Nación se pone el Subte al hombro

El Secretario de Transporte se muestra hiperactivo en relación al Subte, buscando y logrando contrastar con el desorientado gobierno porteño.
Editorial enelSubte.com

El secretario de Transporte de la Nación, Juan Pablo Schiavi, conoce bien a Mauricio Macri, pues fue su jefe de campaña en 2003. Desde entonces se han distanciado a niveles difíciles de reconciliar. El funcionario también sabe de la problemática del Subte, pues fue ministro de Obras Públicas de Telerman. En un comunicado divulgado por Transporte el 3 de febrero pasado, Schiavi señaló que el Subte significa para el jefe de Gobierno porteño “una política de marketing”, mientras que para la Nación es una política de Estado.

En los últimos días de hecho dio a conocer una verdadera catarata de anuncios sobre el futuro de la red además de encargarse de resaltar las obras en marcha a cargo del gobierno nacional, que “está realizando todo con lo que se comprometió”: la extensión de la línea E hasta Retiro, obra que avanza a todo ritmo; la renovación de vías en los tramos faltantes de la línea D, ejecutada por Metrovías; y la finalización de las obras de modernización de la línea A.

A los trabajos en marcha se suman la adquisición de 18 coches a Alstom para uniformar y reforzar la flota de la línea D –presuntamente liberando los Materfer–, así como la materialización de la promesa hecha en 2008 de adquirir coches a la corporación estatal china CITIC para jubilar en buena hora a los casi centenarios coches La Brugeoise de la línea A. Schiavi asegura que los primeros de estos últimos comenzarán a llegar “en pocos meses”.

Ya se encuentra concedido el crédito de bancos chinos para realizar la compra de 85 unidades, tanto motrices como remolcadas, lo cual sumado al refrendo de la operación por decreto presidencial hace pensar que efectivamente sumará el Subte una nueva nacionalidad a su variada dotación de coches de pasajeros.

Al gobierno nacional le interesa especialmente que se concreten estas iniciativas, que resultan políticamente redituables desde donde se mire: significan una intervención directa de la Nación con beneficios concretos para el electorado porteño, si acaso el más esquivo; permiten contrastar y criticar al gobierno de Macri con hechos; y por último afianzan una relación político-comercial con China que Schiavi aspira a profundizar.

Por último, Schiavi anticipó que junto con el gobierno de la República Popular China “comenzaremos a estudiar la posibilidad de adecuar los túneles y las estaciones para que tanto en los coches como en los ándenes puedan funcionar en forma permanentes aires acondicionados”. Advirtió sin embargo que la red recién funcionará en forma equilibrada “cuando se construyan los 100 kilómetros de recorridos necesarios que debe tener una ciudad como Buenos Aires”. Construcción que debe realizar el GCBA, vale aclarar.

Tal es la hiperactividad subterránea de la Nación que algunos hasta especularon una vez más con la posibilidad de una transferencia de la jurisdicción, en línea con las intenciones oficiales de reestatizar el servicio que se ventilaron durante la seguidilla de paros por disputas sindicales ocurrida en noviembre pasado. Por el momento no hay indicios de que esté en los planes de Transporte volver el Subte a la Nación, lo cual precisaría de un acuerdo con el gobierno porteño por las acciones o bien el patrimonio de Subterráneos de Buenos Aires Sociedad del Estado (SBASE).

SBASE, como se sabe, no le importa mucho al gobierno de Macri. Tanto es así que, como respuesta a la fuerte marca personal que le está haciendo la gestión de Schiavi, Horacio Rodríguez Larreta tuvo que limitarse a decir que “todas las obras que sumen para la Ciudad son bienvenidas”. Y recordó que están buscando financiamiento –Grindetti viajó a Estados Unidos la semana pasada– para endeudarse y retomar las paralizadas obras a su cargo.

Incluso si consiguiera el financiamiento, en los planes de Macri sólo figura reactivar en principio las obras frenadas en las líneas A, B y H, terminando trabajos que el gobierno de Telerman ejecutaba con fondos propios y que según sus plazos ya deberían haber sido finalizadas. La estación Corrientes debería estar funcionando hace más de un año, por caso.

De modo que el jefe de Gobierno se encamina a no construir ni uno de los cuarenta kilómetros nuevos que sumaría a la red. Schiavi lo sabe y, político experimentado él, sabe dónde golpear. Si Transporte mantiene su ritmo el enfrentamiento al menos redundará en mejoras notorias y en que el Subte finalmente se esté moviendo, a pesar del gobierno porteño.

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