El gobierno de Mauricio Macri decidió en diciembre el cierre de la línea A por dos meses, técnicamente evitable, con vistas a capitalizar la reinauguración en la apertura del año electoral. Para justificar la paralización se añadió que se restaurarían todas las estaciones. El trabajo es desconcertante.

Fotografía de Beatrice Murch. Pueden verse más de la reapertura de la línea en este especial

Además de poner en servicio los nueve trenes CNR adquiridos por el gobierno nacional, durante el cierre de la línea A se llevaría adelante según informó el GCBA una profunda renovación y puesta a punto de las estaciones. Los cambios, a la vista de los pasajeros, van más bien de la ausencia al desconcierto.

Las estaciones históricas de la línea A, entre Plaza de Mayo y Primera Junta, fueron catalogadas en 1997 como Monumento Histórico Nacional (MHN). Esa declaración, que las pone bajo protección de la Comisión Nacional de Museos y Monumentos, supone su preservación para “transmitir y afirmar los valores históricos o estéticos que en ese bien se concretan”. Una cantidad de disposiciones accesorias, nacionales y municipales, establecen la condición especial de los bienes protegidos.

A pesar de esto, la línea A apareció poblada de una serie de intervenciones artísticas de dudoso gusto. Cierto es que la mayoría no son siquiera trabajos que puedan perdurar, porque muchas de las nuevas ilustraciones no son más que ploteos o calcomanías colocadas sobre la pared. Pero cabe preguntarse cuál fue el criterio del GCBA para elegir los murales y otras “obras de arte” que se sumaron a la línea, muchas de las cuales no guardan relación alguna con su historia o con la estación en la que están ubicadas. Algunos trabajos de pintura parecen difíciles de entender, como el pintado de negro de las antiguas boleterías de Perú. Mención aparte merecen, por su mala factura y descarada intención publicitaria, los espejos que pretenden recordarle al pasajero que la estación es suya. Más bien, siempre lo fue. Si acaso, antes las estaciones tenían menos amarillo.

De todas maneras, lo anterior puede ser considerado una valoración estética. No es lo más grave. Las estaciones transcurrieron los dos meses de cierre sin que se hiciera ninguna tarea de mantenimiento necesaria. Innumerables filtraciones y marcas de humedad permanecen en su sitio o fueron tapadas con las calcomanías de marras. Partes del alicatado que se encuentra desprendido en algunas estaciones fueron dejadas tal cual estaban, mostrando así estaciones históricas con mayólicas faltantes mientras que parecen prioritarios carteles de “En todo estás vos”.

No puede alegarse que los materiales no pudieran fabricarse. Cuando en 2006 Metrovías encaró, por cuenta del gobierno nacional, la renovación total de estaciones e infraestructura fija, se respetó íntegramente la estética histórica y hasta se renovó por completo el alicatado en las estaciones intervenidas, que con el curso de las décadas había sufrido modificaciones y remiendos poco honrosos. Es cierto que la factura de ese trabajo estuvo lejos del revestimiento colocado en 1913, que duró casi cien años. Pero sigue sin explicar a qué se dedicó el GCBA si no pudo siquiera reparar el revestimiento dañado de estaciones que son monumento histórico.

La tan celebrada reinauguración de la “nueva” línea A muestra signos de una improvisación y desprecio por el patrimonio que no podrían calificarse a esta altura de llamativos, aunque no son por eso menos preocupantes.

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