Lucila Maldonado, arquitecta de la imagen de Metrovías, deja el Subte. Con ella, la empresa pierde mucho más que una vocera.

Metrovías y Ferrovías siempre se distinguieron del resto de las concesionarias ferroviarias. La segunda lo tiene ganado por el buen servicio y el moderado “milagro” que operó en una de las líneas que peor había dejado caer FEMESA. Metrovías, en cambio, recibió la línea Urquiza y el Subte en condiciones óptimas y relativamente buenas, respectivamente. Si por algo se distinguió siempre la empresa de Roggio fue por el empeño puesto en las relaciones públicas y la comunicación. Esa preocupación permanente por la imagen de la empresa se nota hasta hoy en la comunicación con el pasajero, el programa cultural y las campañas de bien público que emprende periódicamente Metrovías.

Y ese perfil no se explica sin Lucila Maldonado. Maldonado es, desde hace 15 años, la cara pública de Metrovías. Empezó como vocera hasta convertirse en gerenta de Comunicaciones y Relaciones Institucionales. Su empeño y profesionalismo son reconocidos, al punto de haber sido uno de los tres ternados en la categoría Joven Profesional del premio entregado por el 50 aniversario del Consejo Profesional de Relaciones Públicas. Abierta y accesible, su trabajo permanente de atención a los medios de comunicación explica que la concesionaria siempre lograra hacer conocer su visión, desde una interrupción del servicio hasta el actual conflicto por el traspaso.

Lucila Maldonado representó un nivel de identificación con la empresa que, desde Nazar Anchorena, sería deseable poder ver en los representantes de Subterráneos de Buenos Aires. Más allá de toda diferencia, de fondo y de circunstancia, este medio considera que los buenos profesionales del Subte deben ser reconocidos. En lo suyo, Lucila siempre destacó. Confiamos en que seguirá haciéndolo.

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