Capano: “SBASE desconoce la ley y todo principio de preservación patrimonial”

La licenciada Mónica Capano, de la Comisión Nacional de Monumentos, Lugares y Bienes Históricos, analiza las intervenciones artísticas encaradas por la Ciudad en los últimos meses. Afirma que las mismas violan la ley y que no fueron consultadas con la Comisión.
Mónica Capano es Licenciada en Letras. Ex secretaria de la Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural porteño (2010 - 2012). Actualmente se desempeña en la Comisión Nacional de Monumentos, Lugares y Bienes Históricos (CNMLyBH).

Lamentablemente, una lógica de mercado mal entendida en una urbe que pretende instalarse como un destino de turismo cultural a nivel mundial, ha colocado al gobierno del PRO en las antípodas de lo que hoy establece la normativa internacional respecto de la cuestión patrimonial, cuya agenda se ha ampliado notoriamente, dando paso a temas impensados hace cincuenta años. Entre estos nuevos tópicos, los medios de transporte han conquistado un lugar de relevancia, abarcando la consideración de una multiplicidad de objetos tales como coches, estaciones, torres de agua y señales, vías, boleterías y boletos, y lo que quizás es más importante, las vivencias de los distintos actores sociales en torno al uso cotidiano de estos bienes, que todas las directrices recomiendan no encerrar en un museo.

Buenos Aires fue la primera capital de la región en contar con un transporte subterráneo. La primera línea se inauguró en 1913. Fueron los tiempos de los maravillosos La Brugeoise, a los que no se les permitió cumplir sus cien años de servicio rodando y fueron retirados en medio de temerarias propuestas para convertirse en activo combustible para “un asado”, al decir de Horacio Rodríguez Larreta. Las brujas fueron arrumbadas sin control ni cuidados a la intemperie, a merced del sol, las lluvias y los vientos. De no mediar un amparo judicial, hoy vivirían el destino anticipado por el jefe de gobierno electo.

Este preocupante panorama se ha potenciado en el último tiempo, dando lugar a un nuevo capítulo que muestra la inoperancia, ignorancia, y necedad de los funcionarios que el GCBA ha colocado en la administración de SBASE. La novedad es la intervención, también “cosmética” y no de fondo que se viene observando en las estaciones de las distintas líneas que se han visto invadidas por todo tipo de objetos publicitarios o de un pseudo mobiliario de banquetas multicolores de muy baja calidad. Respecto de la publicidad, cualquier pasajero con ojos entrenados puede dar cuenta del avance, ya epidémico, de enormes portantes de gigantografías que, en algunos casos, como en la estación Diagonal Norte, donde quitan valiosos centímetros de un andén por el que circula a diario una multitud, lo que vuelve sumamente peligroso la espera del subte en hora pico.

La polución visual que ha asaltado al Subte, más allá de ser un pingüe negocio, no parece tener ningún justificativo, toda vez que imposibilita ver los únicos carteles que deberían estar en los andenes indicando todo aquello que resulte necesario para optimizar el viaje.

Valga recordar que la CNMLyBH, en virtud del decreto 437/97 tutela una serie de estaciones declaradas monumentos históricos nacionales. Sin cumplir con la ley que establece que la CNMLyBH debe ser consultada antes de iniciar cualquier obra que afecte un monumento histórico nacional, SBASE ha puesto en marcha un programa que merece constantes reclamos y presentaciones vecinales ante la citada comisión: desde destruir carteles hasta tapar con pintura negra los azulejos que la compañía Lacroze instalara en 1930, una verdadera joya patrimonial, parecida a la que los neoyorquinos exaltan en su subterráneo. Esas piezas han sido tapadas o destruidas.

Sin cumplir con la ley, que establece que la CNMLyBH debe ser consultada antes de iniciar cualquier obra que afecte un monumento histórico nacional, SBASE ha puesto en marcha un programa que merece constantes reclamos y presentaciones vecinales ante la comisión.

Ante la reacción de algunas notas periodísticas, SBASE debió salir a decir que las pinturas utilizadas son lavables, algo parecido a la reversibilidad con que el área de Espacios Verdes caracteriza a la pintura negra con la que se recubren las estatuas ubicadas al aire libre. No resulta muy adecuado defender una política pública que debe ser atendida por el erario de la Ciudad planteando su reversibilidad. Prueba de que todas las intervenciones pueden definirse como “cosméticas” –nos resulta imposible hablar de estéticas dado el cuestionable criterio que las guía– es que las estaciones para SBASE son “nuevas y coloridas” aunque con las mismas filtraciones, rajaduras en paredes y techos, pisos con faltantes, etc., con el agravante de ocultar, cuando no destruir, un patrimonio que hoy es irremplazable.

Estación Carlos Pellegrini

Estación Carlos Pellegrini

La línea B fue intervenida por distintos artistas locales que no respetaron el contexto del subterráneo –que esencialmente es un medio de transporte- en el que debían hacer dialogar sus obras, en lugar de hacer volar su fantasía como si estuvieran pintando murales a cielo abierto. El resultado fue una señalética apenas visible en la maraña de líneas y colores y la constante superposición de mensajes.

En la ciudad de Buenos Aires, debemos lamentar que este afán “decorativo” tuvo un efecto dominó y la transformación “cosmética” se derramó hasta las estaciones declaradas Monumento Histórico Nacional. Tal el caso de Bulnes, en la que se intervino la estación bajo la inspiración de tramas textiles, de manera más que similar a lo realizado en la estación Pueyrredón donde se dibujó una “trama colorida” inspirada “en los negocios textiles del barrio de Once”.

De esta forma, la estación Bulnes ha perdido el carácter que la hiciera merecedora de la más alta categoría nacional de activación patrimonial. Los esténciles opacan las mayólicas y azulejos originales, haciendo prevalecer el hecho de su cercanía con el shopping Alto Palermo por sobre cualquier otro valor.

Podemos establecer que un hilo conductor en estas intervenciones inconsultas y reñidas con toda razonabilidad patrimonial es el mostrar casi una compulsión a decorar todo espacio vacío. En un verdadero alarde del horror vacui que supo en épocas pretéritas tener mejores resultados, se han recubierto las increíbles mayólicas de colores y las guardas que permitían observar la calidad de los materiales con los que en otro tiempo se había ornado el Subte.

El plexo normativo nacional que declara patrimonio nacional a coches y estaciones del subterráneo porteño faculta a la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos –con más especificidad a partir de la modificación de la ley 12.665, recientemente sancionada- a ejercer la salvaguarda de estos bienes, al tiempo que establece como obligatoria la consulta previa a cualquier intervención, lo que el GCBA ha venido sistemáticamente burlando, caso de la Plaza Rodríguez Peña, la de Los Maestros, y el Parque Lezama.

Volviendo al caso del subterráneo, en forma constante llegan denuncias a esta Comisión, lo que nos ha llevado a verificar in situ el estado lamentable de las estaciones, y las intrusiones no acordadas conforme a derecho. De allí los múltiples intentos que se vienen haciendo desde la Comisión para que se revea esta situación, que parte fundamentalmente de ignorar que las estaciones del subterráneo porteño fueron diseñadas respetando criterios arquitectónicos rigurosos que les imprimieron un carácter definido.

Como bien señala en su presentación ante la CNMLyBH la Fundación Ciudad, la línea A responde estéticamente a la arquitectura neobiedermeier alemana propia de los principios del siglo XX, mientras que las otras líneas fueron diseñadas según la estética de la Bauhaus, caracterizada por “formas simples de hormigón armado que complementan con revestimientos de inspiración neocolonial presentes en solados, azulejos decorativos y murales artísticos”.

Haciendo alarde de un total desconocimiento de estos hitos de la historia de la arquitectura y los fundamentos que han llevado a declarar las distintas estaciones como monumentos históricos nacionales, SBASE publicita que, al igual que en la línea B, distintos artistas –sin que se haya realizado una selección pública– están interviniendo las estaciones de la línea D, para otorgarles “una identidad renovada y moderna”, lo que da muestra del desconocimiento cabal de las leyes y de todo principio de preservación patrimonial.

Al convocar artistas, elegidos sin mediar un concurso público de proyectos y/o el aval de especialistas en patrimonio, se ha dejado librado a la creatividad de cada uno la mejor manera de intervenir un espacio al que no han tenido en cuenta contexto y uso.

Como resultado de estas inconsultas “puestas en valor”, la CNMLyBH en cumplimiento de la Ley 12.665, y de los decretos Nº 437/97 y 1063/82, que hace extensiva la tutela de la Comisión a las estaciones con más de 50 años de antigüedad, se han realizado, hasta ahora inconducentes gestiones ante las autoridades de SBASE. Lo único que se ha remitido a esta Comisión es una reseña general de acciones lo que motivó el envío de una carta documento dirigida a Juan Pablo Piccardo intimándolo a suspender la totalidad de los “trabajos en cualquiera de las líneas bajo apercibimiento de recurrir a la justicia”, lo que obviamente no ha ocurrido: las intervenciones en las estaciones Catedral, Nueve de Julio, Tribunales, Facultad de Medicina, Agüero, Bulnes, Scalabrini Ortiz, Plaza Italia y Palermo muestran un panorama desolador: desaparición de azulejos y guardas tapadas con pintura blanca, rotura de todo el revestimiento histórico de la salida de la estación Pueyrredón sobre Santa Fe, hoy remodelada para articular con la construcción de la línea H, uso de cemento pintado de esmalte de colores para remedar azulejos o su reemplazo por material de ínfima calidad.

Lo único que se ha remitido a esta Comisión es una reseña general de acciones lo que motivó el envío de una carta documento dirigida a Juan Pablo Piccardo intimándolo a suspender la totalidad de los “trabajos en cualquiera de las líneas bajo apercibimiento de recurrir a la justicia”.

Al convocar artistas, elegidos sin mediar un concurso público de proyectos y/o el aval de especialistas en patrimonio, se ha dejado librado a la creatividad de cada uno la mejor manera de intervenir un espacio al que no han tenido en cuenta contexto y uso, de modo que se han borrado las improntas con las que fueron concebidas las estaciones tradicionales. Paredes y techos plagados de dibujos y colores no sólo no respetan el estilo original sino que ni siquiera entablan un mínimo diálogo con lo preexistente.

Es lo que puede observarse en Facultad de Medicina, donde un entramado de líneas negras sobre fondo blanco empastan la lectura de las mayólicas originales que, antes, mostraban un relato que hoy resulta inabordable en medio de las múltiples fugas a que conducen los dibujos. No se considera que hay sectores que fueron concebidos como vacíos, cuya función era la de contrastar con los llenos, sin embargo, hoy gigantografías de vinílico de baja calidad llenan esos espacios mostrando bajo tierra lo que ocurre fuera del subte y que, con sólo salir, es visible al natural –Palacio de Aguas Corrientes, Escuela Normal Superior Nº1–. A lo que se suma que los enormes portantes con todo tipo de publicidad y las numerosas cartelerías que se multiplican han sido adosadas a los revestimientos originales agujereándolos y tapándolos sin miramientos.

Dadas las graves consecuencias que acarrea este no actuar conforme a derecho, la Comisión está intentando extremar las posibilidades que, en la arena patrimonial, plantea el diálogo de los distintos actores involucrados, paso previo a recurrir a las vías legales que habilita la ley 12.665.

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