El diputado Alejandro Bodart considera que ampliar la red de Subte es la única forma en la que Buenos Aires puede disminuir la congestión vehicular. Opina que el Metrobus "es apenas un paliativo que no resuelve" los problemas de la Ciudad e insta a estatizar la prestación del servicio del Subte.

El metrobús acorta algunos tiempos de viaje, es cierto. Sin embargo, este sistema que Mauricio Macri presenta como solución innovadora es apenas un paliativo que no resuelve dos graves problemas de la Ciudad de Buenos Aires, vinculados entre sí y que además están en aumento: el caos de tránsito y la contaminación ambiental.

En primer lugar, el metrobús porteño en realidad es sólo un carril exclusivo para colectivos. No tiene los coches articulados ni ecológicos que pregona el “Plan de Acción para el Cambio Climático” macrista. Tampoco se avanzó en la prometida integración de las líneas ni la unificación tarifaria del transporte. Las mayores beneficiarias del metrobús son las empresas de colectivos privadas. Además, los niveles de contaminación permanecen. Y por sobre todo, en la Ciudad la gente no viaja bien.

El metrobús porteño aparece también como una fuente de negocios privados. Por eso, por ejemplo, el gobierno macrista prevé gastar 30 mil pesos por mes para la limpieza y mantenimiento de cada parada: un escándalo. Tampoco están claros los precios de las obras del Metrobus Norte que se harán en el municipio de Vicente López -que gobierna el primo de Macri-, cuyo costo aproximado es de 220 millones de pesos. Para evitar debatir estos puntos poco claros, el PRO se niega sistemáticamente a que cada nuevo corredor de metrobús sea discutido en la Legislatura.

Por otra parte, casi todas las líneas han generado complicaciones y sobrecostos. Desde los túneles de la Nueve de Julio, que no estaban previstos, hasta los conflictos por las escuelas, viviendas y edificios patrimoniales afectados por la obra que se hará en Paseo Colón. Recordemos además las dos estaciones de Pompeya que deben derribar para hacer el nuevo centro de transbordo, hasta las plazoletas sobre Cabildo construidas en 2013 y que ahora también van a destruir…

Este último caso muestra claramente la equivocada decisión política del gobierno macrista: la línea D de subterráneos, que debería llegar hasta la General Paz, la detienen en Congreso de Tucumán y a partir de allí la reemplazan por metrobús. Como es obvio, la inversión pública necesaria para construir subte es mayor que la del metrobús. Pero las ventajas del subterráneo son cualitativas y estratégicas: no solamente despeja el tránsito de superficie, sino que transporta mucha más gente y además no contamina. Por eso, para desalentar el uso del automóvil particular es clave ampliar la red de subte para que cubra toda la Ciudad.

Desde ya, mi propuesta no es seguir con el gran negocio de la empresa Metrovías -o de cualquier otra-, que recibe subsidios millonarios del Estado porteño al tiempo que se aumenta injustificadamente la tarifa. Propongo un servicio de subte estatal y con control de sus usuarios y trabajadores, que sea el eje de un sistema de transporte integrado, como tienen las principales capitales del mundo. En resumen: lucho por una Ciudad donde podamos viajar bien, en forma rápida, segura y económica, con menos colectivos y metrobús privado, y con más subte público.

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