Por cada tarjeta, el Estado paga U$S 1,38, el doble que en Chile. Argumentan que el sistema SUBE es superior.

A las demoras en su implementación, su llegada forzada a la calle a poco de las elecciones y los aumentos respecto a su presupuesto original, se suma ahora una nueva irregularidad en el Sistema Único de Boleto Electrónico (SUBE).  Según una investigación del diario La Nación, el Estado pagó U$S 1,38 más IVA por cada una de las 50.000 tarjetas que se entregaron a los usuarios nueve dias antes de las elecciones, 100% más que lo que pagó el Estado chileno por una menor cantidad de unidades idénticas para el Transantiago.  Además, el precio de las tarjetas SUBE es un 51% superior a lo que habitualmente paga Metronec, subsidiaria de Metrovías, para el sistema Monedero.

Según el informe publicado por La Nación, “G&D ganó la licitación ofreciendo el precio más barato entre las oferentes, que fue de 1,38 dólares por cada tarjeta. La misma empresa, por ejemplo, vendió el 7 de julio pasado 100.000 tarjetas a Metronec (subsidiaria de Metrovías) a US$ 0,91. Unos días después, el Sistema de Transporte Metropolitano que comienza en Montevideo también compró 130.000 tarjetas, y pagó 0,70 cada una, y el Administrador Financiero Transantiago, en diciembre de 2008, hizo lo propio con 500.000 tarjetas, por las que convalidó un valor de US$ 0,69, la mitad de lo que pagará el Gobierno por el SUBE. En Bahía Blanca, por una licitación de 60.000 tarjetas se pagó menos, y Siemens, que compra tarjetas a G&D para alguno de los servicios que presta, adquirió 800.000 en el año y pagó entre 0,74 y 0,86 dólares por cada una.”

Las licitaciones para la compra de insumos para el SUBE, al igual que su administración, están a cargo de Nación Servicios, una empresa propiedad del Banco Nación y dirigida por Ángel de Dios, santacruceño cercano al Ministro de Planificación, Julio De Vido.  El poder de Nación Servicios molestó al ex secretario de Transporte Ricardo Jaime, que no pudo influenciar sus actividades.  El actual secretario, Juan Pablo Schiavi, tampoco.  G&D, la proveedora de las tarjetas, es una empresa alemana líder en el mundo en este tipo de soluciones.

Defensa

Los argumentos esgrimidos por Nación Servicios para justificar estos precios fueron varios: logística, la necesidad de poseer un chip y una banda magnética, la gráfica y las cantidades.  “¿Por qué se convalidó un precio 25 por ciento más caro?”, preguntó La Nación a un ejecutivo que quiso mantener su identidad en reserva. “Puede que hayamos pagado el precio de ser los primeros en realizar una compra tan grande y de tener que desarrollar un mercado que es incipiente”, contestó el directivo.  Cuando el matutino le preguntó por el precio que había pagado Trasantiago, el ejecutivo respondió: “No puede comparar. Esa tarjeta no tiene nada; está pelada. Es como si fuera a comprar un auto. Nosotros elegimos un Mercedes. Literalmente, compramos un Mercedes-Benz”, dijo. Entre otras cosas, mencionó la banda magnética como una de las grandes innovaciones de la tarjeta SUBE. La Nación le recordó, y le mostró, que la tarjeta Monedero, de Metrovías, también tiene banda magnética y que la proveedora es la misma G&D. Otro funcionario tomó la tarjeta y la comparó con la del SUBE. “No va a comparar estas dos cosas. Si hasta al tacto tiene diferencia de calidad. La del SUBE es superior”, fue la conclusión.

Desde G&D dijeron que la tarjeta tiene un valor similar al chileno, pero que en Argentina salió más cara porque posee adicionales y porque tributan un impuesto de 16% en Aduana.  Entre los adicionales que menciona, se cuentan la banda magnética y un chip, el embalaje necesario para su transporte, un adhesivo con un código de barras y los formularios impresos para el registro de los usuarios.  Nación Servicios había presupuestado U$S 6,5 millones para las tarjetas, pero se terminaron gastando 400.000 dólares más. 

A estos costos adicionales se sumará un nuevo contratiempo. Al carecer de una única base de datos de usuarios, la mitad de los usuarios que ya tiene el SUBE poseen varias tarjetas a su nombre.  Una vez que el sistema esté completamente operativo esas tarjetas deberán reimprimirse, generándole un costo adicional al Estado.

Comentarios