Aire acondicionado: una idea atendible, mal implementada

La orden de Mauricio Macri fue inaugurar trenes con aire acondicionado en la línea B antes de las elecciones de 2015. La motivación electoral no quita la validez de la iniciativa. El problema es que en lugar de realizar las obras de ventilación necesarias y comprar coches acordes, Juan Pablo Piccardo trajo de España trenes incompatibles que obligan a interrumpir el servicio y saldrán tan caros como trenes nuevos.

La motivación del GCBA para realizar las modificaciones anunciadas en la línea B se desprende con claridad de la comunicación oficial: no se afirma que después del cierre mejorará el servicio con mejores frecuencias, sino que los trenes tendrán aire acondicionado. En rigor no todos, puesto que la flota adquirida es insuficiente y varios de los coches actuales seguirán funcionando. Pero habrá trenes con aire acondicionado, es cierto. Así Juan Pablo Piccardo satisface el pedido de su jefe político.

La objeción de expertos y trabajadores no apunta al recambio de la flota ni a la incorporación de aire acondicionado. Es prácticamente obvio que cualquier incorporación de trenes de menor antigüedad llevaría consigo el aire acondicionado, comodidad que se ha generalizado en los metros del mundo en los últimos veinticinco años. Lo que merece crítica es que, en ausencia de un plan estratégico, una decisión táctica del Jefe de Gobierno -aire acondicionado en la línea más usada para 2015, sea esa o no la prioridad técnica de la red- es implementada de la peor forma posible a nivel operativo.

En lugar de licitar la compra de trenes nuevos compatibles con las características de la línea B, entre las que se cuenta el contar con un ancho que permite la circulación de coches con mayor capacidad que otras líneas, la SBASE de Piccardo compró a Metro de Madrid una cantidad insuficiente de trenes con 15 años de uso considerablemente más angostos, diseñados para una de las líneas con más baja demanda de Madrid. Las unidades CAF 6000 adquiridas no pueden funcionar en el Subte sin una serie de costosas adaptaciones en la infraestructura. En lugar de ensanchar las líneas para ganar capacidad como han hecho varios metros, el de Madrid entre ellos, SBASE decidió “achicar” la capacidad de la B para colocar los coches usados. Esto implica que los CAF 6000, para transportar menos pasajeros, saldrán tanto o más caros que lo que hubiera salido comprar trenes nuevos.

Pero, claro, ¡tienen aire acondicionado! Resta ver si la reacción de los pasajeros-votantes será la esperada por Mauricio Macri al encomendar la idea a Juan Pablo Piccardo. Al cierre parcial del servicio durante diez meses debe sumarse que, una vez que terminen los trabajos, la línea B podrá en el mejor de los escenarios transportar tantos pasajeros como en la actualidad. La mayoría de los coches CAF 6000 tiene una disposición de asientos enfrentada en contraposición a los actuales Mitsubishi, de disposición lateral. En una línea de tan alta demanda como es la B, es de esperar que el aire acondicionado poco pueda mejorar la experiencia del usuario si es el único beneficio entre tantos inconvenientes.

No son pocas las voces que al interior del Gobierno de la Ciudad reaccionaron incómodas tras difundirse los primeros cuestionamientos a la obra encarada por Piccardo. Desde el PRO se pensaba la adquisición de “nuevos trenes con aire acondicionado” como un imán para la opinión pública. Tan mala fue la puesta en práctica, desde las idas y vueltas con el horario de cierre de la línea hasta la revelación de que por montos similares podrían haberse comprado trenes a medida y realmente nuevos, que buena parte de la repercusión lograda fue negativa.

¿Es mala idea incorporar aire acondicionado? No. Pero tampoco es lo que se está discutiendo.

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