En dos estaciones de la línea que recorre la zona norte de la ciudad, los murales de 70 años de antigüedad han sido dañados. Luego del paso de varios meses, los azulejos faltantes aún no fueron repuestos.

Las líneas C, D y E que opera la empresa Metrovías desde 1995, luego de haber sido administradas por el Estado desde fines de la década del 30, fueron construidas y usufructuadas inicialmente por una empresa española, la CHADOPyF (Compañía Hispano Argetina de Obras Públicas y Finanzas). Con sus inauguraciones, agregaron al subte un elemento que hasta ese entonces los porteños no habían tenido la suerte de contemplar: murales adornando los andenes y vestíbulos. Según dicen, este “detalle” decorativo fue impulsado por el entonces presidente de la empresa, Rafael Benjumea y Burín, conde de Guadalhorce.

Con el paso de los años, y ya en manos estatales, las estaciones del subte irían recibiendo paulatinamente más y más murales de diversos estilos y autores, dejando una mezcla heterogénea. Sin embargo, los murales originales de las tres líneas españolas llevan una línea argumental, un tema común: en el caso de la línea D, paisajes de la Argentina y sus cambios en los 100 años entre la época de la colonia y los inicios del siglo XX.

Es de por sí lamentable que estos históricos murales, catalogados en la mayoría de los casos como Monumento Histórico Nacional, sean dañados, pintados, escritos, o cubiertos con calcomanías o graffiti por los usuarios. Pero aún peor resulta que desaparezcan azulejos que los componen, y este último es el caso de dos estaciones de la línea D.

Scalabrini Ortiz, estación de poco uso en comparación con sus contiguas Bulnes y Plaza Italia, tiene en su andén destino a Congreso de Tucumán un mural titulado Evocaciones de Salta, de Rodolfo Franco, que muestra paisajes y personajes de dicha provincia. Al menos una docena de azulejos que lo componen se desprendieron y desaparecieron.


El mural destrozado en el vestíbulo de Palermo.

Palermo, estación de importancia por su conexión con el Ferrocarril San Martín y frecuente escenario en el pasado de importantes inundaciones causadas por el entubado arroyo Maldonado, tiene por su parte en su vestíbulo un mural español diseñado en 1934 por Rafael Cuenca Muñoz, titulado La espera y ambientado en un balcón de Almería. Este caso es peor aún que el de Scalabrini, porque no solo desaparecieron más azulejos que en aquella sino que además la obra es más pequeña, haciendo más notoria la ausencia. Se perdieron la firma del autor y fecha de realización en el margen inferior izquierdo.

A lo largo de más de medio siglo, en numerosas oportunidades la empresa gerenciadora -ya sea Subterráneos o Metrovías- se tomó el trabajo de contratar restauradores y artesanos para reponer piezas faltantes de murales o guardas de las estaciones de la CHADOPyF. Cabe esperar que esta oportunidad no sea una excepción y se confeccionen imitaciones que rellenen los huecos. Mejor aún sería que reaparecieran o se conociere el paradero de los originales.

Comentarios