Habemus línea H. ¿Y ahora?

Finalmente, tras demasiadas idas y vueltas, la red de subterráneos cuenta entre sus líneas con la esperada H. Un balance de las obras terminadas y las que resta encarar para que la nueva línea cumpla su cometido.
Editorial enelSubte.com

Pasaron cinco meses desde la inauguración de las obras a cargo de Jorge Telerman. Pasaron 63 años pero finalmente la línea H funciona. El recorrido no es el definitivo pero alcanza para creer que se avanzará. La controvertida inauguración pudo ser posible, a pesar del recurso de amparo presentado por Franco. El mismo jueves, el juez Vicente Cataldo autorizó la inauguración en medio de denuncias por el mal estado del material rodante.

Los funcionarios de la Nación y la Ciudad finalmente inauguraron la línea en un acto que podría llamarse privado, hermético, que contó con la infaltable organizadora de eventos Metrovías S.A. Con idas y vueltas, sobre el horario, los funcionarios realizaron la marcha blanca –el segundo primer viaje– alrededor de las 11:30. Media hora más tarde, la línea estaba abierta al público usuario. Sin embargo, continuaron los problemas. Aproximadamente a las 12:15 la línea tuvo que ser suspendida por problemas “técnicos”. Versiones cruzadas indicaron que fue por el amparo presentado por Franco. Lo cierto es que a las 14:30 la línea funcionaba nuevamente con normalidad.

Ahora bien, después de este evento de gran magnitud, vale plantearse si es suficiente. La respuesta inmediata es no. Las cinco estaciones que se inauguraron comenzaron a construirse en el 2000 y un tramo de tres kilómetros tardó siete años en ser inaugurado y puesto en marcha. El escueto recorrido de la nueva línea, por ahora, es sólo funcional a los habitantes de los barrios de Once y Parque Patricios. De momento, la línea H no será esa gran solución para permitir unir las líneas radiales y descongestionar la saturada línea C. En otras palabras, con su actual trayecto la línea sumará más pasajeros a la red de los que permitirá redistribuir.

De las cinco estaciones inauguradas sólo Once es un gran centro de trasbordo, en Jujuy no podrá esperarse mucho movimiento y las restantes tres estaciones están localizadas sobre una línea que prácticamente no va a ningún lado. Es necesario extender la línea hacia Retiro en el norte y Pompeya en el sur cuanto antes. Las tres estaciones en construcción son un paso importante, en particular la combinación con la línea B –la que más pasajeros transporta– en la estación Corrientes, pero todavía no se llamó a licitación para los tramos siguientes y el problema del transporte urbano sigue sin solución a la vista.

De esto se enlaza otro gran problema. La operación y el mantenimiento de la línea fue dado en concesión a Metrovías, empresa duramente cuestionada por infinidad de falencias de seguridad y mantenimiento en el resto de la red a su cargo. Una decisión apurada, en cinco estaciones que tardaron siete años en construirse, le permitió a Metrovías hacerse cargo de algo que no tenía por qué operar y de los millonarios subsidios que recibirá a cambio de correr trenes ajenos en instalaciones ajenas y la única obligación de preservar y mantener el patrimonio ajeno. Esa ajenidad pertenece a Subterráneos de Buenos Aires S.E. y, a través suyo, a todos los vecinos de la Ciudad.

De todas formas, la ruleta está en marcha. Dependerá de las autoridades y también de los pasajeros y vecinos exigir mejoras sustanciales. Exigir trenes nuevos. Exigir servicio digno. Exigir el mantenimiento del patrimonio público. Exigir que se explique por qué opera la línea Metrovías. Exigir plazos más cortos. Lo cierto es que ya hay cinco nuevas estaciones funcionando, un barrio más conectado –aunque a medias– a la red de subterráneos y tres estaciones en construcción. Y todavía falta mucho.

 


(Hora pico: a una semana de su puesta en marcha, la línea H ya cuenta con pasajeros que hacen uso del servicio)

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