El 1 de diciembre de 1913 corrió el tren inaugural en la primera sección de la línea A, librada al servicio público al dia siguiente. Luego de ser líder durante décadas en la materia, Buenos Aires intenta recuperar el tiempo perdido en la extensión de la red.

El 1 de diciembre de 1913, el presidente Victorino de la Plaza inauguró el tramo Plaza de Mayo – Plaza Once de Septiembre (hoy Plaza Miserere) de la hoy Línea A.  Acompañado por el intendente municipal Joaquín de Anchorena y por el presidente de la Compañía de Tranvías Anglo-Argentina, Samuel Hale Pearson, el mandatario abordó el tren inaugural en Plaza de Mayo para asistir a un lunch en la estación Once.  Allí se pronunciaron elogiosos discursos, tras lo que se emprendió el regreso hacia Plaza de Mayo. 

Al día siguiente, el entonces conocido como “tranvía subterráneo” del Anglo fue librado al servicio público, transportando 200.000 pasajeros hasta pasada la 1 de la madrugada.  Comenzaban así 97 años de excelentes servicios del primer Subte de América Latina, el Hemisferio Sur y el mundo hispanoparlante.  Sus coches La Brugeoise, hoy el material rodante más antiguo del mundo en servicio comercial y parte del patrimonio histórico, cultural y turístico de la Ciudad de Buenos Aires, aún circulan sobre sus rieles como desde el primer día.


El coche La Brugeoise 18 encabezó el tren inaugural de la línea A.  (Compañía de Tranvías Anglo – Argentina; colección Aquilino González Podestá)

Sin embargo, la línea A no se quedó en plaza Once, a donde llegó tras 26 meses de obra.  El 1 de abril de 1914, se extendió hasta Rio de Janeiro, y el 14 de julio hasta Caballito -renombrada Primera Junta en 1923-.  Recién noventa y cuatro años después se inauguraron Puan y Carabobo y se espera que para octubre de 2011 estén en funcionamiento San José de Flores y San Pedrito. 

Tamaña demora revela el abandono que sufrió el Subte durante buena parte del siglo XX en beneficio de la falsa panacea del transporte automotor. Si para 1944 Buenos Aires ya contaba con cinco líneas operativas, y hubo que esperar hasta 1969 hasta que hubiera otro subte en Latinoamérica, hoy nuestra ciudad se encuentra inocultablemente rezagada respecto a sus vecinos.  A pesar de las dificultades económicas y políticas, en 1979 Subterráneos de Buenos Aires comenzó un proyecto de expansión de la red que no se detiene.  Así, en 1986 la línea E llegó al Bajo Flores, en 1997 a Belgrano llegó la D (para concluir en Congreso de Tucumán en 2000), en 2003 la B llegó a Parque Chas (y se espera llegue a Villa Urquiza en 2011). 

Mientras tanto, y en medio de la peor crisis de la historia argentina, Anibal Ibarra comenzaba en 2001 la construcción de la línea H que el 6 de diciembre estrenará su sexta estación: Corrientes.  Además, el Gobierno porteño trabaja en un acuerdo con China para construir la línea G, aunque dicha operatoria no está exenta de cuestionamientos.  Y en 2012 se espera que la postergada línea E llegue a Retiro, esta obra a cargo del Estado nacional al igual que la provisión de 279 coches chinos, contrato bajo la lupa de la Justicia por presuntas irregularidades.  De esta forma, con mucho esfuerzo y también una buena dosis de miserias políticas, el Subte se encamina a su Centenario con renovada vida.

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