Murales y mayólicas, víctimas del abandono

La línea C es una de las más afectadas por las filtraciones. Mientras los murales y mayólicas de la estación Moreno se cubren lentamente de sarro, Metrovías coloca chapas para tapar el problema. Avenida de Mayo, con parches. La restauración de los murales de San Martín está detenida desde hace cuatro años.

Una de las características más habituales del Subte, por lo menos en los últimos quince años, son las filtraciones y el deterioro del patrimonio cultural que posee.  Si a eso se le suma la negligente acción modernizadora de la concesionaria utilizando materiales de baja calidad con combinaciones de colores de dudoso gusto, y su lentitud para reparar los problemas que aquejan al arte subterráneo, el panorama es desalentador.

La línea C, declarada Monumento Histórico Nacional en 1997, es una de las más afectadas.  Su primer tramo, entre Constitución y Diagonal Norte, fue inaugurado el 9 de noviembre de 1934 por la Compañía Hispano – Argentina de Obras Públicas y Finanzas (CHADOPyF).  La entonces denominada línea 1 se destacó rápidamente de sus antecesoras del Anglo Argentino (línea A) y del Lacroze (línea B) por sus exquisitas decoraciones: murales con paisajes de España y mayólicas profusamente ornamentadas con exóticos materiales para un transporte público adornaron sus estaciones.  Tal fue la importancia que la CHADOPyF otorgó a la estética de sus líneas que su gerente general, Rafael Benjumea y Burín, Conde de Guadalhorce, se encargó personalmente de elegir y supervisar la fabricación y colocación de los revestimientos que pronto le valieron a la línea 1 ser conocida como “el subte de los españoles”.

Poco queda ya de aquel pasado en condiciones de ser admirado sin un dejo de tristeza ante el abandono y el vandalismo que sufre cada día.  La estación Moreno es, quizás, la que en peor estado se encuentra: las filtraciones cubrieron de depósitos calcáreos grandes áreas de sus azulejos, en particular sus murales.  El ubicado en el andén a Constitución, diseñado por los ceramistas Martín S. Noel y Manuel Escasany y que muestra lugares de Bilbao, Santander, San Sebastián, Alava y Navarra, es afectado en estos momentos por una filtración de aguas duras que cubrió de sarro la mitad izquierda de la obra.  Adyacente al mural se encuentra una de las salidas al entrepiso de la estación: sobre su arco, Metrovías colocó las clásicas chapas plásticas acanaladas para evitar que el agua siga cayendo al andén, pero no se advierte una reparación que pueda detener el problema.  En ambos andenes, el agua ya arruinó gran parte del revestimiento de mayólicas.  


Depósitos calcáreos sobre los azulejos del mural.  Arriba, chapas plásticas para desviar el agua.

El entrepiso no está exento del deterioro.  Revestido íntegramente por azulejos que reproducen formas de animales mitológicos y rematados por una ornamentada guarda, estas piezas fueron decoradas originalmente con pintura hecha a base de polvo de oro.  Boleterías reubicadas a lo largo del tiempo, filtraciones, falta total de limpieza que evite el daño del uso cotidiano, pegatinas no autorizadas que permanecen años en su lugar, restos de pintura en los bordes son sólo alguna de las cosas que pueden advertirse sobre las mayólicas.  Al igual que aquellas de inspiración geométrica árabe de Independencia y San Juan, necesitan urgentemente una restauración.


Filtraciones sobre revestimientos decorados con pintura en base a polvo de oro y sobre mecanismos de escalera.

Otro punto a observar en la estación es el estado de la bóveda.  Pintada de azul oscuro por Metrovías en los años 90, contra toda recomendación de expertos o del sentido común que indica que no deben pintarse espacios cerrados de colores oscuros, se encuentra afectada en toda su extensión por la entrada de agua.  El extremo norte ya tiene la pintura descascarada, y se puede apreciar la base amarillenta por la suciedad del ambiente y las filtraciones.  Al contrario de Independencia, que fue tratada burdamente en años anteriores pero reparada al fin, Moreno se encuentra sorprendentemente abandonada a pesar de que en sus instalaciones funciona el Puesto de Central de Operaciones (PCO), desde donde Metrovías controla la circulación de los trenes de todas las líneas equipada con ATP.

Respecto a las causas, aun no existe un diagnóstico certero.  Desde Metrovías se dice que es responsabilidad de AySA (Aguas y Saneamientos Argentinos) reparar las instalaciones a su cargo que infiltran las estación.  En cambio, AySA dice que es responsabilidad de Metrovias: la gran cantidad de depósitos calcáreos sugieren que se tratarían de filtraciones provenientes de las napas freáticas.  Durante la construcción de la estación en los años 30, hubo que instalar bombas de achique para que las napas no inundaran la obra.  La curvatura del andén de Moreno se hizo precisamente para esquivar estos inconvenientes.

Avenida de Mayo, un orgullo en ruinas

Otra estación que se encuentra en muy mal estado es Avenida de Mayo.  Esta parada fue el orgullo de la ingeniería aplicada por la CHADOPyF y su contratista, la empresa alemana Siemens, en la construcción de sus líneas ya que está ubicada entre el túnel de la línea A y el de cargas del Ferrocarril Oeste en un punto que no había sido pensado para permitir el cruce de una línea de subtes.  Por tal motivo fue la que más atención recibió a la hora de ser decorada, con sus guardas en relieve y pìntadas también con polvo de oro, además de murales que muestran la unión entre España y la Argentina.

Años de filtraciones decoloraron los azulejos y motivaron vulgares reparaciones que pueden advertirse en las columnas centrales, andenes y accesos.  En la entrada al andén a Constitución desde la combinación con la línea A, varios azulejos fueron desprendidos para reparar una filtración y reemplazados por cemento pintado de verde.  Ya en la plataforma, se realizó una reparación similar salvo que, en lugar de utilizar cemento, se colocaron azulejos y guardas idénticos a los de la estación 9 de Julio de la línea D.


Remiendo de cemento marcado y pintado como los azulejos de 9 de Julio en lugar del revestimiento original.


Azulejos de 9 de Julio en Avenida de Mayo.  Además, graffitis en la señalética de estación.

La bóveda, blanca en tiempos de Subterráneos de Buenos Aires, fue pintada por Metrovías de color marrón oscuro.  En 2000, fue pintada de gris claro pero las filtraciones y el polvo obligaron a la concesionaria a pintar nuevamente la estación, esta vez de blanco, desde fines del año pasado, obra que aún no ha finalizado.

Los murales de San Martín, con restauración en suspenso

Al contrario de las demás estaciones de la línea, San Martín no recibió ningún tipo de decoración de parte de la CHADOPyF.  Inaugurada el 17 de agosto de 1937, fue añadida con posterioridad a la inauguración del tramo Diagonal Norte – Retiro.  Estas estaciones estaban unidas por un túnel, con la estación Lavalle en medio, que describía una pronunciada curva bajo Maipú que impedía el emplazamiento de una estación en la zona de Plaza San Martín.  Este tramo, que había sido inaugurado en febrero de 1936, duró poco en servicio: la empresa solicitó permiso para modificar la traza y construir una estación bajo la plaza.  Sin embargo, las dificultades financieras que atravesaba la empresa y los gastos que debía afrontar en la construcción de la actual línea D le impideron dotarla de una decoración semejante a sus antecesoras.

Recién en 1969 la entonces operadora estatal de la red, Subterráneos de Buenos Aires (SBA), decidió colocar una serie de ocho murales que conmemoraran la gesta sanmartiniana.  Estos estuvieron a cargo del artista plástico Rodolfo Medina y están hechos en cemento policromado.  En una carta de lectores enviada al diario La Nación el sábado 17, Medina cuenta que “en septiembre de 1977, por razones incomprensibles, fueron deteriorados aplicándoles una mano de pintura marrón que hizo desaparecer la policromía original”.  Días más tarde, en el diario Página 12, amplió su relato de lo ocurrido.  El capataz de la cuadrilla encargada de tapar las obras le dijo que “de arriba me ordenaron que los tapara. Pero quedaron bien, todos parejitos”.  El artista elevó su reclamo a las autoridades de SBA, quienes le explicaron que la orden había llegado del Comando en Jefe del Ejército porque habían aparecido “inscripciones subversivas” sobre los murales.

En 1978 Medina inició un juicio contra SBA, que ganó en 1982.  Recibió una compensación económica por daño moral “que alcanzaba para comprar un televisor blanco y negro”.  La guerra de Malvinas y el derrumbe de la dictadura militar complicaron aún más sus reclamos.  Ya en democracia, se entrevistó con todos los secretarios de Cultura que tuvo la Ciudad hasta que, en 2006, pensó que por fin sería escuchado.  “La arquitecta María de las Nieves Arias Incolla, de Patrimonio Urbano, se interesó por el tema y comenzaron trabajos de restauración”, a cargo del especialista Domingo Tellechea.  La no renovación de su contrato, sumada a la destitución de Aníbal Ibarra por el incendio de Cromagnon, paralizaron todo otra vez.  Tellechea, sin embargo, había llegado a remover la pintura de cuatro murales, que además presentan otros daños como rastros de filtraciones y depósitos calcáreos.  “Cuando llueve mucho, entra agua; Tellechea había pedido que protegieran las obras con una canaleta pero no le hicieron caso”, señala Medina. Tampoco se instalaron nunca unas placas explicativas que, junto a cada mural, ayudarían al pasajero a introducirse en la obra.

Tras varios meses dedicados a la lectura e investigación de la campaña del general San Martín, Medina realizó una serie de bocetos y ocho maquetas de los murales, también en cemento policromado pero a menor escala.  El artista conservó estas maquetas en su taller, por lo que sin dudas servirán de referencia para cuando se decida restaurar las obras.  “Al faltar el color, se pierde la lectura del mural: se desbarata el recorrido por las formas que, mediante los colores, el artista ha destacado”. La técnica de ejecución de estos murales, ubicados en un lugar de tránsito, “permitía una lectura sucesiva, al paso, que podía efectuarse de izquierda a derecha o de derecha a izquierda”, explica el artista.  Según da cuenta Página 12, Medina realizó el año pasado un video dirigido por Mónica Suwa y musicalizado por la Camerata Bariloche.  Allí, se muestran los bocetos y maquetas y se puede apreciar no sólo el estado original de las vandalizadas piezas de la estación, sino también la clara influencia del “Guernica” de Pablo Piccaso en la forma en que se muestra a los soldados en medio de deformaciones y miradas carentes de esperanza.

Los murales de San Martín no fueron la única víctima de la falta de criterio en la conservación del patrimonio de la red.  A fines de los años 60 el entonces presidente de SBA, ingeniero militar Oscar Fernando Córdova, decidió un radical cambio de la estética de muchas estaciones del Subte mediante el reemplazo de decoraciones originales por azulejos para baños.  Varias boleterías de la línea A – las de Piedras y Lima aún los conservan-, los accesos a las estaciones San Juan, Lavalle y San Martín de la línea C  fueron las víctimas de este ímpetu modernizador.  En el caso de esta última se colocaron azulejos celestes en pasillos y andenes que cubrían las desnudas paredes que había dejado la CHADOPyF.  En 1998, Metrovías los cubrió con revestimiento asfáltico de color gris y negro, el mismo aplicado en la línea B.  En 2006, fueron pintados de color ocre y negro, mientras las verdaderas obras artísticas sufren la desatención y el desprecio de todos.

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