El Gobierno porteño y la constructora china CREC no se ponen de acuerdo sobre los aspectos técnicos del proyecto. Si no se presenta el convenio antes de fin de año para que lo trate la Legislatura, podría caerse el acuerdo financiero ya firmado entre las partes.

Las negociaciones con China por la construcción de la línea G (Retiro – Villa del Parque) ingresaron en zona de turbulencias.  De acuerdo al sitio La Política Online (LPO), existen desacuerdos de magnitud entre la constructura CREC y Subterráneos de Buenos Aires Sociedad del Estado en la negociación por el acuerdo técnico del proyecto. Juan Pablo Piccardo, presidente de SBASE, negocia desde marzo con los chinos para reducir el costo final de la obra de los 108 millones de dólares por kilómetro actuales a alrededor de 100 millones, precio que se paga en la extensión de la línea H.

El principal problema que enfrenta esta negociación es que podría caerse el acuerdo financiero ya firmado entre las partes por 1400 millones de dólares a un 7% de interés (con gastos financieros incluídos) financiados en un 85% a 15 años con seis de gracia para empezar a pagar.  Desde el Ministerio de Hacienda, que conduce Néstor Grindetti, presionan para cerrar pronto la negociación técnica ya que temen que ante la actual coyuntura económica mundial y los intentos del gobierno chino por reducir su inflación interna, será más difícil para la Ciudad volver a lograr condiciones semejantes.

Fuentes de Hacienda explicaron al portal LPO que “ese es el acuerdo de financiamiento, pero el acuerdo técnico con CREC no avanzó y no llegó a la Legislatura. En el último viaje a China conseguimos que Exim Bank nos mantenga hasta fin de año las condiciones del préstamo para poder presentar el proyecto y un año más para que sea tratado. Pero el tiempo corre, y de perder esta oportunidad será muy difícil conseguir condiciones similares”.

Dentro de los planteos técnicos que realizó SBASE a finde reducir el precio final de la obra, se solicitó a CREC que no utilizara, por ejemplo, materiales antisísmicos ya que en Buenos Aires no existe riesgo de terremotos.  La constructora accedió a dicho pedido, pero aspectos como las instalaciones de potencia y los requerimientos de calidad de los trenes son los que actualmente empantanaron el acuerdo.  “Es como si le estuvieran pidiendo subtes europeos a los chinos. Te equivocaste de lugar”, bromean en Hacienda.

A estos problemas se suma la interna dentro de la gestión porteña respecto al acuerdo con China, sobre lo que este medio informó en repetidas ocasiones.  En ese sentido, el ministro de Desarrollo Urbano, Daniel Chaín, es el más firme defensor dentro del Gabinete de que la línea G se haga a través de SBASE según la metodología tradicional.  Para Chaín, la obra saldría más barata en ese caso ya que SBASE podría licitar en forma independiente cada una de las etapas de la construcción logrando mejores precios.  En febrero, Mauricio Macri le quitó a Chaín el control sobre SBASE (que dependía de su cartera) en castigo por su oposición al acuerdo con los chinos.  Los defensores del acuerdo sostienen que SBASE no puede garantizar que la obra esté operativa dentro de seis años, como prometen los chinos, si se construyen de a dos o tres estaciones como ocurrió con la línea H.

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