; patrimonio cultural al mejor postor.

Pero, aun obviando cuestiones patrimoniales, ¿son acaso estos coches una buena opción para ser transformados en bibliotecas? Hay que recordar que los Brugeoise poseen carrocería de madera, por lo cual no son aptos para ubicarse a la intemperie, ni poseen cualidades ignífugas, según opinión de la arquitecta María Elena Mazzantini, especialista en técnicas de conservación de la madera y directora del programa de restauración de los Brugeoise, contratada por la propia Subterráneos de Buenos Aires.

En 2013, el peligro de la inminente pérdida de un patrimonio único y las poco tranquilizadoras ideas planteadas desde el ejecutivo porteño (vale recordar, desde el pretendidamente jocoso “asado” de Rodríguez Larreta, pasando por los bicicleteros propuestos desde el Ministerio de Espacio Público, hasta llegar a estas “bibliotecas” de la mano del empresario hotelero y titular de Cultura Hernán Lombardi), nos motivaron a presentar un amparo que aún hoy, protege de manera cautelar a la totalidad de los 94 coches que a principios de 2013 y con 100 años de antigüedad fueron arrojados a la intemperie.

Desde ese momento nos tomamos el trabajo de constatar in situ el cumplimiento de las medidas de conservación impuestas por la Justicia, y tras largos días de pericias judiciales comprobamos, entre otras cosas, que a través de los techos de placas terciadas y estructura reticular de madera y a pesar de la membrana asfáltica colocada hacía mas de 80 años, se filtraba agua que quedaba estancada entre las capas externa e interna de las lonas, pudriendo de adentro hacia afuera toda la estructura.

Las ventanas tampoco están preparadas de ninguna forma para brindar un cierre de tipo hermético, ni para soportar vientos laterales de mediana intensidad. Tras sólo tres meses de estar a la intemperie, el resultado fue la rotura de varios cristales, todo esto a pesar de las lonas que cubría los coches.

Estas no son las únicas cuestiones que deberían tenerse en cuenta. Insectos, hongos, filtraciones, entre otros, afectan en el corto y mediano plazo la estructura de la carrocería. Un coche de madera en una plaza es, teniendo en cuenta estos aspectos, una idea bastante desatinada. Más aún cuando los coches están expuestos a hechos incendiarios vandálicos, como los que lamentablemente sufren con cierta regularidad los ferroclubes de todo el país. En este caso, la combinación de madera barnizada y fuego termina siendo fatal. La AFBA (Asociación de Ferromodelistas de Buenos Aires) posee un triste record a este respecto, pero no son los únicos que se han visto afectados por estos incendios intencionales.

Deberíamos considerar que no es una buena opción utilizar estos coches para otro fin que no sea aquél para el que fueron construidos, más cuando garantizar la integridad de estos coches conlleva gastos muy superiores a los de construir bibliotecas de material con dimensiones y servicios apropiados.

Deberíamos recordarle al GCBA, además, que el artículo 13 de la ley 4886 sancionada en diciembre del año pasado por la Legislatura establece que aquellos coches que sean cedidos a organismos de Gobierno deben mantener necesariamente el carácter de patrimonio cultural, con lo cual toda adaptación que implique la alteración interna y/o externa es ilegal. A su vez, la ley es clara respecto de los casos en que sean entregados a entidades sin fines de lucro, ya que los obliga a realizar todas las tareas pertinentes a la conservación de los coches a su costo.

Es mejor pensar en edificios diseñados para bibliotecas, más verde en los espacios públicos de la Ciudad y a las Brujas honrando su pasado con un mejor destino.

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