A 34 años, ¿aún hay combustible en Independencia?

En 1979, un operario del Subte resultó herido gracias a una explosión en la estación Independencia de la línea E. Tras detectarse que la causa había sido una filtración de hidrocarburos de la estación de servicio Shell de Independencia y Lima, hubo que esperar 28 años para que la Justicia actuara.

En 1979, una explosión hirió a un trabajador del subterráneo en la estación Independencia de la línea E.  Tras aquel luctuoso episodio, las pericias realizadas en el lugar revelaron la existencia de una considerable filtración de hidrocarburos que impregnaba los suelos que rodean el nodo combinatorio Independencia entre los 14 y 20 metros de profundidad.  Los combustibles llegaron allí gracias a una rotura en los tanques de la estación de servicio que la petrolera Shell posee en la esquina de Lima e Independencia. Para evitar una catástrofe de proporciones, las autoridades de aquel entonces instalaron una bomba extractora para retirar las naftas y los peligrosos vapores que emanan a la superficie.

Además, procedieron a cerrar el pasaje de combinación que había debajo de las vías de la línea E y que llevaba directamente a los andenes de la línea C: este pasillo se había construído en 1966 junto con la estación de la E y permitía el tránsito entre las dos líneas sin tener que subir al entrepiso del nodo, que quedaba únicamente para aquellos que accedían o salían de la red en ese punto.  A 32 años de que se detectara el primer indicio de contaminación, dicho pasaje permanece clausurado y ni siquiera fue incluído en la concesión.  La escalera de acceso ubicada en uno de los extremos del andén de Independencia E fue encerrada entre cuatro paredes hace pocos años por Metrovías, mientras que del lado de la C se colocaron portones por los que se puede sentir el fuerte olor de la nafta que filtró por las paredes del pasadizo.  Como si eso no fuese suficientemente riesgoso, vale destacar que el pasillo aún cuenta con suministro eléctrico ya que ocasionalmente pueden verse luces encendidas allí.

La causa judicial

Tras años de idas y vueltas entre SBASE y Shell, la empresa estatal presentó su caso ante la Justicia en 1991.  En 1999, la Justicia civil ordenó a Shell que procediera a reparar los daños mediante el procedimiento de “reemplazo de tierras”.  Sin embargo, esto fue apelado en 2004 por el Gobierno de la Ciudad, que argumentó que eso hubiera significado cavar un pozo de por lo menos 100 metros de largo por 60 de ancho y 20 de profundidad, en las avenidas 9 de Julio e Independencia. Según los cálculos del GCBA, ese pozo habría estado en el lugar por al menos dos años con gravosas consecuencias sobre el tránsito, la salubridad pública al exponer los contaminantes al aire libre y además hubiese implicado interrumpir las líneas C y E en esa zona mientras se realizaran los trabajos.

Según quedó demostrado en el expediente, había que remover y reemplazar 260.000 metros cúbicos de tierra. A 10 metros cúbicos de capacidad por camión, se tendrían que haber movido por el centro porteño 26.000 camiones para llevarse la tierra contaminada y otros 26.000 camiones para traer la tierra nueva.  Finalmente, el fallo dictado por la Sala H de la Cámara de Apelaciones en los Civil —con la firma de los jueces Claudio Kiper y Jorge Mayo— ordena realizar el trabajo por el sistema de extracción de vapores del suelo. De acuerdo a lo expresado por Shell, se excavaron un total de 30 pozos de remediación por bombeo, ocho pozos de remediación por extracción de vapores, 15 pozos parcialmente perforados para la inyección opcional de aire a presión y más de 50 pozos de monitoreo. Todos ellos, sumados a las instalaciones complementarias para su funcionamiento se encuentran operativas al día de la fecha.

El abogado de SBASE, Aníbal Falbo, explicó que “la puesta en marcha de las máquinas que realizarán el saneamiento, que está a cargo de la consultora ambiental AES DISAB y es auditado por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) concluiría aproximadamente en 7 años”. Cuando el sistema de bombas termine de succionar los vapores de hidrocarburos y el agua contaminada, el INTI deberá proponer el mejor método para deshacerse del remanente que quedará en el suelo y en las napas.

El destino de las aguas contaminadas

El gran interrogante que genera este proceso, y que a la fecha no encuentra una respuesta definitiva, es el destino que se le dará al agua contaminada que se saque de la zona.  En 2009, Shell propuso que el agua una vez extraída y tratada fuera eliminada a través de la red cloacal que opera AySA (Aguas y Saneamientos Argentinos S.A), en virtud de que la estación de servicio de Lima e Independencia “cuenta con un permiso de vuelco”. No obstante, la empresa estatal se opuso a esta alternativa en reiteradas oportunidades.

La petrolera propuso, entonces, que el agua extraída fuese almacenada provisoriamente en la estación y luego trasladada mediante camiones a la refinería de Shell ubicada en el Polo Petroquímico de Dock Sud.  Según manifestó la compañía, allí el agua podría ser volcada ya que las instalaciones localizadas en Avellaneda contarían con los permisos necesarios para hacerlo. La propuesta, al momento, está siendo evaluada por las autoridades.

El agua bombeada será tratada in-situ. Este proceso permitirá separar dos clases de líquidos. La primera de ellos consta de los compuestos contaminantes que han sido separados del agua: estos serán enviados a plantas de tratamiento preparadas a tales fines. El segundo tipo corresponde al agua obtenida de la remediación ambiental, que no es considerada como un residuo peligroso o especial, sino como un efluente líquido, en virtud de las disposiciones de la Autoridad de la Cuenca Matanza-Riachuelo (ACUMAR), informó la compañía.

Shell detalla información sobre la estación Independencia

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