La promocionada obra habría sido entregada a Benito Roggio, asociado a consorcios chinos, en un acuerdo hecho a medida por el Ministerio de Planificación. Urgencias electorales en un distrito hostil al kirchnerismo.

Desde que en 2004 circularon rumores de millonarias inversiones chinas en Argentina, el proyecto del Subte cordobés está en danza a la espera de que alguien saque la primera palada de tierra.  Hasta el momento, se sabía que en junio de 2008 la constructora Benito Roggio había elevado un proyecto para hacer la obra, que contaba con el visto bueno del Ministerio de Planifiación Federal y de su titular, el arquitecto Julio De Vido.  No obstante, la Presidente firmó en julio de este año un acta de entendimiento con consorcios y bancos chinos para la realización de la obra mientras que el apellido Roggio parecía haberse esfumado sin más.  De acuerdo a información reservada a la que pudo acceder este medio, esto nunca fue así.

De acuerdo a estas fuentes, los empresarios chinos (China Railway International y el Eximbank) habrían propuesto originalmente el Subte cordobés a la constructora Roggio, quien se haría cargo de los trabajos mientras los chinos proveerían el financiaminto necesario a un interés del 3% anual a un plazo de tres años.  Con la ingeniería financiera resuelta, Roggio elevó la propuesta al Gobierno nacional, que aceptó gustoso ya que le proveería de un excelente argumento para recuperar votos en Córdoba, manifiestamente hostil al kirchnerismo tras el conflicto con el campo. 

Hasta allí, parece un simple contrato de cooperación internacional con socios locales.  Sin embargo, las fuentes remarcan que tal operatoria se realizó no sólo sin licitación sino sin siquiera contar con los pliegos técnicos necesarios.  El 22 de octubre, se firmó el contrato tras una reunión entre De Vido y Aldo Roggio.  “Es fundamental para el matrimonio Kirchner comenzar con el subte de Córdoba antes de las elecciones”, habría dicho el ministro.  Roggio respondió: “De Vido, no hay pliego, no hay nada todavia”.  “¡Invéntenlo, no me importa!” bramó el funcionario. 

El proyecto, que permitiría que unas 200.000 personas puedan viajar a diario en subte por la capital cordobesa, prevé cuatro líneas para cubrir un recorrido de 18,57 kilómetros, a lo largo de los cuales habrá 30 estaciones.  La inversión prevista es de entre 1.560 y 1.800 millones de dólares, con una financiación a 15 años, un plazo de gracia de 36 meses y una tasa de interés del 8,5% anual.  No obstante, dicha infraestructura parece desproporcionada para transportar solamente 200.000 personas si se la compara con algunos guarismos del Subte porteño. 

En ese sentido, la línea A transporta 216.000 pasajeros diarios por una traza de 8,3 kilómetros y 15 estaciones (contando a Pasco y Alberti como una sola).  Los defensores del Subte cordobés argumentan que Córdoba tiene hoy una cantidad de habitantes similar a la que tenía Buenos Aires en 1913, pero olvidan mencionar que antes de construirse la línea A la Capital contaba con una red de 875 kilómetros de tranvías (una de las más grandes del mundo) y una aceitada red de ferrocarriles suburbanos que cubrían buena parte de la demanda de transporte.  Quizás, Córdoba debería evaluar previamente la construcción de medios de transporte alternativos como hará Rosario, o bien que su pretendida red de Subte funcione previamente como un premetro al estilo del que funciona en Bruselas, por cuyos túneles circulan formaciones tranviarias pero ya la infraestructura queda preparada para prestar servicios como “metro” una vez que crezca la demanda.

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