La auditoria de los peritos de Barcelona, los reiterados pedidos de estatización de los metrodelegados y la tensión en el vínculo con el jefe de Gobierno porteño generan un escenario complicado para el Grupo Roggio, propietario de Metrovías, la empresa que opera los subterráneos. La alianza con el kirchnerismo en medio de la puja por la transferencia.

por lapoliticaonline.com

Cuando estalló el conflicto entre el Gobierno Nacional y el porteño por el control del servicio de los subterráneos de Buenos Aires, el Grupo Roggio -propietaria de Metrovías- pareció quedar entre dos fuegos. Pero su situación tampoco mejoró con la decisión de Mauricio Macri de avanzar finalmente con la transferencia a la Ciudad. Por el contrario, continúan las dudas sobre su permanencia.

El escenario empeoró en las últimas horas para el grupo empresario. El histórico pedido de los metrodelegados de rescindir el contrato de concesión sigue en pie. No es un pedido descabellado, si se tiene en cuenta que en las principales ciudades del mundo (Nueva York, París, Londres) el servicio también es manejado por el Estado.

Pero también las reiteradas denuncias de los metrodelegados, en relación al pésimo estado de las vías, vagones, señales y medidas de seguridad, quedaron avaladas por la auditoría que Macri encargó Transports Metropolitans de Barcelona.

Allí se conocieron las principales falencias de cada línea, algo que en rigor sólo vino a confirmar las críticas que los propios trabajadores del subte venían realizando desde hace años. Los péritos españoles aseguraron, por ejemplo, que la Línea A directamente no debería estar funcionando. O que en la Línea C la ubicación de las baterías bajo los asientos de los pasajeros presenta riesgo de explosión.

Deja, además, al Grupo Roggio en una situación incómodo frente a Macri. Es que cuando estalló el conflicto entre el jefe de Gobierno porteño y la Presidenta el traspaso de los subtes, el Grupo Roggio aplicó una estrategia de oscilación, de indefinición. No tomó partido por ninguna de las partes. Se limitó en un principio a pedir que se cumplan con los subsidios prometidos para poder garantizar el servicio.

Su postura indefinida generó malestar en los dos gobiernos. La Casa Rosada presionó fuerte a Roggio para generar una definición, y le habría aclarado también lo que podría generar un apoyo al macrismo: la pérdida del resto de los contratos con el Estado Nacional, como su lugar en las UGOFE del Sarmiento y el Mitres, tras la salida de los Cirigliano.

A partir de ese momento, las intervenciones de Roggio siempre fueron para desmentir las críticas de Macri. Cuando el jefe de Gobierno porteño intentaba argumentar su negativa a aceptar el traspaso en las serias falencias de seguridad, el grupo empresario salía a desmentirlo categóricamente.

El control del contrato queda ahora en manos de Macri, quien ayer ya avisó que serán muy exigentes con los trabajadores pero también con la concesionaria. Un mensaje directo para Roggio.

La respuesta no se hizo esperar: voceros de la compañía dejaron trascender por distintos medios que estaban muy felices de que se haya empezado a definir la transferencia, acaso como una forma de congraciarse con el jefe de Gobierno porteño.

Según pudo saber LPO, aunque no planea estrechar ninguna tipo de alianza, el macrismo en principio mantendría a Metrovía al frente de los subterráneos por evitar complicaciones operativas en el inicio de esta nueva etapa. Pero seguirá de cerca lo pasos de los empresarios.

Su relación con la Casa Rosada tampoco atraviesa su mejor momento: el Ministerio de Interior y Transporte tiene lista una resolución que amplía la capacidad de control y gestión del Estado sobre los dos concesionarios de trenes que siguen en pie: Ferrovías y Metrovías, que tiene bajo su órbita a los trenes Belgrano Norte y Urquiza.

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