La línea sufrió cuatro atrasos en la última semana relacionada con los arrebatos y punguistas que operan en sus andenes y trenes. Poca presencia policial y saturación, caldo de cultivo para los delincuentes.

La línea B sufrió esta mañana el cuarto atraso en una semana gracias a la cantidad de pungas y arrebatadores que hay en sus estaciones y formaciones.  Por ella viajan 350.000 pasajeros al dia, el nivel más alto de la red, que son presa fácil para los delincuentes ante las pésimas condiciones en las que se viaja.  Esto se ve agravado en las horas pico, cuando los trenes van tan llenos que los pasajeros deben aguardar al próximo en andenes saturados.

El servicio estuvo interrumpido hoy al mediodía ya que se aguardaba la presencia de personal policial en la estación Malabia para que interviniera ante un hecho delictivo.  No es la primera vez que ocurre en los últimos siete días: el viernes se registró un incidente similar en Uruguay que produjo la interrupción temporaria del servicio, mientras que en otros días se presentaron algunas demoras. 

El problema de los robos es tal que los anuncios por altoparlantes, que piden a los pasajeros tengan cuidado con sus pertenencias, se suceden con mayor frecuencia que el paso de las formaciones.  Por el mismo medio se repiten los llamados a personal policial, los cuales se pueden escuchar en toda la línea.  En los coches los guardas advierten, a veces con humor, a los pasajeros cada vez que observan que algún “punga” se sube al tren: según comentaron a este medio, los delincuentes ya son conocidos por los que allí trabajan, menos para la Policía.

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