Un informe de la consultora abeceb.com reveló que el Subte es el medio de transporte cuyo volumen de pasajeros más creció en los últimos años. Lideran la tendencia las líneas B y D, mientras que la E y la H exhiben también fuertes aumentos en su tráfico.

 De acuerdo al mencionado informe, desde 2001 a la fecha la cantidad de pasajeros aumentó en 6 millones al mes.  Según el trabajo, las líneas B y D fueron las que mayor incremento registraron: la B superó este año la marca de 7 millones de pasajeros al mes, mientras que la D alcanzó los 6.765.000 pax/mes.  Tal como publicó el diario La Nación, en dichas trazas se realizan “238 mil y 226 mil viajes diarios respectivamente”, según los datos de abeceb.com, que advierte que sin embargo “se debe tener en cuenta que la afluencia en los días hábiles, sobretodo en el periodo marzo-diciembre, es superior al mencionado número”.

Otro dato alentador que surge del estudio es el fuerte incremento que registraron las líneas que circulan por el sur de la Ciudad (E y H).  Si bien en proporción siguen teniendo una participación menor que las líneas que van al oeste y al norte, los valores absolutos revelan que el tráfico de la H pasó de 364 mil viajes mensuales cuando circulaba entre Once y Caseros hasta los 747 mil que realiza en la actualidad.  Esta performance de la línea más joven se dio a partir de diciembre de 2010 cuando se inauguró la estación Corrientes, donde combina con la línea B.  Esto también ayudó a las líneas A y E a aumentar sus respectivos caudales, situación que Subterráneos de Buenos Aires espera se revierta cuando esté terminada la H y se hayan construido las líneas F y G para que funcionen como aliviadoras de las radiales.

En cuanto a la cantidad de pasajes vendidos, el estudio señala que “en agosto las boleterías registraron la venta de 28.479.000 pasajes, un 4% superiores a las observadas para el mismo mes del año 2010, marcando un récord en la serie histórica”.  Esta situación se contrapone a la que se experimenta en los ferrocarriles, donde la evasión alcanza niveles inéditos ante la falta de monedas -y el consecuente cierre de ventanillas ante la imposibilidad de dar cambio- y la falta de control de parte de las empresas concesionarias.

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