El traspaso de Ferrobaires a la Nación es impostergable

La suspensión de los servicios de Ferrobaires anunciada por el gobierno bonaerense torna urgente su demorado traspaso a la Nación. Que Ferrocarriles Argentinos se haga cargo de sus servicios es imperioso para garantizar la continuidad del tren, la seguridad y el confort de los servicios, y la estabilidad laboral de los trabajadores.
Editorial enelSubte.com

La suspensión de todos los servicios de pasajeros brindados por la Unidad Ejecutora del Programa Ferroviario Provincial (UEPFP) dada a conocer en la noche de este jueves abre un período de incertidumbre para los ferrocarriles bonaerenses.

Las opciones que están sobre la mesa no son demasiadas, pero casi todas ellas requerirán del auxilio o de la intervención del Estado nacional. Cualquier solución que se termine adoptando debería garantizar al menos tres cosas: la continuidad de los servicios ferroviarios, el mejoramiento de las condiciones de seguridad y confort en que se brindan dichos servicios y la estabilidad laboral de los trabajadores. Una opinión que circuló por internet en estos días señalaba, con buen tino, que a Ferrobaires no le sobra personal, sino que le faltan trenes.

enelSubte.com ha abogado desde hace más de un año por el urgente traspaso de los servicios ferroviarios que administra la provincia de Buenos Aires al Estado nacional.

El rescate de Ferrobaires, cualquiera sea la forma que adopte, requerirá de la intervención del Estado Nacional. Sería deseable que la Nación no se limite únicamente a cederle coches y locomotoras, lo que solo lograría prolongar su agonía. La solución superadora es la que se encuentra pendiente desde hace una década: su transferencia a la Nación y la absorción de sus servicios por parte de Ferrocarriles Argentinos.

Ferrobaires pudo, mal o bien, quizás con más vicios que virtudes, cumplir la misión histórica que se le impuso en 1993, cuando los trenes eran considerados parte de un pasado que era preciso borrar: impedir que el ferrocarril desapareciera de la Provincia de Buenos Aires.

Pero desde hace al menos quince años, la empresa se encuentra en un estado terminal, producto de la desidia, la desinversión y el deterioro. Ferrobaires sufre una agonía prolongada, quizás demasiado prolongada. Siguió viva, pero funcionando cada vez peor, con menos coches, menos clases, menos confort, menos servicios, menos frecuencia, menos regularidad, menos seguridad y, en definitiva, menos trenes.

Desde hace años la empresa logró sostener o reactivar muchos de sus servicios gracias a las migajas que le dejó el Estado nacional: el Martita, por caso, corrió largo tiempo con una locomotora radiada de la sección local del San Martín (la Alco RSD-16 “B 820”), hasta que la CNRT prohibió que traccionasen trenes de pasajeros; el reactivado servicio a 25 de Mayo pudo concretarse gracias a la cesión de un cochemotor Nohab, reemplazado más tarde con material rodante y tractivo de la sección local del Roca (una locomotora G 12 y coches Sorefame).

Sería deseable que en esta ocasión, el papel del Estado nacional no se limite a cederle locomotoras y coches, repararlos y seguir adelante, porque eso significaría colocar un respirador artificial que no haría más que prolongar aún más esa agonía.

Esa degradación no es patrimonio exclusivo de Ferrobaires: en diferente grado fue experimentada por todas las empresas provinciales, muchas de ellas hoy desaparecidas y transferidas a la Nación. Es por esto, precisamente, que el intento de provincializar o reprovincializar los trenes que lleva adelante Guillermo Dietrich es un total contrasentido. No sólo porque se asienta en un marco legal caduco, sino porque la experiencia histórica demuestra el fracaso de esa política.

Los instrumentos legales para que Ferrocarriles Argentinos se haga cargo de los servicios de Ferrobaires están dados. Material rodante tampoco falta. Resta la decisión política, que debería orientarse a garantizar la continuidad de los servicios y la estabilidad laboral de los trabajadores, así como a mejorar la seguridad y la calidad de los servicios.

En 2007, cuando ni siquiera existía la SOFSE ni ninguna empresa ferroviaria operadora estatal, el ex gobernador Felipe Solá firmó la transferencia de los trenes provinciales a la Nación, algo que nunca se cumplió. El escenario cambió sustancialmente en 2015, tras la sanción de la ley de Ferrocarriles Argentinos, que obliga a la Nación a rescatar los contratos de concesión “suscritos con las provincias en el marco del decreto 532 del 27 de marzo de 1992”. La UEPFP es, precisamente, una de esas concesionarias.

Los instrumentos legales para que Ferrocarriles Argentinos -o como quiera que se llame ahorase haga cargo de los servicios de Ferrobaires están dados. Material rodante tampoco falta, porque aún hay coches CNR disponibles. Inclusive, muchos servicios de Ferrocarriles Argentinos tienen frecuencia semanal y sus coches permanecen ociosos el resto de la semana, por lo que podrían reemplazar con prontitud algunos trenes de Ferrobaires como el Martita (que corre a diario entre Retiro y Junín) o el Bahía.

Cabe preguntarse, ahora, si la respuesta de las autoridades estará a la altura de las circunstancias. Si Ferrobaires fue creada para impedir que los trenes desaparecieran, ahora es preciso que desaparezca para que siga habiendo trenes. Pero para eso hace falta que alguien ocupe su lugar. Y ese alguien no puede ser otro que Ferrocarriles Argentinos.

¿Estás de acuerdo con la suspensión de los servicios de Ferrobaires?

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