Estudio advierte sobre los problemas de salud que causa el ruido en el Subte

Un estudio elaborado por la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) detectó picos de ruido que superan lo permitido en algunos tramos de la línea C. Problemas de audición, irritabilidad, náuseas y ansiedad serían los principales efectos en pasajeros y trabajadores. Sugieren mejorar el mantenimiento de coches y vías para disminuir la contaminación sonora.

La línea C es, por enésima vez en su historia, objeto de un estudio sobre la contaminación sonora que se vive a diario en sus túneles.  Según un estudio realizado por alumnos de segundo año de la carrera de Ingeniería de Sonido de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, el promedio de ruido en los 12 minutos que dura el viaje entre Retiro y Constitución no supera los 90 decibeles (dB), límite máximo aceptado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para exposiciones de más de 15 minutos.  Sin embargo, en tramos como Lavalle – General San Martín o San Juan – Independencia se detectaron picos de entre 106 y 114,5 dB, claramente superiores a lo permitido.  El informe de la UNTREF será presentado el 9 de septiembre en el II Congreso Internacional de Acústica, que se lleva a cabo en dicha institución educativa.

Según señala el equipo que realizó el trabajo, a cargo del profesor Florent Masson, la exposición prolongada a niveles tales de ruido provoca no sólo problemas de audición sino también náuseas, mareos, irritabilidad, agotamiento y ansiedad.  Entre las fuentes principales de la contaminación sonora en la línea C, se detectaron el frenado de los coches, infraestructura de vía deteriorada, el rodadamiento de las formaciones, la falta de burletes en las ventanillas, la apertura-cierre de puertas y las alarmas. 

Los problemas de ruido en la línea C tienen una larga historia.  Las formaciones Siemens O&K, que circulaban allí desde la inauguración de la línea en 1934, provocaban niveles de ruido sensiblemente superiores a los que se advierten en la actualidad.  En 1998, se reemplazaron las vías por la infraestructura existente en la actualidad: rieles asentados sobre durmientes de hormigón sin balasto.  Esto provocó un marcado aumento de la contaminación sonora, sobre todo en las curvas gracias a la considerable distancia entre ejes de los coches Siemens.  En esos puntos, sobre todo en Diagonal Norte, se colocaron lubricadores de vías que no lograron solucionar el problema.  A partir de 2004, Metrovías comenzó a instalar paneles fonoabsorbentes en las paredes de los túneles, a lo que en 2007 se sumó el reemplazo de los Siemens por los actuales “Nagoya”.  Sin embargo, el estudio demuestra que la solución elegida no fue la mejor ya que el ruido tiene frecuencias bajas (entre 20 y 63 Hz) que no pueden ser completamente neutralizadas por los paneles “sobre todo por el tipo y la forma de colocación”.  Para Masson, debería mejorarse el mantenimiento de coches e infraestructura.  “El ruido y las vibraciones aparecen por las deformaciones de los rieles, el roce de las ruedas con los rieles, la gran cantidad de butacas sin tornillos y ventanas con burletes en mal estado. Todo eso disminuiría si se trabaja sobre esas fuentes del problema”.  Incluso sugirió que se instale aire acondicionado en las formaciones para poder insonorizarlas completamente. 

Como parte del estudio, se realizó una encuesta entre 250 usuarios frecuentes de la línea C: el 61% de la muestra calificó el nivel de ruido con nota 8 o superior, siendo 10 “insoportablemente ruidoso”.  “Este trabajo me abrió los ojos -dijo Sebastián Ausili, coautor del estudio con Nicolás Urquiza y Pablo Margaretic-. Aunque Buenos Aires es una de las ciudades más ruidosas del mundo desde hace tiempo, comprobamos que a la mayoría eso le molesta. La ley que rige la contaminación acústica en la ciudad no tiene más de seis años y aún no existe una que reglamente esa contaminación en las estaciones y los vagones. Evidentemente, se necesita un avance de la ciencia acústica en el país y la concientización sobre lo que estos contaminantes pueden provocar en las personas, los animales y las edificaciones.”

Para el ingeniero Alejandro Bidondo, coordinador de la carrera de Ingeniería del Sonido en la UNTREF y del congreso, que comienza hoy, “este estudio es un excelente punto de partida” para crear una base de datos sobre la salud de los maquinistas, la exposición de los pasajeros y el tipo de materiales que se están usando para el revestimiento de los vagones y el túnel. “Debemos empezar a poner la atención en estos temas”, insistió.

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