La reapertura fue propuesta por el Gobierno y alcanzará ramales fundamentalmente suburbanos. Se espera atraer a inversores privados con el objetivo de incentivar la construcción de viviendas en cercanías de las líneas a rehabilitar. La medida busca revertir una serie de clausuras decididas en los años 60, emprendidas luego de la publicación de una suerte de "Plan Larkin" británico.

El Gobierno británico presentará un plan para reabrir varias líneas ferroviarias que fueron clausuradas durante un plan de racionalización de la red emprendido durante los años 60 y 70.

El secretario de Transporte, Chris Grayling, afirmó en declaraciones a la prensa que “muchos servicios locales de pasajeros están colapsados y continúan recibiendo nuevos usuarios, por lo que los pasajeros saben la presión que está soportando la red. Necesitamos expandir nuestros servicios para generar nuevos puestos de trabajo y alentar la construcción de nuevas viviendas a lo largo del país”.

En ese sentido, las autoridades convocarán a la presentación de ofertas para la recuperación de varias líneas fundamentalmente suburbanas, como aquellas que rodean la ciudad de Bristol y un ramal que pasa por el centro de Birmingham, aunque los proyectos oficiales también incluirían los ramales Okehampton-Exeter y Blyth-Ashington.

No obstante, el proyecto más ambicioso supone la reapertura del ramal ferroviario que comunicaba Oxford con Cambridge, cuyas tareas de planificación fueron aceleradas con la esperanza de que se pueda atraer inversión privada no solo para restablecer los servicios sino también para construir miles de viviendas en una de las zonas más pobladas de Inglaterra.

Grayling aseguró que el Gobierno buscará “trabajar con socios locales” para desarrollar proyectos similares en otras partes del país pero que estos deberán presentar planes de negocios lo suficientemente sólidos como para poder recibir el aporte de fondos estatales.

La propuesta oficial fue recibida con escepticismo por la oposición laborista, que impulsa la renacionalización de los ferrocarriles una vez caducados los contratos de concesión actualmente vigentes. Andy McDonald, secretario de Transporte en las sombras del laborismoseñaló que “los Tories -como se llama al Partido Conservador, actualmente en el gobierno- tienen un historial de inversiones demoradas, degradadas y canceladas, de enormes disparidades en las inversiones en trasporte regional y de elevados aumentos tarifarios que expulsan a los usuarios de los ferrocarriles”.

En los gremios del sector, las intenciones del Gobierno también recibieron una fría acogida. El secretario general de la Unión Nacional de Trabajadores de Ferroviarios, Marítimos y de Transportes (RMT), Mick Cash, dijo que el plan no es más que “promesas rotas”. “Es cómico que Chris Grayling proponga expandir la capacidad de la red ferroviaria hacia el futuro cuando en el presente lo que hace es reducir el financiamiento para nuevas obras de electrificación y recorta personal”, sostuvo. Sin embargo, el secretario general del gremio de maquinistas Aslef, Mick Whelan, saludó la iniciativa aunque sugirió modificar el sistema de concesiones ferroviarias vigentes y evitar seguir abriendo la red a nuevos operadores privados bajo el sistema open access.

Los ramales en cuestión fueron clausurados a partir de 1965 luego de la publicación de dos informes redactados por el entonces presidente de la empresa ferroviaria estatal British Rail, el doctor Richard Beeching, con el objetivo de reducir el déficit que generaban los ferrocarriles y, así, reducir los subsidios que se necesitaban para operar los diferentes servicios de pasajeros y de cargas. De acuerdo al espíritu de la época, que tuvo su correlato en Argentina a través del Plan Larkin, los recortes fueron sugeridos bajo el argumento de que el servicio de cargas y de pasajeros podría proveerse de manera más eficiente mediante camiones y autobuses.

El primer informe, publicado en 1963 bajo el título The Reshaping of British Railways, identificó 2363 estaciones y alrededor de 8000 kilómetros de vías (de una red de 29.000 kilómetros en total) que podrían clausurarse a la vez que sugirió medidas que hoy son de uso estándar en la industria, como el transporte de cargas mediante contenedores. En su segundo informe, The Development of the Major Railway Trunk Routes (1965), propuso una reorganización del tráfico ferroviario en nueve líneas troncales a lo largo de sólo 3000 kilómetros de los 12.100 hasta entonces en servicio.

Si bien una serie de protestas logró salvar algunos sectores de la clausura, para 1968 alrededor de un tercio de la red ferroviaria británica había sufrido el impacto de las propuestas que fueron popularmente denominadas the Beeching axe -“el hacha de Beeching”-. Si bien es imposible calcular su real impacto en las finanzas de la empresa estatal, estimaciones del Ministerio de Transporte sugirieron que para 1968 los recortes significaron un ahorro de alrededor de 100 millones de libras de la época (2144 millones de dólares de la actualidad) que fueron absorbidos por aumentos salariales subsiguientes. Sin embargo, su impacto fue aun mayor dado que muchas de las líneas clausuradas eran “alimentadoras” de líneas troncales, cuyo tráfico disminuyó y, consecuentemente, se empeoró el problema del déficit operativo además de dejar a comunidades alejadas sin servicios de transporte confiables.

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